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El Estatuto Vasco de 1936 (II)

Por Javier Aliaga 06 diciembre, 2016 - 22:07

Proponemos un hecho histórico para que el lector adivine si se trata o no de una falsedad.

Constantino Salinas presidiendo la asamblea general de municipios vasco-navarros del 19 de junio de 1932 en el teatro Gayarre.
Constantino Salinas presidiendo la asamblea general de municipios vasco-navarros del 19 de junio de 1932 en el teatro Gayarre.

Verdadero o falso:

Navarra jamás dijo SI al Estatuto Vasco.

 

La Constitución republicana y los estatutos

Para la aprobación de un estatuto de autonomía, el artículo 12 de la Constitución de la II República imponía tres condiciones: «a) Que lo proponga la mayoría de sus Ayuntamientos o, cuando menos, aquellos cuyos municipios comprendan las dos terceras partes del Censo electoral de la región; b) Que lo acepten, por el procedimiento que señale la ley Electoral, por lo menos las dos terceras partes de los electores inscritos en el Censo de la región. Si el plebiscito fuere negativo, no podrá renovarse la propuesta de autonomía hasta transcurridos cinco años; c) Que lo aprueben las Cortes.»

Es decir, el artículo 12a abría dos posibles vías para iniciar un proceso estatutario: solicitud por un número de ayuntamientos superior al 50%, o por el número de municipios representativos del 66,66% del censo. Mientras que la aceptación definitiva de un estatuto en una región, según el 12b, sólo era posible mediante un plebiscito refrendado por el 66,66%, no de votantes, sino del censo.

Adicionalmente, la Gaceta –el BOE de la época-, publicó el 9 de diciembre de 1931 un decreto firmado por Azaña como presidente del Gobierno, cuya redacción se atribuye a Prieto, que era la hoja de ruta del proceso estatutario de las provincias Vascongadas y Navarra. El decreto otorgaba a las Comisiones Gestoras de las diputaciones la iniciativa y el control de los procesos estatutarios, evitando así movimientos de ayuntamientos nacionalistas.

El mismo día de la publicación del decreto, se aprobó la Constitución republicana pero a la votación no acudió la minoría Vasco-Navarra que no hacía acto de presencia desde octubre. Al día siguiente se eligió a Alcalá Zamora como primer presidente de la II República por 362 votos, entre los cuales, los correspondientes a los 5 miembros del PNV, con el descuerdo del resto de vasco-navarros.

Asamblea del 31 de enero de 1932

Las Gestoras vasco-navarras convocaron simultáneamente para el 31 de enero de 1932, en cada capital, las asambleas provinciales de municipios. El objetivo era decidir si la provincia aceptaba continuar o no el proyecto estatutario conjunto; no se trataba de votar un estatuto cuya redacción estaba por confeccionar.

La asamblea de Pamplona se inició con la presentación del vicepresidente de la Gestora, Salinas (Constantino). Seguidamente interviene el republicano radical-socialista (PRRS) partidario del Estatuto Navarro, Azarola (Emilio) alcalde de Santesteban y diputado a Cortes por la Conjunción republicana-socialista -participó en la proclamación de la II República desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona-. Expresa su desacuerdo con el decreto que «niega el Derecho que nos legaron nuestros padres y que nosotros debemos legar a nuestros hijos», y añade: «Los vascos tienen que empezar por hacer lo que los navarros tenemos por Derecho.»

El alcalde de Santesteban continúa: «Tenemos independencia autonómica hacendista… Tenemos un Derecho que ni las Cortes Constituyentes ni España nos pueden quitar y además es mayor que el que la Constitución pueda darnos con el estatuto, por lo que si presentamos un estatuto único forzosamente mermaremos nuestro Derecho: se nos mermará esa autonomía hacendística… no debemos unir nuestros destinos con quien tiene menos que nosotros.» Plantea varios escenarios en el caso de que Navarra apruebe la vía estatutaria vasco-navarra y añade: «si una provincia no quiere seguir con el Estatuto mancomunado volverá a ser una provincia de España. De modo que si pasado tiempo Navarra se separa de las Vascongadas quedará reducida a una simple provincia de España.»

El representante de los valles del Roncal y del Salazar añade: «En la otra reunión optamos por el Estatuto Vasco-Navarro porque en él se incluía la cuestión religiosa: pero ahora que no se puede tratar de ella optamos por el Navarro…» El alcalde de Tudela interviene: «Si optamos por el Vasco-Navarro ha de ser sometido al referéndum de las cuatro provincias y entonces Navarra tendrá que someterse al voto de la mayoría de las tres vascongadas… Es desconocido en absoluto lo que vamos a votar, pues no existen ninguno de los dos estatutos, con el riesgo de que perdamos la autonomía en cuyo caso el día de mañana el pueblo navarro nos podrá exigir responsabilidad.»

