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Razones para leer ‘Patria’ (2/2)

Por Eduardo Laporte 10 abril, 2017 - 21:38

Se ha escrito mucho sobre el libro de Aramburu, pero quizá aún no se haya leído lo suficiente.

Portada del libro 'Patria', de Fernando Aramburu.
Portada del libro 'Patria', de Fernando Aramburu.

Llámenme anticuado, moralista trasnochado, pero creo en el bien y en el mal, la verdad y la mentira, la belleza y la fealdad.

Y ETA ha significado el mal, la mentira y la fealdad. Sin embargo, quizá por cierto intento por parte de la derecha de monopolizar la repulsa a ETA, llegó a ser poco cool condenarlos.

Incluso se alentaron argumentos no tanto de justificación sino de una comprensión del asunto, avalados por causas históricas varias mientras se hablaba de un «conflicto» entre dos partes. Conflicto ha habido, sí, vidas conflictivas las que han tenido que padecer familias como la de Bittori y el Txato encarnados en la novela de Aramburu.

En el documental de Aitor Merino, Asier ETA biok, se habla de «acercar posturas», como si se tratara de una reunión entre padres de alumnos cabreados y profesores laxos. Las abusos policiales, las torturas, el GAL, la falta de cintura política del Estado central, la idiosincrasia de nuestro pueblo oprimido justificarían cuarenta años, aprox, de terrorismo. O, cuando menos, explicarían el fenómeno, otorgándole el marchamo de lo inevitable. Pues bien, una de las razones para leer Patria es quitarse esa idea de la cabeza.

¿Que cómo se explica el surgimiento de ETA y su sustento durante cuatro décadas, décadas que podrían haber sido de paz tras el anhelado fin de la dictadura pero que condenaron a otra generación a vivir acogotada?

Leyendo Patria te das cuenta de que las motivaciones son personales, psicológicas. Que todo fue una gran estafa similar a la del paraíso de las huríes que venden a los terroristas de DAESH. David Rieff entiende que quienes abrazan el islamismo radical quieren normas, aunque ello implique una vida más sacrificada y el riesgo de acabar en la cárcel o como mártires de su delirio.

En ETA, igual. La frustración primero, el odio primero, la fascinación por las armas —que es el empoderamiento de los petimetres— primero. La causa, después. Y esta es otra razón para leer Patria, el cómo se demuestra lo inconsistente de esa ideología de bárbaros sostenida en cuatro consignas de todoacién.

Los bárbaros no suelen leer, pero Patria también debería ser leída desde el bando filoetarra como certificado de defunción de un monstruo longevo del que sus padres abominarán un día. La posibilidad de que esto ocurra ya es otro motivo para celebrar Patria.  

'EKINTZA' O LA DESHUMANIZACIÓN DEL CRIMEN

Una muerte es una tragedia; un millón una estadística, dicen que dijo Stalin. Parecida frialdad mostraban los terroristas al reducir sus víctimas a objetivos y sus atentados a ekintzas. Eso los hace en parte menos sanguinarios, al reducir la alevosía o el odio personificado, pero los aliena aún más al convertir el acto de matar en una rutina fría.

Como cuando Iñaki Rekarte hizo explotar el coche-bomba, vía mando a distancia, que acabaría con la vida de tres civiles inocentes, error de cálculo, en Santander, febrero de 1992.

Otra de las razones para leer Patria es conocer esa cobardía operativa: ETA siempre disparó por la espalda y se protegía así en el eufemismo de la muerte. Esto ayuda a entender lo fácil que puede llegar a ser matar si uno lo envuelve de asepsia y de depravación moral para maquillar el asesinato a un inocente en la plaza del pueblo como una ekintza.

Esta venda en los ojos, este pasamontañas ético, no sólo lo llevarían los terroristas, sino todos los que los jaleaban y protegían sentimentalmente. Las Miren de Patria, viva encarnación del odio doméstico, malmetedor, insidioso, tóxico.

Aquella [ekintza] del bar, por el contrario, la llevaba muy presente. No por el tipo. El tipo le daba igual. A mí me mandan que ejecute a fulano y lo ejecuto sea quien sea. [Joxe Mari en la página 279]

Instrumentalizar el dolor, lavarse las manos a lo Pilatos, como si así fueran menos muertes o menos dolor. Se explica bien aquí. Un barroquismo intelectual, es un decir, que esconde una cobardía vil que tan sólo el citado Rekarte tuvo la dignidad de reconocer a cara descubierta.

EXTRAÑAMENTE AMENO   

Mi padre no era muy de dar consejos y mucho menos de prohibir, pero una vez me pidió que no participara, año 1998, en un concurso de guiones con ETA como tema de fondo. Como si no merecieran que alguien sacara algún tipo de tajada recreando sus historias.

Algo de eso parece pesarle a Aramburu cuando un personaje dice: «…es exactamente lo que mi madre no desea: que su sufrimiento y el de sus hijos le sirva de material a un escritor para que componga su libro (…) y le aplaudan después, y ganen premios, mientras nosotros seguimos con nuestra tragedia a cuestas».

Aramburu es consciente de eso, por eso se ha volcado en escribir un libro que no sea otro libro más sino, probablemente, el libro. Una novela sobre ETA que consigue lo que ningún autor ha conseguido hasta la fecha respecto a la guerra civil: que su obra sea la definitiva.

Nacida también con un ánimo de concordia, Patria logra el nada desdeñable hecho de que las palabras de un etarra, página 632, resulten conmovedoras. Debates posteriores sería el de sí Aramburu ofrece un retrato demasiado indulgente en aras, precisamente, de ese espíritu de concordia. Por desgracia, no creo que esté hecha la miel para el hocico del cerdo y no imagino a un Txapote leyendo a Aramburu.

Pero otra de las razones para leer Patria, y ya acabo, es el libro en sí. Su estilo, entre sencillo y evocador, realista pero poético, incluye tramas familiares, sentimentales, que refrescan la narración. ¿Que se podría haber dejado la novela en doscientas páginas menos? Pues no te digo que no.

Porque luego está el tono. Precisamente ese tono, el de la pregunta campechana y la respuesta socarrona. El tono de una de las mejores canciones de la historia del rock español, Como te digo una co, te digo la o, de Sabina, que refleja muy bien lo que es España toda, País Vasco incluido.

Vaya usted a cualquier playa de Vizcaya o Guipúzcoa y siéntese a escuchar a una familia vasca. Como te digo una o te digo una co. Aramburu exprime ese estilo y gana en verosimilitud, aporta un gracejo extraño y agradecido y suaviza una historia que de lo contrario habría sido demasiado oscura para ser digerida.

Tan sólo algunas razones para leer Patria. Si no les gustan, tengo otras.

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