Opinión / A mí no me líe

La omertá italiana de la mafia a la vasca

Por Javier Ancín 12 febrero, 2020 - 8:46

No hace ni medio mes de una manifa de sindicatos reclamando la independencia y ahora dos currelas están desaparecidos desde hace días y el silencio es lo único que se oye por todo Euskadistán.

El lehendakari, Iñigo Urkullu (i), y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar (d), durante el último Alderdi Eguna (Día del Partido del PNV). EFE/ David Aguilar
El lehendakari, Iñigo Urkullu (i), y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar (d), durante el último Alderdi Eguna (Día del Partido del PNV). EFE/ David Aguilar

Les entretienen con el ruido. Con los enemigos sin forma pero con sombra. A veces les entregan a alguno con nombre y apellidos para que el pueblo siga ocupado, creyendo que su lucha es real, despellejando al chivo expiatorio de, en el fondo, cuestiones irrelevantes. El culpable de todos sus males siempre está fuera. Los de casa solo quieren nuestro bien.

Los inflaman con lo anodino, con lo sentimental, con lo inútil mientras a las cosas de verdad nunca les dejan prestar la menor atención. Por ahí no vayas, Patxi, eso no es de buenos vascos.

Va para una semana que se quedó cortada una tarde la principal autopista de Euskadistán y solo se nos informó con el silencio. Para escribir hoy había mandado un WhatsApp a mis amigos de Bilbao y Donostiantián, a ver qué sabían. Ni se habían enterado de que un vertedero con toneladas de restos con amianto había cedido, sepultando a dos trabajadores, que aún hoy, siguen desaparecidos. Algo habíamos oído del corte de la AP-8 el otro día, pero creo que la abrieron rápido, me comenta uno.

Lo que en el resto de España hubiera sido un despliegue de unidades móviles desplazadas a la zona para poner los focos 24 horas, en Euskadistán nadie parece darse por aludido. Silencio... mucho, todo el rato. ¿Son peligrosas todas esas sustancias tóxicas que han quedado sueltas en la atmósfera, en el suelo, sin ningún tipo de control, filtrándose por donde les de la gana?

En Madrid dos trabajadores del metro murieron por problemas derivados del uso de amianto en los trenes y conocen el asunto hasta en la aldea más perdida de Galia. ¿Por qué en Euskadistán hay que rascar tanto para encontrar algo de información, por qué aquí no te riegan con ella, como tantas veces hemos visto, y eres tú quien tiene que buscarse la vida para saber algo de lo que ha pasado en ese vertedero? Hubo, un par de días después, hasta un incendio, leo. ¿Un incendió, en febrero, con lo húmedo que está todo y más en el norte? Sí. ¿Qué ha ardido realmente? Ni idea. ¿Es peligroso? Preguntas demasiado. ¿Tú no eres de aquí, verdad, qué partido te paga?

No hace ni medio mes de una manifa de sindicatos reclamando la independencia y ahora dos currelas están desaparecidos desde hace días y el silencio es lo único que se oye por todo Euskadistán. Los supuestos representantes de los trabajadores esta vez no han invadido las calles para exigir al gobierno vasco respuestas.

En Euskadistán pasan cosas muy raras. La omertá italiana de la mafia a la vasca, el haga como yo y no se meta en política de Franco pero modelo PNV. No indague, no se queje, no sea facha. ¿Quieres hacerle el juego a Madrid debilitando al PNV ahora que haya elecciones en dos meses? ¿Qué eres, un traidor a la patria? No me seas español, hostia. Calla y lárgate de aquí.

Se derrumba un vertedero turbio, siempre al borde de la suspensión, entre otros materiales tóxicos repleto de amianto, hay dos sepultados y un silencio mediático y social de flipar. Aquí no ha pasado nada, circule. El silencio siempre ha sido un hecho diferencial vasco. El silencio y el mirar al otro lado.

Decía Unamuno, de Bilbao, conocedor del paño, que a veces, el silencio es la peor mentira. Por eso es tan complicado siempre conocer la verdad en Euskadistán. Y eso es todo.


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