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Opinión / A mí no me líe

Iván Ferreiro y Coque Malla, discos del año

Por Javier Ancín 28 diciembre, 2016 - 8:30

Si quitamos los dos discos que son obra directa de Dios, los últimos de Cohen y Bowie, los que más me han gustado entre los mortales, sin hacer mucha memoria, que con estas cosas de los preferidos es mejor decir este y el otro, a bocajarro, pimpán, han sido el de Coque Malla, "El último hombre en la tierra" y el de Iván Ferreiro, "Casa".

Concierto de Coque Malla en el Zentral. PABLO LASAOSA 02
Un momento de la actuación de Coque Malla en Pamplona el pasado mes de octubre. PABLO LASAOSA

A Coque Malla lo vi este verano casi sin querer. Por curro estaba en Haro y tras cenar unos pinchos me di una vuelta, sin más, hasta que llegué a una plaza, me senté en una terraza frente al kiosco y cuando le pegué el primer sorbo a mi Coca-Cola zero (soy un provocador, estar en Haro y pedir Coca-Cola y encima zero; como cuando viví en Madrid y llevaba un CD en el coche con el himno del Barça para ponerlo a toda pastilla en los pasos de cebra, igual) se encendieron las luces y empezó la música.

No recuerdo un sonido tan nítido y equilibrado en un concierto así, pequeñito, de pueblo, jamás. Me quedé atrapado como cuando abres un libro que coges al azar y no puedes soltarlo hasta que se acaba, casi dos horas después.

Tal fue el impacto que busqué el disco en el Spotify del móvil para volver tranquilamente al hotel, como si no hubiera tenido suficiente con lo que había disfrutado hace unos minutos. Juraría que sonaba hasta peor que en directo. Coque y su gente son unos grandes músicos, de esos que ya están de vuelta de todo, que han tenido mucho éxito y ahora se refugian en pequeños formatos, en furgonetas y plazas de pueblo solo por el placer del tocar, sin más pretensiones que tocar, disfrutar tocando, vivir sin más preocupación. Poco más o menos algo así le pasa también a Iván Ferreiro. Es a lo único que aspiro yo, sin el éxito precedente, claro, que ése no voy a tenerlo nunca, ni ganas, estar retirado en mi blog entre mis fotos y mis párrafos y mi puñado de adorados lectores.

A Iván Ferreiro lo tengo más estudiado, desde hace muchos años, éste ha vivido conmigo de todo: ira y fuego, sosiego y descanso, tormentas de verano y días de calma invernal, desde aquellos primeros bares, los de los putos vasos de tubo, donde sonaban Los Piratas. "Promesas que no valen nada" o "Años 80" son tan parte de mi biografía musical que aún hoy, tengo que escucharlos después de "¿Qué puedo hacer?" de otro de mis grupos preferidos "Los Planetas" porque así estaban distribuidas esas canciones en una cinta PDM que tenía grabada para el walkman, con auriculares de diadema metálica y esponjilla negra. A lo que iba, el último disco es otro discazo que me lo he metido en vena, con todos los cristales rotos con los que está hecho, sin anestesia. Sublime. Sublime en el dolor. Sublime en ponerle música a letras que son espirales que la mayoría conocemos tan bien.

A Iván Ferreiro recuerdo haberlo visto en no sé si en la sala Tótem o Artsaia. Otro conciertazo para mi colección. ¿Artsaia sigue existiendo? Allí sí que recuerdo que vi a Los Planetas por primera vez. Verlos, que con Jota oírlos es complicado, pero me da igual, pese a todo, y me pesa todo, son los mejores. ¿Dónde ponían más a Los Planetas, en el Donegal o en el Cavas? ¿En qué baños ponían más “Cumpleaños total”? Alguien tendría que escribir sobre estas cosas de la historia de Pamplona y dejarse de chorradas para que pudiéramos consultarlas gente como yo.

Bueno, pues viene Iván Ferreiro a Pamplona en enero y ya tengo entrada. Bien, joder, bien. Muy bien. Al año que viene solo le pido que nos traigan a Sidonie y un fin de semana para probar la moto que me ha dicho un amigo que me deja por las calles de Madrid, que no lo he hecho nunca y tengo ganas, ya no hay miedo a nada, subiendo por Gran Vía desde Alcalá a toda hostia entre los coches. También le pido alguna cosa más pero no pienso escribir de ella ni a los Reyes Magos, por cotillas, ni mucho menos al Olentzero, que seguro que lo casca todo al "partido", haciéndolo público, y me jode mi nueva ilusión clandestina. Y eso es todo.


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