Opinión / Desde la década de 1990 realiza entrevistas para el periódico El Mundo.

La escena del sofá que no es

Por Esther Esteban 02 noviembre, 2015 - 23:21

El presidente del Gobierno ha tomado las riendas del desafío independentista promovido por Artur Mas y sus cómplices reuniendo a los partidos en Moncloa para dar una imagen de unidad de España,

buscando la complicidad de todos por encima de las discrepancias ideológicas entre adversarios. Se trata de dar entre todos una respuesta firme al golpe de Estado a la democracia que se está perpetrando al grito de ¡viva la república catalana!, y se trata de hacerlo como se hace en democracia: por consenso, algo que, desgraciadamente, se ha convertido en excepcional en los tiempos que corren.

Estamos en unos momentos dificilísimos y no se trata de escenificar una escena del sofá a la vieja usanza, como algunos han intentado dibujar, sino de marcar una hoja de ruta ante el mayor ataque recibido por el ordenamiento constitucional desde la aprobación de la Carta Magna. La templaza de Rajoy, tan criticada en algunos momentos, es una baza que juega a nuestro favor frente a la irracionalidad de quienes ya no reconocen la legalidad por la que han sido elegidos. Es cierto que los distintos partidos hacen diagnósticos diferentes de cómo hemos llegado a esta situación, pero lo importante ya no es el pasado sino cómo afrontar el futuro, y todos tienen en común su rechazo a la secesión catalana. Así lo manifestaron tanto Pedro Sánchez como Albert Rivera o Pablo Iglesias tras ser convocados por el presidente, y ahora se trata de ahormar una estrategia común para no tolerar lo intolerable.

Si había alguna duda de que el sentimiento independentista desaforado de Mas tenía mucho que ver con tapar sus vergüenzas y las de su partido, la prueba de fuego ha sido que este último salto al vacío haya coincidido con la detención del tesorero de CDC, la imputación de toda la familia Pujol por el escandaloso tema del 3 o 6 por ciento y la constatación de que la "familia" ha convertido las "mordidas" en el plan de empleo familiar. Estos días se han abierto cajas fuertes con miles de euros vinculados a adjudicaciones de obras a cambio de comisiones, encontrado maletines y cercado cada vez más el círculo de Artur Mas. Cada vez resulta más difícil de creer que el 'hereu' fuera ajeno a estos enjuagues y de ahí su huida hacia adelante. De hecho, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (la UDEF), que lleva años siguiendo la pista del dinero de la familia Pujol, ya define las actividades del clan como las de un grupo organizado, y cada día la sospecha de que se obtenían millones de euros cobrando comisiones ilegales por la adjudicación de contratos públicos se convierte en certeza.

Algunos creen que los separatistas catalanes le han hecho un regalo envenenado a Rajoy y es posible que si el presidente sabe gestionar este delicadísimo asunto, encontrando un discurso político acertado, las cosas no se le empeoren para la campaña electoral. Pero el desafío es de tal magnitud que estamos hablando, nada más y nada menos, que de un delito de sedición, y cualquier paso en falso podría ser letal. Si preguntas en el seno del PP, te dicen que el presidente debe utilizar todas las armas legales y políticas para frenar la independencia, y así debe ser, pero en el equilibrio y la mesura debe estar el fiel de la balanza.

El Gobierno tiene desde hace tiempo un estudio encargado a los servicios jurídicos del Estado con todas las opciones posibles, incluida la inhabilitación de Mas, incluso la suspensión de la autonomía, pero la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ese que se hizo para no ser aplicado, debe ser el último cartucho, máxime cuando las Cámaras estas disueltas, aunque la diputación permanente mantenga todos los poderes parlamentarios. Paso a paso y consensuadas todas las decisiones con el resto de los partidos. Esa parece ser la receta de Rajoy y no es mala. En este tema el silencio de los corderos ha llegado demasiado lejos.


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