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Opinión / A mí no me líe

En presencia de Battiato

Por Javier Ancín 19 enero, 2022 - 9:53

Incluso si el aroma del personaje no te interesa, no puedes dejar de saborear el sonido en el que orbita, la atmósfera del bar en el que nos lo relatan.

De gusto desintoxicarse del ruido, del silencioso también, cerrar el móvil, sentarse en la cuneta, abrir un libro arropado por el rumor lejano del tráfico y disfrutar de la lectura. Al final lo leí en el momento adecuado, en ese tiempo suspendido mientras me recuperaba del Covid, tan necesitado como estaba de sosiego.

Laporte se fue de la provincia, cosa que me apena y me produce mucha envidia a partes iguales, para levantar obras serenas como esta que nos ha regalado, una biografía urgente de Franco Battiato -cantante universal, compositor universal, músico siempre- que en menos de un mes ya va por segunda edición. 

Pese a toda lógica, las librerías son espacios que han salido reforzados esta pandemia. Necesitamos que el presente no nos atropelle pero necesitamos también más que nunca anclarnos a él porque fuera no hay nada. Pocos se atreven a hacer planes ya, por ejemplo, porque hemos visto que con un chasquido de un virus... se esfuman.

Fuera de las redes siguen importando las cosas de verdad y la urgencia es otra, como este libro lo demuestra. 

Battiato circuló un poco así por su vida, un artista tan moderno que flotaba sobre lo contemporáneo, siendo clásico en todo momento.

De Laporte me gusta lo mismo, esa capacidad que tiene como escritor de elevarse sobre los temas que trata, incluso los más chuscos de la actualidad o de la provincia, cuando lo hacía aquí. Esa forma de ser de Pamplona sin que le pringue, esa forma de moverse por la literatura sin que hiera, pero dejando siempre un surco en la piel, una suerte de cicatriz, más tersa que la propia piel que la precedió.

Ambos se quedan en los márgenes de lo contemporáneo pero no por la izquierda o la derecha, sino de los de límites de arriba, los superiores. "El yo quiero vivir en el presente, para siempre" que cantaba Battiato en su Lejanías azules, pero sobrevolándolo, sin despegarse del suelo. Era cuestión de tiempo que se encontraran en la literatura y no podemos estar los oyentes del italiano y los lectores de Eduardo de más enhorabuena porque el resultado es magnífico. 

Una biografía documentadísima, basta ver la cantidad de notas al pie, que opera como una novela. Todo fluye, nos atrapa como un tobogán en el parque, esos tubos modernos que incluso giran, como los Derviches Tourners, sobre la espina dorsal del juego infantil. Como si un amigo nos contara, mientras tomamos un café, más concretamente mientras revolvemos con la cucharilla el azúcar del café, con esa banda sonora de tazas y metales tan hogareña, la vida de un tercer compañero en un periplo más que universal, eterno. 

Es decir, incluso si el aroma del personaje no te interesa, no puedes dejar de saborear el sonido en el que orbita, la atmósfera del bar en el que nos lo relatan. La forma en la que, una vez revuelto, golpea con la cucharilla el borde de la porcelana como el director de orquesta que golpea contra el atril la batuta, cada capítulo, antes de iniciar la orquesta la melodía.

Me ha gustado mucho, y como siempre me pasa, sus doscientas páginas me han parecido pocas. Siempre quiero seguir leyéndole, como el viaje del nómada, sin billete de vuelta. Siempre hacia adelante, es la vida, no queda otra que buscar un centro de gravedad permanente para no caerse. En Presencia de Battiato – Eduardo Laporte. Editorial Sílex. Y eso es todo. 


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En presencia de Battiato