Dan su parecer los alcaldes de Sangüesa, Cortes y Murchante, este último plantea la pregunta: « ¿Cuando vayamos a la asamblea magna de representantes de los Ayuntamientos de las cuatro provincias para decidir sobre el estatuto, podrá Navarra retirarse si le conviene para conservar su autonomía?» Seguidamente interviene el alcalde de Pamplona que se adhiere a lo dicho por el de Murchante, añadiendo: «Se ha dicho que esta Asamblea no es decisiva. Pues es decisiva… Los Ayuntamientos no deben tomar un acuerdo tan importante sin que el Gobierno aclare que la voluntad de Navarra será respetada. Esto es decisivo y sin aclararlo creo que los Ayuntamientos no deben acordar nada…»

Salinas esgrime varias soluciones y propone «votar por el Estatuto Vasco-Navarro condicionalmente, a base que el referéndum sea provincial.» Se suspende la sesión para redactar un texto, que se reanuda con la enmienda que será aprobada: «Se acuerda verificar la votación en la forma señalada en la convocatoria y en caso de que sea favorable al Estatuto Vasco-Navarro la Asamblea acuerda que el Estatuto definitivo que se apruebe no podrá obligar a Navarra si no llega a obtener en la Asamblea general y en el plebiscito las mayorías de votos navarros exigidos en los artículos a) y b) del artículo 12 de la Constitución Española.»

Los resultados de la votación son elocuentes, un descenso de 95.000 votos de partidarios del Estatuto Vasco-Navarro con respecto a la asamblea de agosto de 1931, pero lo más relevante es que de las dos vías posibles del artículo 12a sólo cumplía una. A pesar de no alcanzar el 66,66% del censo, Navarra pudo continuar en el proceso estatutario gracias a la mayoría de municipios (60,3%)

Estatuto Vasco-Navarro EVN3

Un factor adicional que tuvo repercusión en el devenir estatutario, fue la creación en Pamplona, el 10 de enero de 1932, de la Comunión Tradicionalista como fusión de las tres ramas carlistas: integristas, mellistas y jaimistas. Los tradicionalistas no encontraban atractivo alguno en un estatuto laico, que obligaba a trabajar en el marco de la Constitución con artículos anticlericales, razón por la cual no quisieron participar en el estatuto. El resto de partidos trabajaron en la redacción del constitucional Estatuto Vasco-Navarro (EVN3), que vio la luz en marzo de de 1932.

A excepción del PNV el resto de partidos, a la derecha y a la izquierda, estaban divididos respecto al EVN3. El 15 de mayo la Junta Vasco-Navarra de tradicionalistas, dejó libertad de voto a los carlistas, de éstos Beunza y Oreja (Marcelino) eran abiertamente partidarios del EVN3; como también lo eran los católicos Gortari y Aizpún. Mientras que el PRRS navarro sufrió varias dimisiones en franco desacuerdo con Azarola.

La asamblea de 19 de junio de 1932

Días antes de la asamblea se intensificó en Navarra la campaña contra el EVN3, en prensa liderada por “Diario de Navarra” y con la colocación de carteles que proclamaban “Fueros sí, Estatuto no” y “El que vote el Estatuto Vasco-Navarro no es católico”.

La asamblea de municipios vasco-navarros, se celebró el 19 de junio de 1932 en Pamplona en el teatro Gayarre -inaugurado en la ubicación actual mes y medio antes-. Salinas dio la bienvenida a los asambleístas; seguidamente, Azarola manifestó que había pedido a la Gestora la celebración de una reunión de los municipios navarros previa, que no se había convocado y que estimaba conveniente realizarla.

Tras un tenso tira y afloja, se acordó suspender la asamblea para reanudarla por la tarde. A continuación los representantes navarros abandonaron el teatro Gayarre y cruzaron Carlos III para trasladarse al palacio provincial donde se celebró la reunión. Nuevamente Azarola insistió en el mismo argumento de enero, pero esta vez se remontó a la Ley paccionada de 1841, que leyó para demostrar la libertad autonómica de Navarra, agregando que al solicitar un estatuto Navarra renunciaría a su estado de Derecho, comprometiéndose a aceptar lo que las Cortes españolas quieran darle, «que es ni más ni menos lo que está ocurriendo con Cataluña.»

