Opinión / In foro domestico

Sobre el alojamiento en Pamplona

Por Ángel Luis Fortún Moral 02 enero, 2020 - 9:48

Las políticas desarrolladas en Navarra no han mejorado el acceso de las familias a una vivienda, sino que han dejado el sector en manos de la especulación.

Una persona sujeta las llaves de una vivienda. ARCHIVO
Una persona sujeta las llaves de una vivienda. ARCHIVO

Internet es una herramienta fabulosa. Por ejemplo, al buscar alojamientos baratos en Pamplona, pueden encontrarse habitaciones de hasta cuatro camas desde 14 euros la noche en distintos hostels y pensiones situadas, por ejemplo, en Pío XII, Baja Navarra o la calle Sangüesa.

Es espectacular la facilidad en la búsqueda, que sin duda tiene su contrapartida en la maleabilidad de la oferta. Qué barato es alojarse en Pamplona y, casi, en cualquier parte del mundo, si se busca con tiempo y cierta habilidad. Tirado.

Por la resolución 68/2019 del director general de Vivienda de Navarra se establece el precio del alquiler en torno a 552,54 euros al mes para viviendas protegidas en el año 2020, lo que supone 18,41 €/día. En el mercado libre, los precios escalan hasta superar los 700 €/mes, lo que supone en torno a 45 €/día.

Es evidente que resulta más barato el alojamiento de visita o turisteo que el alojamiento para instalarse y vivir en Pamplona. Lo que afecta “solamente” al 18% de las familias. Aunque el porcentaje va creciendo.

Nasuvinsa señala que siete de cada diez solicitantes de vivienda la piden en alquiler. Según el Observatorio de la Vivienda, podría haber alcanzado este año el 20%. En este momento, uno de cada cinco hogares estaría en alquiler.

En el extremo de este drama se sitúan varias decenas de familias a las que, por ser negras (son madres con hijos, algunas de ellas salieron de la prostitución), ni siquiera se les permite acceder a un alquiler, aunque tienen concedida la Renta Garantizada y siguen hacinadas en habitaciones compartidas y en locales “apañados” de aquella manera. Un terreno abonado para arrendadores sin escrúpulos y clanes o mafias de empadronamientos. La necesidad de vivienda es tan evidente que ninguna administración se cuestiona que en el censo de habitantes de una vivienda figure hasta una docena de personas.

Mientras tanto, centenares de pisos están vacíos. Cada vez hay menos viviendas en poder de la banca y cada vez hay más viviendas convertidas en alojamientos de pernocta que, obviamente, no se ocupan todas las noches. Pisos reconvertidos en alojamientos que, tarde o temprano, se encontrarán con familias que los ocuparán de manera permanente. Un escenario a punto de producirse: familias alojadas en espacios para turismo. Porque la calle es la otra alternativa.

Conviene recordar que por aquí ha pasado un gobierno de cambio. Conviene recordar que, en este asunto, nada ha cambiado. Al contrario, los datos indican que durante los años 2015-2019 fue la legislatura en que menos vivienda protegida se ha terminado desde 1994. Y eso con todo un flamante departamento de Derechos Sociales que se ha vendido como la solución definitiva a todos los males endémicos de la Comunidad foral.

Estos datos contrastan con el triunfalismo de un Gobierno de Navarra que mantiene las políticas de la anterior legislatura. De hecho, cerró 2019 con la menor cifra de vivienda pública terminada, junto al 2017, desde 1994. En noviembre del 2017 se anunciaba la promoción de 524 viviendas que, dos años más tarde, todavía se encuentran en construcción (285) y hasta en promoción (183). En ese mismo período, siempre según los datos de Nasuvinsa, las solicitudes de vivienda protegida en alquiler pasaron de 5.790 en septiembre del 2017 a 9.124 en diciembre del 2019.

Al igual que ocurrió al comienzo de la anterior burbuja (2000-2004), la excesiva lentitud, cuando no pasividad, de los poderes públicos alejan a las familias de acceder a la vivienda. De nuevo, la vivienda (sería más ajustado hablar de mero alojamiento) se ha dejado en manos de la pura especulación, que hace más ricos a los ricos y empobrece más si cabe a las familias.

Pues bien, puede señalarse que todos los partidos que hoy se sientan en el Parlamento de Navarra han aprobado leyes y planes de vivienda o sobre vivienda, desde responsabilidades de gobierno foral y/o municipal. El resultado final de las políticas de todos ellos es que, hoy, alojarse en Pamplona es baratísimo y facilísimo, siempre y cuando sea un alojamiento de usar y tirar.


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