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Blog / Capital de tercer orden

¿Están en crisis los Sanfermines?

Por Eduardo Laporte 12 abril, 2016 - 8:30

A la espera del programa de la edición de 2016, es buen momento para plantearse si se vive de las rentas o la fiesta puede con todo

Carteles San Fermín 2016
Carteles seleccionados por el jurado para anunciar San Fermín 2016.

Se publica esta columna cuando quedan 84 días para la próxima edición de los Sanfermines. ¿Cuál? ¿La quingentésima cuadragésima séptima? Antes de que Hemingway los diera a conocer a esos protoguiris del mundo entero, llevábamos ya unos cuantos siglos de Sanfermines a nuestras espaldas. Leo que el primer programa del que hay constancia es de 1591.

La escalera avanza y, allá por abril, digamos que se accede a un descansillo antes los peldaños finales. Es por estas fechas cuando llegan los primeros síntomas de que la cosa va en serio y de que la Tierra sigue girando: te gusten o no, este año también habrá Sanfermines.

Y el primer indicador serio de ello es la presentación de los carteles finalistas al cartel de las fiestas. Vistos los de este año, el comentarista en redes sociales —este hombre ha nacido para eso, pero de momento es una profesión no remunerada, aunque animo a contratarlo— Javier Ancín, reaccionó, con un punto de sarcasmo, en Facebook, ante lo que consideraba un-más-de-lo-mismo como una catedral. Así comentaba los ocho trabajos presentados:


1: el típico cartel de Urmeneta.

2: el típico cartel con la S y la F.

3: el típico cartel del santo.

4: el típico cartel de no tengo ni puta idea de qué es.

5: el típico cartel sexista de solo las gigantas.

6: el típico cartel de triángulos/rombos.

7: el típico cartel de acumular basura escrita como de puerta de bar chungo de la calle Jarauta.

8: el típico cartel de querer ser creativo y te sale o un corcho de cava malo para el cohete o de vitola de puro malo para después de reventar el Riau-Riau.

ESTADO DE SALUD DE LA FIESTA

¿Llegará un día en que nos aburramos de los Sanfermines y se conviertan en algo parecido al Día de la Marmota en versión jaranera? Confieso que, al ver los carteles, experimenté una sensación parecida a la de Ancín. También, en 2015, en los toros, aprecié entre los habituales que allí se citan cada año una cierta inercia melancólica. Un estar un poco porque hay que estar y no podemos quejarnos porque eso no es de castas.

Con todo ello, y notando cómo mi propio entusiasmo se aletarga, porque reconozco que siempre he sido un sanferminero de barbecho, cabría preguntarse: ¿Están los Sanfermines en crisis? Y para responder a la pregunta, he acudido a los ciudadanos, pamplonicas la mayoría, que son los que al final saben. Y la conclusión, grosso modo, es que gozan de una mala salud de hierro y que, teniendo en cuenta lo relativo que es el éxito, aguantan lo que les echen sin flaquearles las piernas.

Aspectos mejorables, masificación, cierta cultura del garrafón, pero un alma que se resiste a abandonar la fiesta. Y ante la amenaza de posibles fracturas sociales por culpa de una eventual politización de las mismas, los sanfermineros consultados no ven una amenaza preocupante.

Lo resume bien Miguel Izu, autor de libros como ‘Sexo en sanfermines y otros mitos festivos’ (2007), en su respuesta a la cuestión de un posible ambiente enrarecido más de la cuenta, con los nuevos colores políticos en el Ayuntamiento: «Es una previsión que se hace todos los años y que suele fallar. Salvo que consideremos enrarecido el ambiente en el que vivimos permanentemente».

El propio Izu pone en tela de juicio la cuestión del éxito, desgaste o crisis de la fiesta. «Hay quienes denuncian que tienen mala salud, que se han deteriorado, que se han mercantilizado, que son menos auténticos, que se han convertido en un gran botellón al gusto de los turistas… Pero hace como un siglo que se viene diciendo lo mismo; lo sugería ya Félix Urabayen en 1925 en la primera novela que retrataba los Sanfermines, y lo escribió Hemingway en sus últimas visitas. Creo que tienen una salud razonable teniendo en cuenta su edad».

Parecido análisis, sin caer en reduccionismos, realiza Carlos Velázquez Goya, respecto al estado de salud de la fiesta: «Diría que muy buena, si se tiene en cuenta lo que van a perdurar. Buena, considerando la repercusión global que tienen. Sólo regular, si se piensa en la trascendencia de la fiesta para la propia ciudad de Pamplona. Y algo peor en cuanto uno se pone a revisar con criterios caducados cada detalle de la fiesta».

Otro de los encuestados para estos artículos, que responde al seudónimo de Fale, opina en cambio que están en «declive» y que «si no se toman medidas se pueden llegar a convertir en una fiesta pensada para el lucro de la hostelería y el desenfreno sin límites, perdiendo esa esencia cultural que tienen». Más crudo lo ve el citado Javier Ancín, para quien el estado de San Fermín actual es «comatoso». A su juicio, el festival está «zombi, muerto y no se entera. Sigue por inercia, pero no sabe por qué, ni hacia dónde».

En términos menos dramáticos pero sí críticos, se muestra la traductora Edurne Goñi, para quien gozan de un estado de salud «justito». La masificación, una de las principales causas de su desgaste. «Apenas somos de controlar a las masas que vienen, muchos hacen lo que quieren y pocos dicen algo. Se les ríen muchas gracias, demasiadas», dice Goñi, que echa en falta la espontaneidad de antes.

QUÉ MEJORAR

A la espera del programa, habrá quien espere novedades este año y quien rece para que no se toque nada, por aquello de que si algo funciona por qué arreglarlo. ¿Funciona? ¿Basta que con que lleguen en tropel grupos de japoneses y que la hostelería haga su agosto para certificar su buena salud?

La periodista Mirentxu Asin echa en falta más actos que representen la cultura navarra. «Deberíamos aprovechar para que los extranjeros conozcan nuestras costumbres, nuestra comida, nuestras artes». Pero donde parece haber más unanimidad es en mejorar la oferta musical, tras demasiados años de bisbaladas, chundas-chundas y Seguridad Social o Barricadas como grandes cabezas de cartel. (Claro que luego uno encuentra pequeñas joyas, como un concierto de Mastretta en la trasera del Ayuntamiento, allá por 2012, que recuerdo como un gran momento de aquel año, si se me permite el inciso.)

Ancín opina lo mismo. Mejores conciertos, igual que Edurne Goñi: «Hay cierto tipo de música bastante vetada y estoy del pop y de la música latina bastante hartita».

Marina Doria considera que le falta refinamiento. Le gusta la mezcla de «señora elegante y borrachos sucios», pero cree que  le hace falta más refinamiento a las fiestas y lamenta que vayan limitándose a un lugar de «retiro alcohólico». Juan Iribas, también periodista y colaborador de Navarra.com, ‘blanquearía’ los encierros, atestados de «colorines», sobre todo en la parte de Estafeta para adelante, tramo más mediático y menos auténtico del recorrido, en su opinión.

Todo apunta, aunque nunca se sabe, a que las fiestas de 2016 serán unas fiestas más, para bien o para mal. Aunque habrá que vivirlo para saberlo. En cualquier caso, es complicado que estén más politizadas que las de los Sanfermines de 1936. Pocas veces se entonó un ‘Pobre de mí’ con un sentido más trágico que aquel año.

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