Opinión / A mí no me líe

Las falsas derrotas del nacionalismo vasco

Por Javier Ancín 21 febrero, 2020 - 8:39

Yo llevo preguntando desde hace años qué es lo que determina lo vasco, por ejemplo, qué es exclusivo de ellos, diferenciador, que es lo identitario, sin encontrar muchas respuestas.

La socialista María Chivite toma posesión del cargo de presidenta del Gobierno de Navarra en un acto al que asisten las principales autoridades navarras, los ministros de Fomento y Agricultura, José Luis Ábalos y Luis Planas, y el lehendakari Íñigo Urkullu. Miguel Osés
La socialista María Chivite toma posesión del cargo de presidenta del Gobierno de Navarra en un acto al que asisten las principales autoridades navarras, los ministros de Fomento y Agricultura, José Luis Ábalos y Luis Planas, y el lehendakari Íñigo Urkullu. Miguel Osés

El otro día los nacionalistas pusieron el grito en el cielo porque Díaz Ayuso les llamó paletos por inflar artificialmente eso que llaman "identidad". El nacionalismo siempre grita mucho y se enfada mucho cuando les tocan eso de la identidad, aunque en realidad nunca sabemos muy bien qué es.

A mí me ha interesado siempre eso de la identidad nacionalista porque es la base de las desigualdades, buscando el privilegio de unos ciudadanos sobre otros, que padecemos hoy como sociedad.

Yo llevo preguntando desde hace años qué es lo que determina lo vasco, por ejemplo, qué es exclusivo de ellos, diferenciador, que es lo identitario, sin encontrar muchas respuestas. Si es el idioma, el idioma mayoritario que se usa en Euskadi, tres cuartas partes, es el español, así que eso no puede ser lo identitario nacionalista vasco porque el euskera es un idioma que solo lo usa de forma habitual una persona de cada cuatro. Si es por identidad, el euskera sería la anomalía identitaria, aunque te cuenten que la culpa es de Franco, que desde la tumba, les ha impedido en este último medio siglo de gobiernos nacionalistas aprenderlo y usarlo más.

La historia tampoco es. Estos regímenes tribales, en realidad, nunca conectan con la historia, con la que tienen una relación extraña. El nacionalismo vasco, no tiene héroes históricos, por ejemplo. Los Blases de Lezo, los Elcano, los Legazpi... los Unamunos son españolazos ajenos a su identidad nacionalista vasca. Son tratados como marcianos incómodos que no tenían relación con lo que les rodeaba. Quistes aislados dentro de su identidad. ¿De qué historia hablan entonces, de dónde proceden?

Mi conclusión es que intentan conectar con una prehistoria y una protohistoria anónima, con escasas fuentes y por lo tanto moldeada a su gusto, inventada, cavernaria, trogloditas con pieles, una sociedad perfecta por falsa, idílica que ni ellos saben definir, en la que fundan su identidad.

Cuando voy a ponerme hasta el culo de marisco y cocochas a Casa Cámara, en Pasajes de San Juan, suelo pasar por delante de un mural que tienen pintado donde ellos se ven a sí mismos como una caricatura de la aldea gala de Asterix y Obelix. Sus referentes históricos son un cómic que a su vez es una caricatura de la historia francesa.

El nacionalismo vasco es una ideología depresiva, necesita la melancolía del falso agravio -España les ha puteado desde que les hizo perder su condición de tribu hace dos mil años hasta el nacimiento de Sabino Arana que vino a remediarlo, como un Mesías-, para seguir viviendo como siempre han vivido, es decir, como Dios cabalgando un privilegio eterno sobre sus vecinos. Necesitan la tristeza de la pérdida de un paraíso inventado para cohesionar la tribu y seguir hacia adelante con la monserga que los engorda.

Por eso a sus grandes héroes, que los tienen a puñados, -vascos que realizaron gestas de flipar-, los suprimen de su imaginario. Prefieren la tristeza, necesitan la tristeza fundada en la invención en vez del orgullo alegre, luminoso, de las personas reales que triunfaron, que los engrandecieron como sociedad porque de ellos salieron.

Si hay algo profundamente ligado a la historia moderna de España es la aportación de vascos. Los hay por todos los lados. Hay empresas vascas por todas partes. En cualquier episodio de los últimos 600 años de la historia de España aparecen vascos. Sin la aportación vasca, la historia de España no se entiende. Pues bien... durante cien años a lo que se ha dedicado el nacionalismo vasco -en los últimos 50 de forma frenética-, es a borrar su propia historia. Borrar la historia para sustituirla por nebulosa identitaria.

Es como si un equipo de fútbol borrara sus victorias y las quisiera convertir en falsas derrotas. Quitar copas de Europa del palmarés, ocultarlas, para llenar las vitrinas de falsos penaltis pitados en contra o expulsiones que nunca sucedieron que les hicieron perder finales que en realidad ganaron.

Es todo demencial, ya... pero es que el nacionalismo vasco es demencial. Siempre he dicho que el nacionalismo vasco más que por los historiadores tendría que ser estudiado, en primer lugar, por los psiquiatras. Acabaríamos antes, entenderíamos más. Y eso es todo.


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