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Empatizar con las víctimas

Por La voz de los lectores 31 Diciembre, 2018 - 11:36

Carta enviada por Javier Remirez de Esparza Cabodevilla.

La red ciudadana Sare colocó en Pamplona una celda simulada para "empatizar con los presos asesinos de la banda terrorista ETA. EFE/Villar López
La red ciudadana Sare colocó en Pamplona una celda simulada para "empatizar con los presos asesinos de la banda terrorista ETA. EFE/Villar López

Había leído la noticia en la prensa pero no me lo podía creer, tenía que  ser una inocentada, así que quise comprobarlo por mí mismo. El sábado  por la mañana, poco antes del mediodía, me dirigí al Paseo Sarasate. 

Llegué por el lado de la Diputación y todo parecía normal: familias paseando, hinchables y juegos infantiles, lo habitual en estas fechas. Seguí caminando en dirección al Parlamento, allí había algo; parecía una especie de caseta de obra, no podía observarla bien porque había un grupo de personas a su alrededor. Decidí acercarme más. Efectivamente, allí estaba, una recreación de una celda a tamaño real. Había un hombre dentro, sentado en una mesa y leyendo el periódico. Tras él, una pequeña cama.

Me quedé perplejo. Al parecer, la iniciativa, organizada por el colectivo Sare Herritarra y consentida por las instituciones que nos gobiernan, busca que los ciudadanos pasen media hora dentro esa celda simulada para que puedan hacerse una idea del sufrimiento que padecen los presos.

Bueno, he de reconocer que la idea de empatizar, de ponerse en la piel del otro, no me parece mala… siempre que se haga correctamente. En este caso, lo primero que habría que hacer sería definir bien al sujeto con el que quieren que confraternicemos; no se refieren a los presos comunes, en general, sino única y exclusivamente a los presos de ETA. Es decir, a los asesinos, secuestradores, extorsionadores y matones varios que tuvimos que padecer durante seis sangrientas décadas. En segundo lugar, ya que se nos pide que intentemos comprender la dura experiencia de su estancia en prisión, sería también necesario explicar cuáles fueron las acciones concretas que les llevaron a la cárcel.

Para ello, por desgracia, se podrían utilizar innumerables elementos: interminables listados de asesinados y mutilados, testimonios de viudas, entrevistas a huérfanos, fotografías de atentados, vídeos de funerales y capillas ardientes, o recreaciones de los zulos en los que mantenían a las personas que secuestraban (que, evidentemente, eran mucho más pequeños e inhumanos que esa celda que han plantado allí).

Así tendríamos una visión global y completa de los hechos. Las causas y sus consecuencias. Además, serviría como lección democrática: en un estado de derecho, aquellos que matan, secuestran y extorsionan (esto es, aquellos que practican el terrorismo, directa o indirectamente), terminan en la cárcel. Y por último, pero no menos importante,  serviría para que una sociedad moral y mentalmente sana empatizase con las víctimas, y no con sus verdugos. Por supuesto, el sainete que han montado en el Paseo Sarasate no pretende nada de esto, sino imponer su relato, provocar a la ciudadanía, seguir exaltando el odio y la violencia.

Tratan a los asesinos presos como a mártires y después, cuando salen de la cárcel, los reciben como a héroes. A estas alturas, no me sorprende que los acólitos del hacha y la serpiente planeen semejante aberración. Lo que me parece vergonzoso es que las autoridades les permitan escenificarla en el corazón de Pamplona.

Asqueado, seguí mi camino en dirección al Baluarte. Entonces vi, justo al lado del Parlamento, algo que me hizo reconciliarme con mi ciudad. Un oasis de humanidad entre tanta barbarie. Una flor brotando en mitad de la ciénaga. Eran unas cuatrocientas personas que pedían en silencio algo tan básico como verdad, memoria, dignidad y justicia.

Me quedé con ellas, claro. Al final de la concentración, todos aplaudimos y alguien leyó los nombres de los cuarenta asesinados por ETA en Navarra. Que nunca se nos olvide: es con ellos y con sus familias con quienes tenemos que empatizar.

Carta enviada por Javier Remirez de Esparza Cabodevilla.

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