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Adiós, Andéraz

Por La voz de los lectores 12 Mayo, 2019 - 10:34

Carta enviada por Iñaki Cruz Díez de Ulzurrun.

Un niño, durante una clase en un colegio ARCHIVO
Un niño, durante una clase en un colegio ARCHIVO

Este curso digo adiós al colegio de mi vida. De mi vida y de muchas otras. Un centro entre un millón. Un lugar diferente, especial, único.

Este curso se despide el Colegio Internado Nuestra Señora de las Escuelas Pías de Andéraz, o lo que es lo mismo, Andéraz de toda la vida.

Tras 98 años de vida, con miles de experiencias entre sus cuatro paredes, el único internado de Primaria de Navarra, La Rioja, Aragón y País Vasco cierra sus puertas, rodeado de ese entorno privilegiado que mis ojos nunca podrán olvidar.

Yo no estudie aquí, pero puedo decir que este es mi colegio. Lo es y lo será siempre, porque es el que ha marcado mi vida, mi existencia, mi escala de valores y mi forma de ver la realidad.

Por suerte, gracias a la madre Inés y a José Antonio Osés, tuve la fortuna de aprender en Andéraz, y bien digo aprender, porque aunque fuera docente, es lo que aquí hice. Aprender de mis niños y niñas, sus vidas y experiencias, su energía y vitalidad, sus dificultades y, cómo no, también sus fortalezas.

Andéraz siempre fue un colegio diferente, un lujo en un paraje natural, en el que los saberes estaban por detrás de las personas. Aprender a ser persona, a entender la realidad, y a crecer como una mismo, siempre estuvo por encima de las matemáticas y la lengua castellana. En un modelo actual en el que los conocimientos priman, Andéraz fue el cobijo para todos aquellos a los que el sistema “normalizado” no era capaz de llegar.

Aquí, la convivencia 24 horas al día les daba a todos nuestros pequeños una segunda “familia” a la que sentirse unido. El cariño nunca estuvo reñido con la exigencia. El aprender a ser siempre fue de la mano con el aprender a hacer.

Cada nuevo curso era una aventura, con diferentes alumnos que descubrir y descifrar. Lo que valía un curso no servía el anterior, pero el cariño y el amor siempre eran herramienta indispensable para poder llevar a cabo el camino hasta junio de la mejor manera posible.

Tras 12 años en el centro, solo puedo decir que aprendí más de lo que enseñé, que disfruté más de lo que trabajé y que, sobre todo, mis chicos han dejado más huella en mí de la que nunca podré dejar yo en ellos.

Ahora, echando la vista atrás, es momento de agradecer a mis directoras, Inés, Isabel y Maxi, a las religiosas escolapias, así como a mis compañeros (docentes y PAS), todo lo que me han mostrado. Para mí, habéis sido maestros de vida, cada uno con su estilo personal.

Mirando hacia delante, solo puedo pensar en todos esos niños que no tendrán la oportunidad de conocer y disfrutar de este centro único, capaz de marcar la diferencia en la vida de las personas, como antes ha pasado con tantos otros, entre los que me cuento.

Adiós, Andéraz. Te echaré de menos.

Carta enviada por Iñaki Cruz Díez de Ulzurrun.

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