Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Pedro no puede aceptar eso

Por Fernando Jauregui 11 abril, 2016 - 20:30

Ahora, los rumores-que-no-cesan apuntan a que, acaso la semana próxima, una vez que haya concluido el referéndum de Podemos sobre si apoyan o no -será que no- los planes de Sánchez para llegar a La Moncloa, Rajoy accederá, al fin, a llamar al mentado Pedro Sánchez.

Para, a la vista del más que previsible rechazo que el pacto del PSOE con Ciudadanos va a recibir este fin de semana en la consulta 'podemita', cerrando así toda posibilidad de que los de Pablo Iglesias faciliten la investidura de Sánchez, ofrecerle a este una vicepresidencia en el Gobierno que él mismo, Rajoy, encabezará. Y, de paso, el presidente en funciones y aspirante a presidente se mostrará, dicen que en aras del acercamiento, dispuesto a propiciar reformas, incluso constitucionales, que hasta ahora ha venido rechazando en términos más o menos categóricos y que venían siendo predicadas por los socialistas.

Creo que estas hipótesis, no confirmadas oficialmente, son una realidad, puesto que son recogidas por compañeros informadores que me merecen toda la confianza y no me han sido desmentidas de manera rotunda por fuentes 'populares'. Era lo esperable: Rajoy, que siempre agota los tiempos, a veces hasta la imprudencia, ha esperado a ver pasar ante su puerta el cadáver político de su enemigo, y le ofrece la indignidad para evitar la guerra, sabiendo que su hasta ahora adversario no podrá, suponiendo que quisiera y por muy cadáver político que sea, aceptar la mano que se le tiende.

No, el asunto no va a prosperar, a menos que se deje de lado la mínima coherencia. Porque ¿cómo podría Pedro Sánchez decir que 'sí' a una vicepresidencia bajo el mando del hombre a quien consideró 'no decente' en aquel lamentable rifirrafe preelectoral ante las cámaras de televisión? ¿Cómo creer en un Gobierno de gran coalición que el secretario general socialista ha rechazado -"no, nunca, jamás"-- porque, en su opinión, la solución a los problemas de este país se basa en echar a Rajoy, y al PP, de La Moncloa? ¿Cuántas veces le hemos oído decir que va a hacer pasar al PP a la oposición? A Sánchez, suponiendo que Rajoy llegue a hacerle esta oferta concreta, que en el fondo es una humillación, y que esta vez sí quiera ponerse al teléfono, no le queda otro remedio, por vergüenza torera, que insistir en su 'no' a gobernar en esa gran coalición con el Partido Popular. Incluso en el caso, altísimamente improbable, de que Rajoy aceptase ser sustituido por otra persona del PP al frente del Ejecutivo.

Y será una lástima, porque la salida del embrollo, si no queremos nuevas elecciones, que cada día parecen más inevitables, pasa por esa gran coalición 'a tres' PP-PSOE-Ciudadanos. Sí, lástima que la convivencia de Rajoy con Sánchez en un mismo espacio físico, y no digamos ya político, sea completamente imposible: las cosas, entre ellos, han llegado demasiado lejos incluso para convertirse, como decía Churchill, en extraños compañeros de cama. Malditos personalismos, que ensombrecen, aún más, el secarral político español. Muchas veces he dicho que ese rechazo de Sánchez, tan tajante y poco matizado, a pactar con el PP, y de manera muy especial con Rajoy, acabaría siendo la tumba política de alguien que, como Pedro Sánchez, vino a representar el cambio -pero el cambio posible- y la regeneración -también hasta los límites de lo posible- con respecto a la Vieja Política.

Pero su afán por llegar a La Moncloa a casi toda costa, pactando con quien -Podemos- no quería, en el fondo, pactar ni, además, podía hacerlo, ha puesto a Sánchez al borde del abismo. ¿Cuál será su siguiente paso? De momento, solo cabe decir que él -aunque sí otro líder socialista- no puede aceptar nada que venga de Rajoy ni, probablemente, del PP, entre otras cosas porque está maniatado por las decisiones del Comité Federal y por el veredicto de la consulta que el propio Sánchez propició, cuando llegó a un pacto con Ciudadanos a finales de febrero, entre la militancia del PSOE.

Difícil, muy difícil, se pone la supervivencia del hombre que llegó, en sustitución de Pérez Rubalcaba y elegido por los afiliados socialistas, a la secretaría general del principal partido de la oposición en julio de 2014. Un año y ocho meses en los que han pasado muchas cosas, demasiadas cosas, unas buenas y otras malas. Y en ambos supuestos Sánchez ha tenido mucho que ver; ahora, ¿cuál será el rumbo a tomar por el hombre que pudo haber llegado, si bien no tan pronto como él pensaba, a la cúspide? ¿Tendrá fuelle para afrontar unas nuevas elecciones que, dicen las encuestas, podrían consolidar un Gobierno del PP --¡con Rajoy al frente!- con Ciudadanos? Todo está abierto, incluso la tierra bajo los pies de un Pedro Sánchez que, como dicen los clásicos anglosajones, peleó la buena batalla. Pero me parece que ya la está perdiendo, la ha perdido. Y quizá sea una lástima.


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Pedro no puede aceptar eso