Para finalizar Azarola informó que existía un vació legal pues la Ley no contemplaba el plebiscito, con lo que Navarra se encontraría en indefensión por no poder intervenir en las mesas. El alcalde de Baztán manifestó que traía el mandato imperativo de su ayuntamiento de votar en favor del EVN3, como ocurre a otros muchos representantes. Según la crónica de “La Gaceta del Norte” de Bilbao «propone que cada cual quede en libertad para actuar en la votación nominal…Así se conviene.»

En la sesión vespertina de la asamblea hay un momento de confusión en el que Salinas da por aprobado el EVN3 por aclamación; pero intervienen varios alcaldes y se procede a la votación, por provincias y orden alfabético. Terminada la votación de Alava se oye un ¡Gora Alava!, y aplausos. De la misma forma, después de la votación de Guipúzcoa se oye ¡Gora Guipuzcoa!, con aplausos; pero al finalizar el turno navarro ya no hubo goras, Navarra se había desvinculado del EVN3 con un demoledor resultado.

La leyenda nacionalista

Aguirre calificó el fracaso de la asamblea como «traición más grave aún, que la del año 1839 en los campos de Vergara», entre las causas citó 8 pequeños municipios navarros cuyos representantes cambiaron el voto en la asamblea contraviniendo el acuerdo municipal. Jimeno Jurío en “Navarra jamás dijo NO al Estatuto Vasco”, añade otros 10 municipios; sin embargo, maliciosamente no aporta ni los porcentajes, ni la carga censal. En la tabla 3 se puede comprobar que el supuesto de Jimeno tampoco alcanza el 50% de los municipios. En cualquier caso, en un plebiscito difícilmente se hubiese alcanzado el 66,66% del censo.

La oposición al EVN3 fue generalizada, ni de izquierdas, ni de derechas, tampoco hubo complot. Sin embargo, el nacionalismo vasco tergiversó el fracaso de la asamblea: Aguirre acusó al carlismo de estar detrás; Jimeno aludió a coacciones y cohechos, aderezándolo con sórdidos hechos históricos que nada tienen que ver, pero propicios para los lectores de “Punto y Hora de Euskal-Herria” –revista donde se publicó-. Todo ello ha servido para recrear una de las leyendas del nacionalismo vasco.

Ésta es desmontada por el historiador Payne (Stanley): «no fue debido a una manipulación carlista sino una expresión genuinamente mayoritaria de todos los sectores políticos navarros.» Además analiza los principales factores causantes: «Las razones fundamentales surgían de la debilidad del nacionalismo vasco en Navarra y del sentido de identidad e integridad navarros, que quedaría, al menos parcialmente, diluido en un sistema vasco.»

Respuesta a la pregunta planteada

En septiembre de 1931 la embajada de alcaldes vasco-navarros entregó al presidente del Gobierno tres ejemplares del Estatuto Vasco, esto podría llevar a pensar erróneamente de que Navarra lo había aprobado; pero no fue así, lo que Navarra había aprobado era un Estatuto Vasco-Navarroreleer el artículo anterior-. Lo peor fue haber hecho firmar a los alcaldes navarros lo que no habían aprobado. Fue un menosprecio a Navarra y una falta de respeto a sus alcaldes.

Pero no se trató de un error, sino de un ardid porque Aguirre en sus intervenciones en el acto de entrega y en sus declaraciones a “El Sol” del 25-09-31, siempre habló de Estatuto Vasco, de País Vasco, o de pueblo vasco. Sepan los ingenuos e incautos que el nacionalismo vasco-navarro no existe; el sabiniano nacionalismo vasco es nihilista de lo navarro y por ende anexionista. Concepto que perdura en el tiempo, como lo demuestra el amalgamado gobierno de la Sra. Barkos obstinado en la demolición de los signos de identidad navarros.

Como hemos visto en estos dos artículos, Navarra nunca votó un Estatuto Vasco, ni a favor ni en contra, porque en las tres asambleas de Pamplona, -agosto 1931, enero 1932 y junio 1932- los representantes de los municipios navarros votaron un Estatuto Vasco-Navarro –dos veces a favor y una en contra-. Así que podemos concluir que Navarra jamás dijo SI al Estatuto Vasco –parafraseando a Jimeno-, por tanto el hecho inicial que se propone es verdadero.

En el próximo artículo veremos cómo Álava también se descuelga del Estatuto Vasco, no se lo pierda.

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