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Opinión / Desde el periscopio

La patrulla naval

Por Cartas desde mi submarino en el Arga 05 diciembre, 2021 - 9:42

 Una de las ventajas que tiene ir en submarino por la vida es precisamente poder atracar junto a cualquier asador que esté junto al río. Es como llevarte la casa a la puerta del restaurante. 

Ayer decidí atracar mi submarino “Foralico” junto a la presa de Huarte, ya que la cuadrilla teníamos cena en el ZubiOndo con el menú de siempre, sesos, cogote, ensalada y chuletón. La cena como siempre un éxito de risas, lloros de risas y recuerdos. Últimamente empezamos a hablar también de enfermedades, lo que es buena muestra de que vamos peinando canas…

Así que esta mañana he amanecido con un intenso dolor de cabeza agravado por un fuerte golpe en el casco del submarino que me ha despertado de muy mala leche. He abierto la escotilla y ahí estaba la Patrulla Naval de los forales, Andonio golpeando mi escotilla y Palomares al cuidado de Txistorro, que es el nombre de la embarcación que utilizan. Como digo he abierto la escotilla y sin tan siquiera desearme los buenos días Andonio me ha espetado: Ranca de aquí que han abierto Eugui. Lo que en un lenguaje menos minimalista viene a querer decir que mueva el submarino, que han abierto las compuertas del pantano de Eugui y el Arga viene de crecida.

Andonio me avisa porque hace un par de años no tomé medidas para la crecida y la riada nos dejó a Foralico y a mi varados en las campas donde tiene los caballos Luisgoñieldeloscaballos.

Andonio es hombre de rompe y rasga y parco en palabras, alto, fibroso y siempre con cara de estar estreñido. Somos amigos de la infancia, estudiamos y crecimos juntos, salimos en cuadrilla y pillamos también juntos las primeras mangas. Recuerdo en una de ellas que a Andonio le dio llorona. En realidad desde que tengo uso de razón se ha llamado Antonio, pero aquella noche que la pilló chunga le dio por sincerarse de un golpe con sus mejores quince o veinte amigos mas algunos desconocidos que pululaban por ahí, y nos dijo que últimamente sentía que afloraba dentro de el no se qué de lo vasco y que había decidido cambiarse de nombre para integrarse en su nueva realidad y que a ver si a partir de ese momento podíamos llamarle Andoni. Y acabó quedándose con Andonio, que es lo que pasa cuando planteas cuestiones cruciales y de calado a un público animado por Baco y dispuesto a apoyar incondicionalmente y de por vida al amigo necesitado de comprensión y de cariño y que acaba de salir del zulo, que es el equivalente a salir del armario pero en tema nacionalista.

Su compañero Palomares, submarinista de la Guardia Civil es hombre de mediana edad, casi mas ancho que alto, a modo de los esquimales. En realidad es de origen extremeño, pero lleva toda la vida en Navarra, se casó con una navarrica y tiene dos hijas de la tierra.

Cuando la Chivite anunció que para tener contentos a sus amiguicos de Bildu iba a echar a la Guardia Civil de Navarra, Palomares movió ficha rápido y pasó a formar parte de la Policia Foral que, dada su condición de submarinista, venía como anillo al dedo para ocupar un puesto en la división naval que se estaba creando. Es un hombre campechano con el que da gusto hablar de cualquier tema excepto de futbol, no se te ocurra meterte con su atlético de Madrid porque te la juegas, y no es un decir.

Ambos patrullan el Arga en su embarcación “Txistorro”. Txistorro en realidad es un pedaló que la que fue consejera de interior María José Beaumont compró en Salou de segunda mano para crear la flota naval de la policía Foral. Aquella compra fue bastante controvertida, ya que a todo el mundo le parecía mas oportuno una embarcación a motor, sobretodo si había que navegar a contracorriente. Pero ya se sabe que para los bildus y compañía lo mejor que puede ocurrir en esta vida es que la policía llegue tarde y cansada y el pedaló era sin duda la herramienta perfecta. Lo pintaron de rojo y gris, le escribieron encima unas cosas en la Lingua Cabreorum y hala, a navegar.

Dado el aviso, la patrulla se retira, yo cierro la escotilla y procedo.

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