Opinión / Construcciones y derribos

Barkos instaura la ley de la selva

Por Fermín Alonso 19 agosto, 2018 - 9:58

El autor opina que la ley y la propiedad no valen nada si el que tienes enfrente lleva un pasamontañas, actúa violentamente y ataca sedes.

Cientos de personas se manifiestan en Pamplona a favor de la ocupación del Palacio del Marqués de Rozalejo. PABLO LASAOSA
Cientos de personas se manifiestan en Pamplona a favor de la ocupación del Palacio del Marqués de Rozalejo. PABLO LASAOSA

Uxue Barkos y su Gobierno han escrito en apenas 48 horas una de las páginas más bochornosas, ridículas y, sobre todo, peligrosas de la historia reciente de nuestra tierra. Después de un eficaz desalojo desarrollado por Policía Foral y Policía Nacional por orden de un juez, Barkos ha dado marcha atrás ante la presión de sus socios y la violencia de los okupas que volvieron a tomar el Palacio del Marqués de Rozalejo.

Barkos ya había pedido muy tarde el desalojo. Once meses tarde, cuando podía haber echado a los okupas de un edificio propiedad de todos los navarros en las primeras 72 horas tras su entrada en el edificio. Sin embargo, aunque con retraso, acertó al instar a la liberación de un bien que había sido tomado de forma egoísta y sobre todo ilegal. Las declaraciones del PNV y de su marca blanca en Navarra (Geroa Bai) fueron, por una vez, impecables: “Ningún proyecto político puede tener el privilegio de disfrutar de un bien público, propiedad de todos los navarros, para su propio beneficio y a través de una patada en la puerta para acceder a él”, dijeron el viernes a través de un comunicado Después de 11 meses puestos de perfil, mientras el resto instábamos a hacer cumplir la ley, era casi un milagro.

Esa día, de madrugada, se ponía fin a casi un año de privilegios para los amigos de Bildu, que habían utilizado el edificio para la propaganda proetarra, la promoción de su ideología y, sobre todo, para hacer caja con un negocio de hostelería ilegal, mientras el Ayuntamiento de Asirón, que sí inspecciona a los bares y comercios que cumplen las normas, miraba para otro lado.

Los radicales que lo ocupaban reaccionaron como lo que son. Atacaron violentamente a los policías que se jugaron el tipo para hacer cumplir la ley y también se cebaron con la sede del PNV, que calificó de “fascismo puro” los huevazos que recibió la fachada de su sede. Lógicamente, Bildu (y Podemos) salieron a defender a sus chavales y a criticar que les quitaran el juguete, que además proporciona una buena cantidad de ingresos, barra mediante.

Esa misma tarde se permitía que esos mismos “fascistas” volvieran a entrar al palacio en una demostración que inicialmente parecía incompetencia, pero que, visto lo sucedido al día siguiente, puede ser consecuencia de una conducta mucho más grave.

El sábado, sorprendentemente, Barkos solicitó la suspensión de la orden de desalojo y, por tanto, el juez encargado entendió, como cualquier hijo de vecino, que el Gobierno tolera la ocupación. ¿Qué sucedió en apenas 24 horas? La violencia callejera y la presión de Bildu y de Podemos a PNV/Geroa Bai.

Barkos ha hecho que todo un Gobierno de Navarra ceda y baile al son de esos que el día anterior llamaba fascistas; ha arrodillado a la institución a los pies de los violentos. La presidenta y sus consejeros han dado carta blanca a esos que llamaba privilegiados para permitir que desarrollen su radical proyecto en un edificio que nos pertenece a todos los navarros no a los amigos de Bildu y de Asirón.

Para colmo, Barkos ni siquiera ha tenido la valentía suficiente para dar al menos la cara en una rueda de prensa, mientras sus funcionarios sí se jugaron el tipo frente a los violentos en una operación que ha resultado inútil, porque ella misma le ha puesto una caducidad de 24 horas.

Lo más grave es que, con su decisión, comportándose una vez más como la marioneta perfecta de Bildu y de los más radicales de nuestra sociedad, ha instaurado la ley de la selva, donde el más fuerte, el más violento, el más macarra, consigue lo que quiere.

Nada vale la ley, ni la propiedad, si el de enfrente lleva un pasamontañas, pega golpes y ataca sedes, propone Barkos. Entonces, todo para él. “Con la lucha se puede conseguir cualquier cosa”, proclamaron triunfantes los violentos, al confirmarse la noticia de la rendición de Barkos.

Sobre todo, si enfrente tienes un gobierno títere y ruin, que prefiere su tranquilidad a hacer cumplir la ley y que perpetúa los privilegios de unos pocos, nacionalistas, eso sí, a cambio de los derechos de todos.

Si Barkos, como ha demostrado, no es capaz de cumplir con la primera obligación de un gobernante, que no es otra que la de respetar y hacer respetar la ley, debe irse a su casa.


Fermín J. Alonso es concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona y vicesecretario de Comunicación de UPN.


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