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Opinión / Sabatinas

Las consecuencias

Por Fermín Mínguez 12 junio, 2021 - 8:31

Llegamos tarde otra vez, llegamos cuando ya se ha producido lo terrible y sólo queda el dolor y la rabia. ¿Cuánto de lejos nos queda la próxima tragedia? ¿De verdad no podemos hacer nada más?

Una patrullera de la Guardia Civil a 10 de junio de 2021, en Tenerife (Canarias). Este barco ha participado en la búsqueda de las niñas desaparecidas de Tenerife.
Europa Press
10/6/2021
Una patrullera de la Guardia Civil a 10 de junio de 2021, en Tenerife (Canarias). Este barco ha participado en la búsqueda de las niñas desaparecidas de Tenerife. Europa Press 10/6/2021

Tenía preparada otra Sabatina, más ligera, más de principio de verano y de finales de temporada pero no consigo quitarme de la cabeza la enésima salvajada con la que nos despertamos el jueves, el asesinato de dos niñas a manos de su padre, de forma premeditada, consciente y con la intención de hacer el mayor daño posible. No sé a ustedes, pero  a mí me cuesta mucho manejar este dolor aunque sea a terceras personas que ni conozco y que están lejos. Y ahora tocaría decir que no puedo ni imaginar cómo alguien puede hacer algo así, pero, ¿saben qué?, me lo imagino perfectamente, y creo que parte del dolor que me produce, y puede que quizás también a ustedes, es porque tengo responsabilidad en todo esto. Cargo de conciencia se llama.

Me cuesta creer en las casualidades, cada vez más, en que las cosas pasan por azar o por que están escritas en el destino y nada se puede hacer. No creo tampoco que toda esta deriva de agresiones machistas, cada vez más violentas y sostenidas, sea un cúmulo de coincidencias, sino más bien de consecuencias. Sí que creo en que al azar se le combate con compromiso, y que cuanto más conscientes seamos de lo que hacemos, menos espacio dejamos a la suerte, que claro que sigue jugando, qué les voy a contar a ustedes de quiebros inesperados del destino, pero cuantas menos cartas tenga, mejor.

Me cuesta creer que este miserable, al que ni pienso nombrar, no hubiera dado ningún aviso de que era un hijo de mil putas en potencia. Estoy seguro que en algún momento habrá hablado con alguien, o habrá dado muestras de sus intenciones o percepción de la vida. Estoy seguro de que hubo algún momento en que se pudo intervenir, y no quiero con esto culpar a nadie, ahora es tarde, otra vez, sino intentar entender dónde puedo ser útil para que no haya próxima vez. O al menos próxima vez en mi zona de influencia, y si cada uno lo hace en la suya seguro que empezamos a poner fin a esta lacra.

Además de en las casualidades he de decirles que también estoy desarrollando una falta de fe en la sociedad, en la forma en la que nos enfrentamos a los problemas. Una sociedad en la es más importante la forma que el fondo, donde estamos más pendientes del qué se dice que del cómo, que va a estar igual de pendiente de que haya escrito hijo de puta en este artículo que del porqué lo he hecho. Más empeñada en poner adjetivos al horror que a enfrentarlo de frente, en exigir respuestas a un sistema político y judicial que a asumir su responsabilidad en el cambio.

Miren , igual tengo un mal mes o es que estas atrocidades me rebelan, pero tenemos un comportamiento social que valida que alguien se crea en el derecho de arrancar a sus hijas y matarlas para hacer daño, pónganse como quieran, pero lo validamos. Y después nos indignamos y llenamos las redes sociales de dibujos y de eslóganes de apoyo para sentirnos mejor. De verdad que si supiera que la imagen de las niñas sirenas aliviaba algo el dolor de esa madre me lo tatuaba en la frente hoy mismo, pero creo que tiene más que ver con nuestro propio miedo, nuestra necesidad de demostrar que estamos en contra de algo, que con la idea de ponerle remedio. Vamos a ver, que estamos dulcificando que un cabrón de mierda ha hundido a sus hijas en el mar, a mil metros, para que nadie las encuentre y las hemos convertido en sirenitas. Que una atrocidad así no se puede justificar ni dulcificar (sé que ahora les estoy cayendo fatal a la mayoría de mis contactos sociales, queredme así). Que es como si hiciéramos dibujicos de nubes sonrientes saliendo de una chimenea triste para ejemplificar Auswitch, que no, que al horror se le combate de frente y enseñando los colmillos. Se harán manifestaciones con lemas duros, pancartas con las sirenas, declaraciones institucionales, se pedirá endurecer las penas, alguien hará un discurso pidiendo la erradicación de los hombres de la faz de la tierra, un especial de TV con imágenes que no ayudan y debate de expertos rancios, puede que alguien escriba un truño de balada con piano, y se levantará una estatua en Tenerife. Y con esto estaremos más tranquilos, volveremos a la disputa política de si los términos son los correctos, de que no se puede generalizar, y demás estupideces de sofá mientras nos olvidamos de esa familia y su dolor infinito. Solo pensarlo me duele, pero no esa poesía del alma, me duele de verdad. Y, ¿saben qué es lo peor?, que mientras tanto se está gestando la próxima aberración. Quizás a nuestro lado, que todos esperamos que no, pero esta puede doler todavía más.

