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Por qué Skolae no es feminismo

Por Amaia Úriz Zarza 19 noviembre, 2018 - 7:58

El feminismo es una lucha por la igualdad. Por la igualdad basada en un principio: los hombres y las mujeres somos diferentes, pero salvo para parir, y solo parir, que no criar, la mujer y el hombre es intercambiable. 

Una concentración feminista en Pamplona. EFEDiges
Una concentración feminista en Pamplona. EFEDiges

Pero sucede que la cultura, la sociedad y el poder no lo han creído así. Han sostenido que el hombre era el superior, el importante y tenía que tener más derechos. Hasta la vigésimo segunda edición, para la RAE se era más huérfano si moría el padre.

Venimos arrastrando esta desigualdad desde Mesopotamia (tomemos la civilización entre el Tigris y el Éufrates como el origen de la nuestra). Desde entonces, hace miles de años, el hombre tenía unos roles, unos derechos, un sitio en la sociedad. Mucho mejor que el de la mujer. Por supuesto. No vamos a ahondar en esto porque creo que es de las pocas cuestiones en las que no hay disparidad de opiniones.

Bueno pues llegó la enciclopedia, llegaron los albores de la democratización y del conocimiento surgió el feminismo. La reivindicación era la lucha por la igualdad. No la lucha contra el hombre. No la lucha a favor de la mujer. La lucha por la igualdad. La suma.

Se demostró que esos roles reservados a los hombres eran ejercidos por las mujeres y los resultandos que se buscaban, logrados. Se siguió avanzando y la mujer podía ser rockera, astronauta, sindicalista... Y se siguió avanzando y el hombre debía asumir sus responsabilidades domésticas, debía reconocerse como un igual a la mujer. Con ello se le abría la oportunidad de adoptar roles reservados para el otro sexo que podía y quería ejercer.

Hemos avanzado, pero persiste el poder masculinizado. El hombre se resiste a ceder espacio. A nadie le gusta perder privilegios. A nadie le gusta fregar el cuarto de baño.

Pero volvamos al comienzo de mi escrito. Skolae no es feminismo. Skolae niega la primera condición del feminismo: que el hombre y la mujer siendo diferentes deben de ser iguales en su condición de personas, en su ciudadanía, en el ejercicio de la vida. El feminismo niega que existan expresiones genuinas de niñas o de niños, características emocionales de niñas o de niños, necesidades de niñas o de niños. Eso lo niega el feminismo. Por lo tanto, no hay una manera de ser niña o una manera de ser niño. Hay una manera de ser. En realidad, hay tantas maneras de ser como seres hay. Pero sucede que en nuestra sociedad y en nuestra cultura todavía persisten los usos y costumbres que nos obligan a un comportamiento si eres niña o eres niño. Para lograr que esto deje de ser así hay que trabajar en la igualdad y no en el género.

Una mujer no se construye en el género. El género es una construcción artificial, no existe, no se siente, no se nace de ningún género. Se nace hombre o mujer. Sexo femenino o sexo masculino. Y esto, y ahí está la lucha y la conquista, no debe de condicionar a la persona como ser social. Sin embargo, estamos muy lejos todavía de lograrlo. Pero hay que perseguirlo. La vía no es inventar una ideología (de género) que destruye todo el avance del feminismo.

Lograremos una sociedad mejor cuando el niño y la niña no tengan que adoptar los roles establecidos en la desigualdad. Y si un niño quiere vestirse con una falda e identificarse con su madre en sus maneras, por ejemplo, no necesita decir que es una niña para ser él mismo y para tener su espacio. Estamos lejos de lograrlo, lo sé. Pero el feminismo lleva muchos años luchando para ello. Y no valen ahora atajos.

