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Opinión / A mí no me líe

Batasuna ahora dispara tuits

Por Javier Ancín 31 enero, 2018 - 10:21

El otro día me puse a enredar en el perfil de un cargo público/carga pública de Irroña en Twitter que me dijeron que era un huracán. No tengo el gusto ni ganas de tenerlo. Un tal Saralegi. Saralegi el barullas.

Iban Maia, Maider Beloki y Dani Saralegi valoran las líneas de trabajo prioritarias y los retos del curso político. PABLO LASAOSA 04
Dani Saralegi, a la derecha, en una de las comparecencias de Bildu junto a Iban Maia, y la concejal Maider Beloki. PABLO LASAOSA

Saralegi el batasuno, me cuentan, asesor del alcalde Asiron de Cizur, que lo casca todo, de esas que antaño te prevenían, con un escalofrío, de seguir enredando inocentemente en su biografía.

El prestigio de la violencia lo llamó alguno a todo esto. Desaparecida la violencia, disipada la cortina de humo, ya saben lo que queda de glamuroso: riñoneras y sandalias con calcetines. Y mucho grito vacío, es decir, nada. Y por eso enredamos, también te lo digo, porque ya no dan miedo.

Desbarraba el canoso que los cincuenta ya no los cumple, al menos de aspecto (qué viejos nos hemos hecho todos por el camino, yo el primero, este que nos ha marcado a fuego el aberchandalismo durante ya cuatro décadas en esta ciudad) contra el comercio de Pamplona por facha y tal... todos, sin piedad. Todos fachas, de brazo en automático saltando con saludo romano en cuanto algún cliente entra.

Desde esa tienda de ropa a esa de revistas o esa otra donde venden queso o la que vende pequeños electrodomésticos, ahí doblando la esquina. Si fuera por él, de tan exagerado que se pone, casi insinúa que compraría antes hasta en la Morea o Itaroa, ojito, el epicentro del mal para estos chalados, por no ver a tantos desagradecidos franquistas vendiendo su mercancía por lo viejo.

Para Saralegi, todos los comerciantes del casco antiguo son provocadores fachas y conspiradores contra el kanbio, porque se han unido para intentar que sus medios de vida no se vayan definitivamente por el sumidero de la amabilización. Y yo pensé, con lo pusilánime que es Pamplona, que aquí les muelen a palos el lomo y aún pide históricamente la gente más, cómo de fastidiada tiene que estar la cosa para que comerciantes, cada uno de su padre y de su madre, es decir, trabajadores que se juegan su cordero al chilindrón diario que votarán incluso a los batasunos, se unan para decirle a un ayuntamiento de prepotentes, que les están asfixiando con sus majaderas decisiones de aislar sus comercios de la ciudad.

Y el otro loco, claro, más loco, como un basilisco con ka, en cada nuevo tuit, acostumbrado a meter miedo desde siempre, soltando espumarajos por la boca, acusando de hacer política, y no cualquiera, sino fascista, a la gente con sus curros, como si no tuvieran otra cosa que jugarse el modo de vida por ideología. Este se piensa que todos son políticos y pastan en presupuesto municipal como él. Qué mal llevan la oposición ahora que gobiernan estos que se la han quitado de en medio por la vía rápida, la de Berichitos, directa, siempre a todos los que les molestaban.

Esto de ver a batasunos amenazando en tuiter hoy, cuando ya no tiene esa maquinaria asesina detrás, por ahora y que les dure (que no eran ellos, no, jamás. Cómo van a ser ellos, pero que les beneficiaba siempre casualmente), es como cuando salíamos de jóvenes y el borracho viejo del bar se ponía tonto a grito limpio.

Te podía meter un botellazo a tradición, claro, pero poco más. Por mucho que hubiera sido tragasables en su juventud, ya no tenía el brazo ejecutor musculado para meterte miedo y los gritos solo eran ya acicates para descojonarnos más fuerte. Cuando ya no das miedo produces una cosa entre la indiferencia y risa que te cuesta mucho de digerir. En el fondo, el mecanismo es el mismo que el de ese futbolista que tuvo fama, fue dios entre los suyos, pero que una vez retirado, gordo y torpe, no acepta que ya nadie le salte las colas ni le siente en la mejor mesa del restaurante sin reserva previa.

Las cosas han cambiado, y como decía Marx de la historia, que se produce como drama y se repite como farsa, estamos ahora afortunadamente en esa segunda fase, la de la farsa, viendo cómo los que antaño solo con un chasquido de dedos conseguían poner en el punto de mira a cualquiera, ahora ya únicamente logran que se les llame abuelos cebolleta, se les haga un gesto con la mano en plan, bah, y a otra cosa, que aburren. La gente ha perdido el miedo a manifestarse contra ellos y no lo entienden, rabiosos perdidos.

¿No me querías? No, solo te tenía pánico.

Me acordé entonces de un grupo de música medio punkarra que se llama Lendakaris muertos y que tienen una canción titulada veteranos de la kale borroka. Pues eso, estos ya solo están para pedir una pensión por aquellos años y poco más. A este Saralegi, en concreto, le caen por despotricar contra el comercio pamplonés, el que le paga el sueldo vía impuestos y que desprecia, casi unos 25.000€ de dinerito público al año.

Algo hemos avanzado en esto de la convivencia y la paz, que es como los aberchándales llaman a perdonarnos la vida a los que no pensamos como ellos, pensé. Ahora ya solo te disparan tuits. Pues que disparen tuits. Aunque su jubilación nos salga por un potosí, siempre es mejor eso que volver a los tiempos donde la gente miraba al suelo cuando ellos pasaban, porque no había huevos de decirles a la cara que eran y son unos inútiles, sí, también como gestores.

Coda. Vaya, me dicen que los comerciantes han retirado los carteles protestando contra este ayuntamiento porque han recibido visitas amenazadoras diciéndoles que sus cristales no son blindados. Olviden este artículo entonces. Batasuna sigue siendo Batasuna. Y Pamplona el estercolero de siempre. Y eso es todo.


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