Igual se está gestando para mañana, mientras alguien le ríe la gracia a un neardental de bar, con palillo y anís, que dice que si a él su mujer le deja se iba a enterar, que poco le parece lo del barco, mientras planea irse de putas. O al típico ejecutivo campeón que se cree que la posición da derecho a humillar a su pareja bajo un “todo lo que tiene es por mi”, y alguien se lo aplaude queriendo ser como él. O quizás se está gestando para dentro de cinco años en ese muchacho convencido de que por la vida se va con la polla fuera y que como no te va a gustar esto, chata, jaleado por sus amigos para que siga siendo el Cid Campeador del abuso. O en toda esa gente que cree que mercadear con sus hijos para hacer daño a su ex es algo digno, y reciben el feedback de “que se joda, que se lo hubiera pensado antes”, sin pensar en el daño irreparable que están haciendo a sus hijos y a esos padres y madres buenos. O a lo mejor, ojo, se está gestando en ese acosador infantil (lo del bullying para los modernos), al que le reímos la gracia porque se mete con el gordo de clase, o el creativo, o la de gafas, porque, ya sabes, cosas de niños, además lo hace sin maldad, es gracioso el puñetero. Creando así un perfil narcisista por un lado, y uno de baja autoestima en el otro.

No hay azares, qué va a haber. Está muy bien que nos solidaricemos pero igual hay que hacer algo más. Igual hay que darle dos hostias al primero de nuestros conocidos que oigamos que plantee algo así aunque parezca broma, o cogerle del cuello al prepotente que hace del chuleo su forma de relacionarse, (que igual vale con hacerle ver que es un imbécil y que no cuente con nosotros, pero disculpen, tengo un pronto malo). O apretarle los huevos al colega que no entiende que esto va de dos. Cagarse en las muelas y tomar partido ante quien usa a sus hijos en beneficio propio. O, más allá de protocolos anti acoso y números anónimos, señalar al acosador en el cole, y a los padres si hace falta para que vean que su retoño no es gracioso, sino impertinente.

Que igual hay que tomar partido y aislar a esta lacra de una puñetera vez, pero aislar de verdad, que vean que donde no llega la ley llega la sociedad. Estáis solos y, como os descuidéis sin dientes.

Es mucho más difícil borrar el dolor que evitar que se produzca. Y me da que a estos animales lo de los dibujos y las pancartas se la trae al pairo. Alguien tan mezquino y miserable como para matar por no asumir sus miserias, y tan cobarde para matarse después para no afrontar las consecuencias, no creo que le afecte lo que otros piensan. No podemos arreglar lo que ha pasado, seguramente lleguemos tarde a próximas desgracias, pero quizás sí que estamos a tiempo de evitar muchas más. Y si hay que asumir algún riesgo personal, pues se asume. Disculpen si no pongo ningún cartelico de solidaridad, pero a lo que sí me comprometo es a actuar cuando proceda.

Los buenos ganan, y  sí para esto hay que sacar la rabia a pasear contra los malos, pues se saca. Es en el cara a cara, en la vida real, donde podemos cambiar esto. A versos o a golpes. Basta ya de esperar y consentir. No es fácil saber el cómo, pero sí identificar el quién. El ni una más empieza por no permitir ni una actitud machista más. Hay que llegar antes. Y juntos, claro, y juntos.

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