La sociedad que quiere construir el feminismo avanza sobre lo bueno del pasado y aprende de lo malo, pero no combate el pasado, esa lucha es estéril y el feminismo es muy fértil. El feminismo no admite victimización de la mujer y no tolera la negación de la desigualdad histórica. Ve necesario un lenguaje no masculino y acciones correctivas que corrijan tendencias contra la mujer enraizadas en la sociedad.  

Decía que Skolae no es feminismo porque su visión de la persona y la narración niega a la mujer. La mujer como una unidad. La ideología de género llega incluso a negar su sitio a una mujer si no se comporta conforme a lo que esa ideología establece que es el género mujer. Inventa muchos géneros, y muchos en realidad es ninguno y eso no avanza en la igualdad, la desiguala todavía más.

La igualdad es que una persona, nazca mujer u hombre, no tenga la vida condicionada por su sexo, ni que decir tiene por sus gustos sexuales. El feminismo hace mucho que no discute sobre ello. ¡Vale! es un reto muy grande. Pero también lo fue que votáramos y las sufragistas dieron su vida por ello. Y aquí estamos: gobernando países. Thatcher, Chamorro, Kirchner, Merkel, Gravar, Szydlo, Bachellet, Rousseff, May.

Navarra fue la sexta comunidad española en elegir una mujer para la presidencia del Gobierno, Barcina. Le sustituyó otra mujer, Barkos, que lamentablemente está siendo una enemiga para el feminismo imponiendo Skolae en el sistema educativo.

La vida está llena de opciones y hay personas rudas y personas moñas, y hay personas delicadas y personas fuertes, y hay a quien le gusta maquillarse y a quien le gusta dejarse bigote, depilarse las axilas o llevarlas al natural. Pero eso dependerá de la persona y no de su sexo. Una niña lo será aunque le guste jugar al balón, tenga atracción sexual por otra niña y se interprete en el look de cowboy de Brokeblack Mountain.

Una niña no sé cuestionará si es niña o niño por el rol que le permite la sociedad desarrollar, o el nombre que quiera tener, o la ropa que quiera vestir, o la sexualidad que quiera vivir. Es la sociedad quien debe cambiar, no es la niña quien tiene que reivindicar pertenecer al otro sexo para poder ser como es y vivir como quiere vivir. Pensar así es ser feminista. Por eso lucharon muchas mujeres. Y por supuesto Skolae no lo sostiene así, porque Skolae no es feminismo.

Este es mi pensamiento y si Skolae lo recogiera y quisiera educar en mis principios tampoco tendría mi apoyo para ser materia obligatoria de enseñanza y de aprendizaje. Jamás hay que conformar el pensamiento y las convicciones al dictado del Estado, del poder y del gobierno.

Yo entiendo que el conocimiento, y el feminismo no es otra cosa que cultura, se alcanza sin imposiciones. Me encantaría acelerar el mundo. Y me encantaría que la sociedad no fuera machista. Que lo es. Pero ya se logrará. Hemos dado pasos de gigantes.

Decía muy arriba en este escrito que, salvo parir, la igualdad se puede establecer en todos los órdenes de la vida. Los roles no son uniformes. David Bowie no necesitó ser mujer para mostrarse con un vestido y una pamela y pasear el carrito de bebé por el parque. Fue una excentricidad feminista.

Yo quiero ese feminismo. Que todo el mundo sea feminista por convicción. Y quiero hacerlo de mano de los hombres. Sin atacarles y sin inventar identificaciones ni sistemas para encajar juicios sumarios y prejuicios totalitarios. El feminismo no necesita etiquetar ni listar pensamientos buenos o malos para obtener la autoridad en su discurso. Y por supuesto, jamás invisibiliza a las mujeres que no se comportan conforme al modelo aceptable. Hacer catecismos no es feminismo. 

Todo eso hace Skolae, por eso no es feminismo. Si lo fuera partiría de la convicción de que a la sociedad se le convence y no se le adoctrina.

El feminismo siempre ha conquistado los avances para la mujer en beneficio de toda la sociedad luchando desde la razón.


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