Opinión / A mí no me líe

Solo es censura cuando censura el PP

Por Javier Ancín 23 febrero, 2018 - 9:06

A mí la censura me repugna. Por convicción teórica y por convicción práctica, más que nada porque me la quieren aplicar por aquí unos cuantos comentaristas/comentadores artículo va, artículo viene. Por ello, solo puedo sentir solidaridad con todos a los que les quieren censurar, sean del color que sean. 

'Presos Políticos en la España Contemporánea', la polémica serie de fotografías retirada de ARCO y que incluye imágenes de los detenidos por la paliza de Alsasua a dos guardias. EFE / Fernando Villar
'Presos Políticos en la España Contemporánea', la polémica serie de fotografías retirada de ARCO y que incluye imágenes de los detenidos por la paliza de Alsasua a dos guardias. EFE / Fernando Villar

Antes de que salga el estupendo de turno, que nos conocemos, diré que una cosa es la censura y otra el código penal o civil o esas movidas de la dura lex, sed lex. Ejemplo extremo, para que se entienda. Retirar un cuadro pintado con la sangre de uno al que previamente has asesinado no es censura, es reaccionar ante un delito.

Dicho esto, que hay que aclararlo todo, una vez más tengo la sensación de aquí no discutimos sobre la censura, ni sobre qué es el arte que como todo el mundo sabe es morirse de frío, sino sobre cómo atizar al equipo contrario con lo que mejor tengamos a mano. Es decir, vivimos en un eterno derby político o ideológico donde algunos a su equipo le perdonan lo mismo que utilizan para condenar al equipo contrario.

Entremos en Fariña, amiguiños. Hace unos días se montaron las obras que iban a participar en Arco, esa feria de Arte Contemporáneo en Madrid que sí, que es una feria de las vanidades y las vacuidades pero que eso ni nos va ni nos viene ahora. Allá ellos con lo que se venda y lo que se compre y quien lo haga. Esa no es nuestra guerra en estos momentos.

El caso es que una de las galerías monta en una pared unas fotos de presos mediáticos, delincuentes Sálvame Deluxe y tal, con las caras pixeladas. Golpistas catalanes, agresores de funcionarios estatales y sus parejas femeninas en Alsasua, matones podemitas hostiadores de indefensas embarazadas... (supuestos, supuestos, siempre supuestos.

Bueno, algunos, que otros como la bestia parda del Bódalo ya tiene sentencia firme) y el artista, llamémoslo así, aquí vale todo ya, la titula 'Presos políticos'. Pues 'Presos políticos', está en su derecho. Si la llega a titular ‘El once inicial de Soto del Real’ o 'Pitufos esperando a papá pitufo para preguntarle quién es mamá pitufa' no se habría montado este jaleo. O, sí, que seguro que se puede tirar un ser de esos azules y cañijos a la cabeza de la hinchada contraria para intentar descalabrarla.

Una vez que queda expuesta la obra, la instalación, las fotos o como se llame a esas cosas en el mercadillo de manualidades que montan los modernos, con un precio de 80.000€ más iva -cágate lorito-, a alguien de la dirección de IFEMA, cargo público designado por el PP, ahí está la movida, se le va la cabeza, llama a la galerista y le dice que tiene que descolgarla, es decir, y hablando claro, la censura.

La galerista la desmonta sin rechistar -yo, confieso, ante esa campaña publicitaria gratuita que se me brindaba habría hecho lo mismo, frotándome las manos incluso-, se desencadena un cristo de colorines, con razón, y aprovechando ese jaleo y esa capa de pintura de purpurina de obra censurada que se la da a brochazos el iluminado censor, va, para qué quieres más, el socio de Roures, esos nacionalistas catalanes que se han forrado gestionando la emisión del fútbol español, la compra a toca teja como buen millonario, la cede al museo de Lérida de donde fueron devueltas, legítimamente, las obras de arte sacro medieval a Aragón hace unos meses y hala, ya tienen un mártir ante al que arrodillarse para sus cosas de nacionalistas.

Abajo la censura y tal, en eso estamos de acuerdo. Abajo la puta censura siempre. ¿Pero realmente esto va de luchar contra la censura o en realidad va del PP, es decir, contra el PP aprovechando que algunos peperos son imbéciles regalando bazas tan fácilmente al contrario?

Veamos.

En el año 2015 se intentaron poner en Barcelona unos carteles promocionales de las zaragozanas fiestas del Pilar con la foto de Morante caracterizado de Dalí -bigotones a las diez y diez incluidos-, con el torso desnudo y montera calada. Ada Colau, de Podemos, esto es importante, retengan el dato, no lo permitió.

Dio sus explicaciones y tal, pero en realidad, hablemos también claro, lo censuró. ¿Y ocurrió algo? Pues que los que hoy claman contra la censura de ese pepero cargo público de IFEMA, entonces callaron contra la censura de la carga pública de Podemos.

Pero la cosa no queda aquí, que aún hay más, amados lectores.

Un tiempo antes, Xavier Trias, alcalde nacionalista catalán de Barcelona, censuró la foto ganadora del World Press Photo, no permitiendo que las banderolas colgadas por la excapital de Tractoria, actual capital de Tabarnia, que invitaban a visitar la exposición estuvieran ilustradas con esa imagen porque era de otro torero: un primer plano de Padilla con parche en el ojo, poniéndose la montera con las dos manos, clic del grandioso fotógrafo navarro Daniel Ochoa de Olza.

Y de nuevo silencio. Nadie de los politizados que se llevan hoy la mano a la cabeza salió a defender la libertad de que la foto ganadora de un certamen de fotos, aquí no había ni la excusa de que se promocionaban corridas de toros, pudiera ser lucida por Barcelona con los honores que merecía.

Y más... mucho más. Siempre más.

En Pamplona, sin ir más lejos, el alcalde batasuno Asiron no permitió que una exposición sobre las víctimas de ETA -entre ellas unas cuantas de Pamplona-, fuera colocada en la Sala de Armas de la Ciudadela.

Es decir, la censuró, privándonos a los ciudadanos la posibilidad de verla (o no verla, que eso ya era una cuestión de la libertad de cada uno), en un espacio de todos, en un espacio público. Tampoco tuvo ninguna contestación por los que hoy se rasgan las vestiduras y se golpean mucho el pecho teatralmente. Es más, lejos de afear ese acto de flagrante censura, los suyos se pusieron, para variar cuando de atentados a la libertad se trata, de parte del censor alcalde, aplaudiendo su tiránica alcaldada liberticida.

¿De verdad que discutimos sobre la censura estos días? Yo, censor de la censura, lo tengo claro. Ni de coña. Pero es que ni de puta coña. Y eso es todo.


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