Opinión / Construcciones y derribos

El Estado por un colchón en La Moncloa

Por Fermín Alonso 05 enero, 2020 - 12:36

Pedro Sánchez ha estafado a 40 millones de españoles.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, aplaude a su bancada tras su intervención final en la segunda sesión del debate de investidura del candidato socialista. EUROPA PRESS
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, aplaude a su bancada tras su intervención final en la segunda sesión del debate de investidura del candidato socialista. EUROPA PRESS

“Yo no he pactado con los independentistas. Es mentira. Es falso. Es falso. Ustedes podrán repetir mil veces una mentira, pero es falso. Falso es falso. No es no y nunca es nunca”, decía hace apenas unos meses y le recordaba Sergio Sayas (UPN) al candidato socialista en el debate de investidura. Maldita hemeroteca.

Llegados a la investidura, sin embargo, Sánchez ha decidido vender a plazos el Estado y la Nación para comprarse un colchón en La Moncloa; ha elegido como compañeros de cama a quienes sueñan con acabar con España y a quienes, incluso a él mismo, le provocaban pesadillas allá por septiembre. Y, para rematarlo, echa la bronca a los demás por no querer cantarle nanas cuando no pueda dormir.

Lamentablemente, en Navarra fuimos pioneros en descubrir el lenguaje líquido de los nuevos prebostes del Partido Socialista. De nada vale para las nuevas élites socialistas la palabra dada. De nada valen las promesas a los electores. La lealtad solo se entiende como obediencia ciega al líder, pero nadie se acuerda de la lealtad del líder hacia sí mismo, hacia sus propios compromisos, y mucho menos de la lealtad que un líder político debería guardar hacia los ciudadanos.

Soy consciente de mi pecado utópico, pero no puedo evitar mirar con envidia esos países capaces de construir gobiernos de unidad que anulan la capacidad de influencia de fuerzas extremistas y radicales. Para eso, obviamente, es necesario compartir una idea de país. Y claro, antes de nada, se hace indispensable tener una.

Sánchez, sin embargo, ha pasado de prometer la persecución de referendos ilegales a planear uno; de dar patrióticos mítines bajo una inmensa bandera de España, a apostar por el federalismo asimétrico y la nación de naciones, después, sin ser capaz siquiera de definir qué es una nación (a pregunta del propio Patxi López) o cuántas supuestas naciones hay en España.

Según el PSC, ocho. De momento. “Nueve si sumamos a Navarra”, añadió Iceta. Eso hace un mes, claro. Todo puede haber cambiado ya con el PSOE de ideología variable de Sánchez.

Además, no contaba entre esas ocho naciones a territorios con importante bagaje histórico, como Asturias o Castilla. Porque esa es otra, el PSOE tiende a confundir territorio histórico con comunidad donde gobiernan los nacionalistas. Y así no hay quien pacte un modelo estable de país.

Ahora habría que añadir también a León, por cuya independencia autonómica parece que también apuesta el PSOE. Al menos, el PSOE de León. Porque esa es otra condición: para tener una idea clara sobre España, uno debe ser capaz de defenderla sin vergüenzas en toda España y no ir cambiándola según el perfil del votante al que hablas en cada región.

En Navarra, durante décadas, habíamos sido capaces de pactar nuestra pequeña gran coalición foral, precisamente porque UPN y PSN compartíamos una idea de Navarra, Foral, singular e integrada lealmente en España.

Ante la amenaza del nacionalismo vasco, sabíamos, unas veces un partido y otras veces el otro, anteponer la defensa de la identidad de nuestra tierra a la ambición de dirigir un gobierno. Sin embargo, con las nuevas élites del PSN, todo eso ha saltado por los aires. Sus prioridades, es evidente, son otras. Y sus socios, los que ya conocemos: Bildu, Geroa Bai y Podemos.

Por otra parte, en una gran coalición, además, hay que saber que hay cosas más importantes que la próxima elección; que no siempre tienes la razón en todo y que te va a tocar ceder. Sin embargo, la tendencia gira hacia un comportamiento cada vez más adolescente, en el que se ansía todo y se quiere para el minuto siguiente, y en el que todo aquel que no piensa como yo está contra mí y no tiene ni idea.

Por último, la condición básica para un gran consenso es que exista confianza. Y para eso, como punto de partida, hace falta ser sincero. Eso lo sabemos en Navarra, que ha sido tierra de pactos precisamente por el carácter honesto que siempre nos ha caracterizado. Ahora, las promesas tienen fecha de caducidad y los compromisos se venden al mejor postor.

Decía Pedro Sánchez, precisamente en una entrevista en Navarra Televisión, que “si le estoy diciendo que con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo repito cinco veces o 20 durante la entrevista. Con Bildu no vamos a pactar. Se lo repito, con Bildu no vamos a pactar”.

Ahora no solo es su socio prioritario en Navarra, sino que es incapaz de hacerle frente, de defender la democracia, el Estado y la memoria de las víctimas cuando su portavoz vomita su odio habitual en el debate de investidura. No puede, es rehén de sus votos. Y con él, hace preso a todo el Estado.

Porque ya lo sabemos, para Sánchez, España no vale más que un colchón en La Moncloa.

Fermín Alonso es concejal de Navarra Suma en el Ayuntamiento de Pamplona.


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