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Opinión / In foro domestico

Sanción por ser joven

Por Ángel Luis Fortún Moral 12 agosto, 2021 - 9:01

El autor denuncia el señalamiento y la persecución a los jóvenes a través de los botellones y acusa al Gobierno de ir contra sus derechos fundamentales.

Agentes de la policía actúan durante el botellón en Pamplona.
Agentes de la policía actúan durante el botellón en Pamplona.

¿Y por qué nos multáis a nosotros si aquellos mayores también están bebiendo en la calle? cuestiona el joven al agente que ni siquiera se molesta en apartar su atención de la gestión que está realizando.

A doscientos metros se observa a media docena de varones de unos cuarenta años, sentados en las escaleras esperando a que llegue otro con las bebidas que, seguramente, habrá adquirido en la txozna provisional de más atrás.

La norma tipifica el “consumo compartido de bebidas alcohólicas en la vía pública y en el resto de espacios abiertos al público que no estén permitidos por la autoridad sanitaria”. Resulta difícil no darle la razón al joven en su queja.

Lo que desconoce el joven, posiblemente también el agente y, hay que confesarlo, incluso casi cualquier jurista por excelente que sea su formación, es que en esta pandemia el Estado de Derecho ha saltado por los aires.

No importa lo que digan las normas. Se persigue y sanciona la idea, el concepto difuso. En este caso se persigue “el botellón”, concepto que no está recogido en ninguna norma. Desde luego no lo define el Decreto Ley Foral 9/2020 que trata de tipificarlo. El botellón es la causa justificativa (o eso dicen) del actual toque de queda intermitente que en este momento sigue en vigor.

¿Y qué es el botellón? Pues una reunión de gente joven bebiendo en la calle. Nadie piensa en botellón al ver un grupo de indigentes rulando cajas de vino. Mucho menos se identifica como botellón al consumo compartido de señores bien con sus vasazos, clink-clink, por muy alejados que estén del local. Por lo que sea, en el concepto difuso de botellón el elemento joven se considera esencial, de modo que cualquier analista no entenderá si lo que en realidad se está persiguiendo la norma es la aglomeración descontrolada (todo indica que es foco de Covid-19, se beba o no), el consumo de alcohol o el mero hecho de ser joven.

Quien pretenda salir con el falso puritanismo de que se persigue el perjudicial consumo de alcohol en los menores debiera ir a una norma muy anterior a esta pandemia, la Ley Foral 10/1991 que castiga a quien facilite el alcohol a menores, incluso de manera gratuita, con hasta 6.000 euros y, en el caso de tiendas, clausura del local de hasta 1 año.

¿Por qué se opta por la persecución a esos adolescentes? Porque es más fácil. Mucho más fácil que andar indagando qué locales, qué mayores les facilitan el consumo. Nada. Mucho más fácil sacudir al débil, sacudir al fuerte es mucho más costoso y arriesgado.

Pues esa persecución a las cuadrillas de adolescentes, cuyo ocio se ve limitado a quedadas con colegas en la calle, resulta contraria al derecho fundamental de interés superior del menor. Sí, derecho fundamental porque el artículo 24.2 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea lo reconoció en 2010 y exigió la modificación del artículo 2 de la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor: “Todo menor tiene derecho a que su interés superior sea valorado y considerado como primordial en todas las acciones y decisiones que le conciernan, tanto en el ámbito público como privado”.

Por tanto, ese afán por poner una multa y que les repriman los padres (bronca en casa), está vulnerando directamente ese derecho fundamental (también el derecho fundamental a la vida privada y familiar). Qué fuerte ¿no? Porque ni el Defensor del Menor, ni el Consejo de la Juventud, ninguna institución o administración ha dicho nada frente a esta persecución. Hasta ese punto nos estamos ciscando en el interés superior del menor.

Claro, si se trata de educación sexual, el Skolae debe imponerse por encima de las familias, en eso intervencionismo público hasta el colectivismo extremo. El marrón de recibir en casa una multa por consumir alcohol que se enjuague en el ámbito privado familiar, en eso individualismo ultraliberal, los poderes públicos se abstienen, salvo para notificar y tramitar el expediente sancionador.

El interés superior del menor en España ya ha sido violado varias veces durante esta pandemia. Para empezar, que los menores fuesen los últimos en salir a respirar aire en el confinamiento de 2020. Y aguantaron modélicamente. Esas criaturas que ahora se persiguen aguantaron admirablemente hasta el último día. No sólo no se lo reconocimos, resulta que ahora les perseguimos en la única alternativa de ocio que les hemos dejado.

Por supuesto, en el plan de vacunación han sido los últimos. Porque las vacunas, bla, bla, bla. Pero los últimos. Y ahora a correr porque el curso que se avecina y… ¿Interés superior del menor? Ya. Por eso a menos de un mes todavía están mareando con el horario lectivo. Cuidada planificación atendiendo el interés superior del menor.

Y ahora a saco contra los grupos de jóvenes que se reúnen en la puñetera calle porque no hay más alternativas. Peor. Imitan la única alternativa que hemos fomentado. Esa Pamplona llena de txoznas a rebosar desde mediados de mayo, cuando las masas adolescentes estaban terminando sus exámenes. Qué efervescencia social la de poder salir de potes y encima sin mascarilla. En ese caldo de cultivo que cuajamos los mayores terminaron los exámenes, los cursos y los ciclos. ¿Irresponsables fiestas de estudiantes? Será que los curritos hemos sido modelo de responsabilidad.

¿Y los viajes y fiestas de fin de curso?, conviene recordar que no fueron con sus propios medios: alguna administración las autorizó, con el silencio cómplice del resto de administraciones, alguna empresa los llevó, organizó, les puso música y bebidas. Y todos cobraron por ello. En la borrachera de la disco ningún agente de la autoridad entró a preguntar por la edad. Pero las licencias y los impuestos correspondientes engrosaron las cifras que luego se pretenden vender como recuperación.

Sería bonito cerrar este texto con esperanza. Lo lamento. Si algo estamos demostrando en esta crisis es el descorazonador comportamiento de todos los poderes públicos y de la inmensa mayoría de las instituciones. Hay personas que están soportando admirablemente. Eso es lo único que en este momento nos mantiene en pie. El legado que estamos dejando a esa juventud machacada resulta tenebroso. La única ilusión es que esas generaciones estén muy por encima de la nuestra. Por sus méritos.


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