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Blog / Capital de tercer orden

Trapío

Por Eduardo Laporte 12 julio, 2016 - 11:51

Los de Victorino del Río dan una elección de elegancia que apenas deja rastro de sangre

Sexto encierro de San Fermín con toros de Victoriano del Río. PÍO GUERENDIÁIN (2)
Sexto encierro de San Fermín con toros de Victoriano del Río. FOTOS DEL ARTÍCULO: PÍO GUERENDIÁIN

Veo el encierro con mi sobrina y le explico el punto desde el que sus abuelos estarán viendo la carrera. 400 kilómetros no son nada. Me habla de “el túnel” que hay antes de la plaza y se fija en los detalles con el mismo propósito de agudeza que yo. «Le ha dado con el cuerno, pero con la parte que no pincha».

En efecto, hay toda una geografía de las astas y un ángulo romo, una curva suave de Estafeta dentro de ese mástil color hueso, y todo un ramillete de contactos con los corredores que no quedan en nada. Estás en el ojo del huracán, pero sales indemne. Otro de los atractivos del encierro. En este sexto encierro he visto cómo un toro atropellaba con el testuz a un corredor. Pasa a menudo: las caricias con el enemigo.

Me pregunta mi sobrina si sería posible un encierro con rinocerontes y si la soledad del cuerno haría más o menos peligrosos los encierros. ¿Y con los ciervos de la Taconera? ¿Y con una manada de elefantes? Trasladado al hospital Virgen del Camino un herido por asta marfileña de elefante, con una trayectoria ascendente de metro y medio. Un encierro bestiario ideado por Javier Tomeo.

Hoy los toros se han adelantado a los cabestros, que son otra suerte de bestias en las antípodas de la connotación, demasiado salvaje, de la palabra bestia. Decía Hemingway que los toros son menos peligrosos cuando corren juntos y cuando van emparedados por la mansedumbre cabestril. Esta mañana, los de Victoriano del Río se han independizado de sus guías y, quizá por ir bastante compactos, no han convertido el recorrido en una réplica pamplonica de la batalla de Verdún.

Ni siquiera en ese tramo de la curva de Telefónica donde, nos recuerda el locuaz, certero y fecundo Javier Solano, la manada tiende a la derecha, para barrer después a todo quien salga a su paso. Pero los toros sólo piensan en correr. Se han contagiado del campo mórfico circundante y entienden que hay que avanzar sin mirar atrás, llegar a ese punto B que intuyen que estará en algún lado, salga quien salga a su obstáculo. A veces, no hay obstáculos y, como hoy, se produce uno de esos encierros conocidos como limpios y el desayuno en el Echeve, Casa Flores o antaño el Casa Paco es también limpio, sin el relato del parte de guerra de otras mañanas. Puede que hablen, entonces, entre tiento de vino y muesca a los huevos fritos con chorizo, del ‘trapío’ de esos toros que han dejado un encierro indemne.

Me pregunto si ese imaginado encierro de bestias africanas que plantea mi sobrina tendría similar trapío, hermosa palabra, válida para toros y mujeres, nos recuerda la RAE, con su aire de diccionario de otra época.

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