Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Un Gobierno tuiteado

Por Fernando Jauregui 25 enero, 2016 - 22:55

Me llega el siguiente comunicado, vía Twitter: "Que la presidencia de un país como España se esté pactando por mensajes de Twitter es de vergüenza".

Más o menos, lo mismo que yo dije este lunes por la mañana en un programa de televisión. La falta de seriedad con la que algunos están desarrollando esta difícil etapa poselectoral bordea el escándalo: no solamente Pablo Iglesias le 'hace el Gobierno' a Pedro Sánchez a través de una conferencia de prensa, sino que Sánchez le responde con un 'tuit', de esos de ciento cuarenta caracteres. Y luego se envanece, también vía Twitter, de que, por fin, ¡ha conseguido hablar un cuarto de hora por teléfono con Albert Rivera!

¡Y veinte minutos con Pablo Iglesias! Si el futuro Gobierno de gran o pequeña coalición, de centro-derecha-centro-centro izquierda, de progreso, de izquierda coaligada, de independientes, o como quiera denominarse, se fragua en las redes sociales, o con llamadas apresuradas de veinte minutos, la cosa empieza mal. Ya ha empezado mal, de hecho.

De Julio Anguita, que lideró Izquierda Unida, que fue un personaje honrado y quizá solamente un regular político, nos reíamos cuando, a veces, por toda respuesta, nos largaba a los periodistas la frase "programa, programa, programa". Nada de ocurrencias fuera de los programas de actuación, elaborados concienzudamente y pactados con los demás y con los propios, tuvo a bien explayarse un día Anguita conmigo. Si el bueno del ex coordinador general de IU se tuviese que manejar ahora a través de mensajes de Facebook o Twitter, o improvisando ruedas de prensa en las que se anuncian cosas a los futuros socios que los futuros socios ignoran, seguro que Anguita abandonaría la política con un portazo. Esto no es serio, hubiese dicho. Y seguro que también Adolfo Suárez, o Felipe González, o Aznar -y hasta Mariano Rajoy-, y no hablemos ya de Calvo-Sotelo, hubiesen dicho lo mismo: esto, simplemente no es serio. La verdad, tampoco estoy muy seguro de que las redes sociales sean el vehículo de comunicación de los dirigentes políticos en otros países. Vamos, que no, que no es serio...

Sobre todo, porque aquí se habla de caras, de cargos, de futuros despachos, y nunca de 'programa, programa, programa'. ¿O es que alguien sabe cuáles son los proyectos sobre nuestro futuro que alberga la gran coalición que predica Rajoy? Y, ya que estamos, ¿conocemos acaso en qué pilares se fundamentará la 'coalición de progreso' a la que por lo visto tratan de llegar Pedro Sánchez y Pablo Iglesias? Y digo, por cierto, ese 'por lo visto' porque yo sigo convencido de que, en el fondo, el líder de Podemos no está demasiado interesado en llegar a un pacto de Gobierno con el PSOE, suponiendo que este partido, en su comité federal del sábado, no ponga tantas cortapisas a su secretario general que haga imposible ese 'Gobierno de izquierda' del que tanto se va a hablar esta semana. También, claro está, en La Zarzuela, donde el Rey ha de iniciar, en este clima enloquecido, una segunda ronda de conversaciones para llegar a una investidura.

Estamos, en suma, en una dinámica perversa, fruto de la frivolización que ya vivimos en la campaña electoral y, si me apuran, desde bastante antes de la campaña electoral: mucho futbolín, mucho ping pong, con presentadores de fama y tronío, pero poco sobre los planes para mejorar la vida de los españoles. Y, por favor, que nadie me diga que esto de informar a la ciudadanía de las cosas de la gestión pública a través de Twitter es un signo de los tiempos. Qué duda cabe de que hay que rejuvenecer modos y maneras, formas y fondos; pero, oiga, no lo rejuvenezcamos tanto que nos retrotraigamos a una política de colegio. Que es donde parece que nos hemos situado. Lo digo en 140 caracteres, que acabo de escribir en Twitter: A ver si nuestros representantes empiezan a hablar d forma más profesional, y, además, contando con nosotros: eso sería lo correcto ¿o no?. Fin de la cita.


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