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Opinión / A mí no me líe

Argentina puede jugar en Pamplona, pero España no

Por Javier Ancín 06 junio, 2022 - 10:07

¿Y todo esto que vivimos con la selección albiceleste, este domingo con sus horas de festiva espera y sus 90 minutos de rezo del de Rosario, por qué no podemos tenerlo nunca en Pamplona con la selección española? 

Ambientazo futbolero. Ayer domingo Pamplona daba gusto verla. Cuadrillas de amigos, parejas, familias con niños, todos ellos de celeste y blanco, miles de remeras con el escudo de la Afa coronado por las dos estrellas de campeones del mundo... y de River y de Boca, con banderas al cuello argentinas paseando por la Estafeta, sentados en las terrazas de la plaza de Castillo. 

Camino después del estadio con una lata de Quilmes en la boca o esperando la villavesa, el colectivo que llaman ellos, que les acerque a la cancha de Osasuna, que rima con Laguna, como la letra de la canción Dieguitos y Mafaldas. 

Desde la plaza Merindades, nuestro González Catán ahora, a la bombonera rojilla. Hoy seguro que ganamos, pensé, porque ya lo hemos hecho, en este día caluroso de junio en Pamplona, helado en mano de nata y sabor pitufo, llenando las aceras de buen rollo y cánticos peloteros del otro lado del Atlántico.

Había partido en el Sadar. Argentina jugaba contra Estonia y yo tarareaba a Sabina disfrutando del jolgorio, el acento porteño y el alegre colorido de la hinchada, que si tuviéramos que compararlo con algo sería una hermandad de semana santa procesionando en busca de su gozoso misterio. 

Los argentinos son tan excesivos, llevan tan al extremo su religión balompédica, que por tener tienen hasta dos dioses: Maradona y Messi. El diez... por dos, que dan 20, la edad de Paula, que subida en la línea 86, como el del mundial del gol más increíble de todos los tiempos, va camino del Sadar esperando ver otro prodigio, como aquel año que Boca salió campeón en la bombonera.

Y lo hubo, que Messi pese a todos los peses que se quieran, es que era un partido amistoso, es que el rival era de segunda, metió nada menos que cinco chicharros. La mayor goleada con la camiseta de su país... y lo hizo en nuestro campo, el viejo-nuevo monumental Sadar de siempre, la bombonera de Osasuna. Los argentinos ya tienen una nueva capilla futbolística para rezarle a la virgen de los vientos, donde acudir en peregrinación a dar gracias por el milagro. Pamplona tiene ya su entrada, una pequeña nota al pie, vale, tampoco exageremos, en la historia del fútbol argentino. 

¿Y todo esto que vivimos con la selección albiceleste, este domingo con sus horas de festiva espera y sus 90 minutos de rezo del de Rosario, por qué no podemos tenerlo nunca en Pamplona con la selección española? 

¿Tan podridos de aberchandalismo estamos como ciudad para que no se pueda repetir una cosa similar con la otra camiseta roja de infinidad de aficionados de Pamplona? ¿Llegarían a pegar a los niños que como ayer iban felices, sobre los hombros de sus padres, camino del partido con la camiseta de su equipo? Alguna vez habría que vencer el miedo al miedo que ya tenemos inoculado y probarlo. Organicemos un partido de la selección española en Pamplona y veámoslo... y que quien se tenga que retratar que se retrate para que lo vea todo el mundo. ¿Tan difícil es quedarse en casa y respetar si la fiesta no es de tu gusto? Yo, por los críos, lo intentaba.

Lo que no puede ser, es una anomalía que nadie me ha sabido explicar, es que Messi pueda jugar en Pamplona con su selección pero Azpilicueta... no. ¿Por qué? Y eso es todo.


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Argentina puede jugar en Pamplona, pero España no