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La refundación del hacha y la serpiente (VIII): el nuevo estatuto político de la Nación Vasca

Por Jaime Ignacio del Burgo 31 mayo, 2018 - 16:43

Una vez más los nacionalistas persiguen la integración de Navarra en Euskal Herria, sin dar la posibilidad al pueblo navarro de que diga esta boca es mía.

La presidenta de Navarra, Uxue Barkos, y el lehendakari, Iñigo Urkullu efectuaron una declaración institucional ante los medios de comunicación tras haberse producido el anuncio de disolución de ETA. MIGUEL SANTIAGO
La presidenta de Navarra, Uxue Barkos, y el lehendakari, Iñigo Urkullu efectuaron una declaración institucional ante los medios de comunicación tras haberse producido el anuncio de disolución de ETA. MIGUEL SANTIAGO

Todo cuanto acabo de exponer en los artículos anteriores resulta imprescindible para valorar el alcance del nuevo desafío del PNV, que acaba de formular en el Parlamento Vasco una propuesta de “Bases y principios para la actualización del autogobierno vasco a través de una reforma del Estatuto de autonomía de Guernica”.

Los nacionalistas pretenden alcanzar un Nuevo Estatus Político, que conduzca al reconocimiento de la identidad nacional del Pueblo Vasco o Euskal Herria y a una nueva relación entre la Nación Vasca y el Estado español sobre la base del principio de bilateralidad. Parten de la consideración de que el País Vasco es una realidad nacional cuyas relaciones con España han de regirse por el principio de cooperación, sin ninguna subordinación al Estado español.

En consecuencia, el nuevo “sujeto político-jurídico” vasco ha de estar presente de forma directa en las instituciones y organizaciones europeas e internacionales en todo aquello que afecte a sus propias competencias. Por cierto, el PNV no tiene claro cómo bautizar a ese “sujeto político-jurídico”. Baraja cuatro posibles nombres: Comunidad Foral Vasca, Comunidad Nacional Vasca, Estado Autónomo Vasco y Estado Foral.

En caso de conflicto entre el Estado y el País Vasco, si no hay  acuerdo en el marco de la Comisión Mixta del Concierto Político, intervendrá el Tribunal Constitucional, pero previamente ha de reformarse para garantizar la imparcialidad y objetividad requeridas por el nuevo sistema de relación bilateral.

No cabe duda de que estamos en presencia de una propuesta radicalmente contraria a la Constitución. En el colmo de la desfachatez, el PNV llega a invocar en apoyo de su propuesta la disposición adicional primera que ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales para justificar la legitimidad de su nuevo invento –la Nación foral–, siendo así que rechazó de plano la referida disposición en 1978 por entender que no garantizaba los fueros, motivo por el que se abstuvo en el referéndum constitucional. Una reforma que vulnera la unidad de la nación española, fundamento mismo de la Constitución, está condenada al fracaso. 

También alegan los nacionalistas la disposición adicional del Estatuto de 1979 donde se establece que el pueblo vasco no renuncia a los derechos que pudieran corresponderle en virtud de su historia. El problema está en que nadie sabe precisar cuáles son tales derechos por la sencilla razón de que no existen.

Al defender la identidad nacional del Pueblo Vasco o Euskal Herria se afirma que “el Autogobierno vasco debe expresar que Euskal Herria es un pueblo con identidad propia, en el conjunto de los pueblos de Europa, depositario de un patrimonio lingüístico, cultural y jurídico-institucional propio, que ha pervivido a lo largo de la historia, y asentado geográficamente sobre siete territorios que en la actualidad se encuentran políticamente articulados en dos Estados europeos –el español y el francés– y tres ámbitos institucionales diferenciados: la Comunidad Autónoma de Euskadi, la Comunidad Foral de Navarra y el territorio gestionado por la Mancomunidad de Iparralde”.

En este párrafo hay un conjunto de falsedades. Euskal Herria no es un pueblo con identidad propia, pues nunca ha existido como comunidad política ni los siete territorios llamados a pertenecer a ella han formado un Estado propio ni han tenido instituciones políticas comunes a lo largo de la historia. Además no se puede construir una nación si cuatro de sus siete territorios –Navarra y los tres vascofranceses– no tienen la menor intención de cambiar su actual estatus.

Y a  renglón seguido se dice que “el Nuevo Estatus Político será la expresión jurídico-política de la voluntad democrática de un Pueblo con identidad socio –cultural sostenida a lo largo de la historia; con rasgos políticos propios, de entre los que destaca su sentido altamente compartido de pertenencia a una misma comunidad política, a una misma nación, y que como expresión de esa misma identidad nacional, de su nacionalidad, ya se manifestó en 1936 y en 1979 y que ahora reitera su vocación de renovarse… “

Más falsedades. Volvemos a insistir. Nunca hubo un pueblo vasco con identidad socio-cultural sostenida a lo largo de la historia. Nunca ha habido un pueblo vasco –con Navarra dentro–, con rasgos políticos propios, de entre los que quepa destacar su sentido altamente compartido de pertenencia a una misma comunidad política, a una nación. Por otra parte, es falso que ese pueblo vasco de siete territorios hubiera manifestado en el pasado su sentido de pertenencia a una misma nación,  pues en 1936, en plena guerra civil, Alava, Guipúzcoa y Vizcaya se constituyeron en región autónoma dentro de la República española aunque su Estatuto sólo pudo aplicarse en Vizcaya; y en 1979, sólo los ciudadanos de las tres Provincias concurrieron al referéndum para la aprobación de un Estatuto constitucional de autonomía en el seno de la nación  española. No deja de ser pretencioso que con una representación tan escuálida, el PNV pretenda irrogarse la representación de todo el Pueblo Vasco, aun en el supuesto de que existiera.

En 1977, los nacionalistas fracasaron en su intento de imponer por la brava  lo que denominaban la “unidad territorial” de Euzkadi. En 2018 vuelven a la carga con la misma cantinela: sólo hay un Pueblo Vasco o Euskal Herria. De él formamos parte alaveses, guipuzcoanos, vizcaínos, navarros, suletinos, bajo navarros y labortanos. Si los vascos nunca hemos constituido una comunidad política unitaria es porque hemos estamos sojuzgados por dos Estados, el español y el francés.

El Nuevo Estatus Político surgido de esta reforma ha de contemplar ese sentido de pertenencia a la nación vasca. La “Actualización del Autogobierno vasco” debe reconocer el derecho del “sujeto político-jurídico” a establecer “vínculos políticos y las relaciones internas de cooperación, tanto a nivel municipal como de cualquier ámbito territorial” con la Comunidad Foral de Navarra y los territorios vasco-franceses, “sin más limitación que la voluntad de la ciudadanía y las decisiones de sus instituciones representativas”. Y en el plano europeo, el “sujeto político-jurídico” vasco promoverá la creación de una “eurorregión vasca” como medio de hacer visible la existencia de Euskal Herria y su reconocimiento en el seno de la Unión Europea.

En definitiva, una vez más los nacionalistas persiguen la integración de Navarra en Euskal Herria, sin dar la posibilidad al pueblo navarro de que diga esta boca es mía. Proclaman, como si fuera una verdad revelada, que somos Pueblo Vasco y pertenecemos a la Nación vasca, compartimos la misma lengua –el euskera–, y poseemos una cultura común.


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