Opinión / A mí no me líe

Anticuento de Navidad

Por Javier Ancín 28 Diciembre, 2018 - 9:20

Aprovechando que las fechas invitan a ello, envuelto en estas nieblas que no presagian nada bueno, quiero contaros un cuento de navidad que sucedió hace poco, muy poco tiempo en un lugar muy pero que muy cercano.

Sala de atención al público en Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Sala de atención al público en Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

Un apuesto caballero en su carruaje tirado por más de 150 caballos alimentados por el fascista diésel, que cruzaba el invierno desde las montañas buscando la desembocadura del sol, tuvo que hacer una parada en el “Riño de Iñorra” para solventar unos trámites burocráticos, que el iluso pensaba que eran sencillos.

Aparcó la calesa en el parking de la Plaza del Castillo y salió a la superficie dispuesto a lidiar con los seres del averno en chandal -los aberchándal- y un jabalí que los gobernaba a todos con aliento de hierro oxidado.

Entró. Esta misión no puede torcerse.

Puesto de información de una oficina del Ayuntamiento de Irroña. 11:00h. Día, pero como si fuera noche porque para variar está gris la ciudad. Puto gris. Y frío. Puto frío. En Irroña todo es hielo menos la pista de hielo, que jabalí no la quiere colocar, supongo que para disimular la congelación a la que tiene sumida a la población que no le es afín. Y para putear a los niños.

-Hola, vengo a por un certificado que me pide otra de vuestras ventanillas.

-¿Tiene cita?

-¿Para un trámite del siglo XX, hoy absurdo, que consiste en darle mi dni, usted teclea su numero, le da a enter y se imprime (20” y si el funcionario es muy torpe 30”) se necesita cita?

-Sí.

Nuestro hermoso héroe no era consciente de la tormenta que se cerraba sobre su cabeza.

-Vale. Deme cita.

- No puedo, tiene usted que llamar al teléfono ese fijo que tiene en esa repisa. Ahí al fondo.

La cosa se complica. Nuestro héroe aún no sabe que esto va a terminar mal. Seguro. Descuelga, mira ese teléfono con cable en el auricular, de otro milenio, y piensa en la de cabezas que habrán colocado ahí su pabellón auditivo. Valeroso como el solo se lo pega al careto, cerca de los labios. A que se pilla un herpes... Llama.

- Hola, deme cita para ahora, que necesito el certificado tal para hoy porque otra ventanilla vuestra me dice que lo tengo que llevar yo, que entre vosotros no os habláis.

-No puedo, hoy ya están todas dadas. Estamos completos. No hay citas.

-Mire, estoy en la oficina y esto está medio vacío. No fastidie.

-No hay hueco.

-Vale -como discutir con funcionarios y con la administración es darse contra un muro respira hondo y responde tranquilo nuestro amado héroe, pero menos conciliador- dígame, por favor, cuándo me puede dar puta cita... para mañana.

-Mañana tampoco tenemos. Completo. El lunes que viene tendrá que ser ya, michico, a las 12:00, 12:15, 12:30, 12:45, 13:00... cuando quieras.

- ¿No me jodas, solo dais 4 putas citas cada hora?

-Sí.

Hay funcionarios en sus puestos, delante del ordenador de cháchara con su compañero sobre las jodidas navidades y lo que van a cenar en nochevieja y dónde. Nuestro héroe cansado observa el panorama, se cisca mentalmente en todo lo que le rodea, da media vuelta y se pira, no precisamente feliz, como os podéis imaginar, y con el escroto hinchado de espíritu navideño y amor por el ser humano.

Paga 3’10 € por una hora y veinte minutos, tres putos euros con diez céntimos, por 1h 20’ para retirar su carro del parking de la plaza del Castillo y se larga de allí espantado por el atraco y la desidia del personal. Hoy ha perdido la batalla pero la guerra continúa, nuestro héroe tiene cuerda para rato.

Vuelva usted mañana, o pasado, o al otro... o cuando le salga del ciruelo al ayuntamiento de Irroña, a por el puto papelico, con lanzallamas. Y eso es todo.


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