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Leer o vivir los Sanfermines

Por Eduardo Laporte 03 julio, 2018 - 9:08

Se acerca el chupinazo y descubro que apenas tengo referencias literarias sobre el tema en un año con más ganas de leer sobre la fiesta que vivirla

Los toros entran al interior de la plaza de toros durante uno de los encierros de 2017. REUTERS
Los toros entran al interior de la plaza de toros durante uno de los encierros de 2017. REUTERS

Vuelven los Sanfermines que, al contrario que los Mundiales, siguen siendo cada año, y descubro con cierta inquietud lo magro de mi librería festiva. Paso por una librería de lance de la calle Moratín y decido poner remedio. ¿Tiene libros de toros? Claro.

Dentro, suena música clásica a toda mecha. El librero era habitual de los SF, me cuenta, hasta la muerte «del chico aquel». Le hablo del documental de los sucesos del 78 y me comenta que hasta entonces no se hablaba de política. A saber, cada uno tiene su propia lectura de la fiesta porque si hubo unos años politizados fueron los setenta. A pesar de su camiseta kukuxumusoide, me confiesa que tiene setenta años. Los setenta son los nuevos cuarenta. Nunca seremos viejos. No como esos viejos que conocimos, como nuestros abuelos, esos ancianos de pantalones grises, chaqueta de algodón negro y gafas de pasta marrón.

El librero me habla de Luis del Campo y, en mi taurofilia volátil y de salón, reconozco que no lo conocía. Ay. Me cita ‘Historia del encierro de los toros en Pamplona’, de 1980, como el más importante, aunque descubro ahora que tiene otros cuantos sobre el particular: ‘Historia trágica del encierro en Pamplona’, entre otros, así como ‘La Iglesia y los toros: curas y toreros’. No sabía que es binomio era posible: del alzacuellos a la chaquetilla. Vivir, en todos los sentidos, en capilla. Los juegos de palabras al respecto darían para otro libro sanferminero del autor.

En su larga lista hay muchos autoeditados (Pamplona, edición del autor, Imp. Grafinasa, 1975 y 1988), lo que demuestra una grafomanía no debería estar reñido con la calidad de sus trabajos. En internet, apenas hay información sobre él o su obra, más allá de enlaces a páginas de coleccionismo, cuando se me antoja un Arazuri de la sanferminología.

ENTUSIASMO

Ya trillado el muy estimulante ‘7 de julio’, de Chapu Apaolaza, pongo la vista en ‘Correr con los toros’, de Valery Hemingway, nuera del autor de ‘Fiesta’ y durante sus años finales su secretaria personal, y se me cae un papel con páginas señaladas en su día. En cada una, un subrayado sobre algo que me llamara la atención.

- Página 73: «A media mañana, hicimos una parada en Vitoria para encontrar hielo y comprar vino de la zona, clarete Las Campanas». (Recuerdo que escribí en su momento a la citada bodega para que tuvieran en cuesta este dato. Nunca recibí, como esperaba, respuesta. La poca fama del vino de Navarra quizá tenga que ver con esta desidia publicitaria. Algún día habría que hablar sobre la ‘marca Navarra’ y la importancia de venderse. Respecto al vino, los pequeños productores de la zona se lamentan de lo mal que suena la etiqueta de «vino navarro» en el sector. En las catas a ciegas, se sorprenden que ese vino tan bueno sea navarro y fin de la digresión.

-Página 84: «Ernest era un lector ávido y prolífico. Cada semana leía unos tres libros y nunca olvidaba lo que había leído».

- Página 91: «…Ernest vivía por y para su escritura. Escribir era la actividad vertebral de su existencia y cuando su capacidad de escribir empezó a fallarle no vio que le quedara ninguna razón para seguir existiendo».

- Página 96: «Viajar con Ernest nunca era aburrido. Era un hombre de extremos. Cuando disfrutaba de la vida (…), la disfrutaba al máximo, y tenía el don de contagiar su placer y su entusiasmo a quienes lo rodeaban.

Los grandes libros sobre los Sanfermines ya se han escrito. Me pregunto si habrá nuevos grandes libros sobre ellos, novelas, en concreto. Narraciones que describan el nuevo estado mental, ese espíritu de los tiempos que cabría preguntarse si perdió parte de su magia a partir de, precisamente, del año de «la muerte de aquel chico».

Juan Soto Ivars escribe en Twitter: «Pereza nivel: este año también hay San Fermín».

Este año, no me vestiré de rojo y blanco. Este año, no estará una persona que les daba sentido, porque las fiestas, la vida, ese manera de disfrutarla a lo Hem, depende también de aquellos que nos contagian su entusiasmo. Y cuando no están, a veces es bueno recordarlas y no hacer nada más. Pero el año que viene volveré para captar ese entusiasmo que no se puede definir y que sólo los grandes escritores saben apresar entre líneas.

Puede que fantasee con la idea de escribir una novela sobre los Sanfermines de ahora. Quizá encuentre el porqué de la pereza de Soto. A lo mejor, para que una tradición siga estando viva, conviene insuflarle dosis de modernidad. Este será un año de transición, un año de leer sobre Sanfermines, de escribir sobre Sanfermines (a partir del 7 de julio, las crónicas hiperveloces de los encierros, cada mañana en este medio). Será también un año de recordar, un año de dar un paso atrás para avanzar dos.

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