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Los 11 acusados de Indar Gorri reconocen su pertenencia a un "grupo criminal" y evitan entrar en prisión

La Fiscalía y las partes han llegado a un acuerdo que evita la celebración del juicio y rebaja a la mitad las penas que se solicitaban. 

Miembros de Indar Gorri accedieron recientemente a El Sadar al terminar un entrenamiento de Osasuna. MIGUEL OSÉS
Miembros de Indar Gorri accedieron recientemente a El Sadar al terminar un entrenamiento de Osasuna. MIGUEL OSÉS  

Los once acusados miembros del grupo radical Indar Gorri ha reconocido los hechos y se han conformado con un año de prisión por pertenencia a grupo criminal, de manera que han evitado su entrada en prisión así como el juicio previsto desde este lunes en Pamplona. 

La Fiscalía solicitaba para todos ellos dos años de cárcel por pertenecer a un grupo violento organizado, mientras que las penas por "conspiración", que llegaban hasta los 16 meses en la mayoría de los casos, se han reducido también a la mitad. 

Así, el cabecilla del grupo, conocido como el "Comandante" ha sido condenado a un año y 8 meses de prisión, mientras que en el caso del resto de acusados las penas oscilan entre esa misma condena y dos años en el caso de uno de los acusados, que acumulaba hasta 6 delitos de conspiración. 

Ninguno de los once acusados ingresará en prisión tras el acuerdo y la sentencia firme. 

Las investigaciones comenzaron con 21 personas encausadas ya que, con la excusa del seguimiento a Osasuna, se desplazaban por diferentes ciudades con la finalidad de “cometer delitos de lesiones, sin importarles su gravedad”, o participar en riñas tumultuarias “buscando el enfrentamiento físico y violento con los grupos extremistas contrarios”.

La Fiscalía, sin embargo, presentó escrito de acusación contra 11 de los 21 encausados, de forma que el procedimiento se archivó respecto de los otros 10 al no pesar sobre estos imputación alguna. 

El juez instructor basó sus imputaciones en el análisis del contenido de las comunicaciones telefónicas intervenidas, los movimientos de la cuenta bancaria del grupo, los datos de geoposicionamiento de los teléfonos móviles, el contenido de los móviles intervenidos y los documentos incautados en los registros.

En el escrito del fiscal, que ha sido reconocido ahora por los acusados, se detalla que los ahora condenados "sirviéndose de su afición a Osasuna y amparados en su integración en un grupo de aficionados de ese Club mas amplio, denominado “Indar Gorri” constituyeron o formaron parte de un grupo singularizado que al margen de otras finalidades propias de su afición al fútbol, tenían también como fin propio el de cometer concertadamente y de forma estable hechos delictivos, consistentes básicamente en realizar actos violentos que pudieran alterar la paz pública y particularmente en agredir o atentar contra la integridad física de los componentes de otros grupos de aficionados, normalmente los mas radicales, de equipos de fútbol con los que se enfrentaba el Club Atlético Osasuna y que consideraban rivales".

Según el texto, "aprovechaban los desplazamientos a otras ciudades donde tenía que jugar el Club Atlético Osasuna y, en otras cuando los equipos rivales jugaban en Pamplona, para, organizándose previamente entre ellos, acudir en función de ese previo acuerdo a determinados sitios, donde quedaban con el fin de agredir a los componentes de los grupos “ultras” o mas radicales de aficionados de esos equipos, tratando con ello y entre otras cosas, de obtener un mayor grado de status o respeto de los demás grupos radicales con tales acciones violentas".

Según se desprende de los hechos probados, el grupos tenía hasta normas escritas, como que cuando acudieran para enfrentarse violentamente a los grupos rivales no debían llevar efectos personales encima, tenían que limitar el número de coches con los que desplazarse, no crear disturbios previos, mantener la disciplina, la puntualidad, o avisar a un teléfono móvil concreto en caso de necesidad".

Asimismo los acusados de forma parte del grupo criminal dentro de Indar Gorri establecían que dos personas del grupo fueran las encargadas de proveer de palos u otros objetos contundentes a los demás para sus fines lesivos.

Así, por ejemplo, para los desplazamientos del grupo a feudos de aficiones rivales, los acusados se reunían previamente para la planificación de los detalles, tales como el número de desplazados, posibilidad de concertar “una quedada” o enfrentamiento con el grupo rival, concretando los coches particulares que iban a viajar así como el número de los desplazados, se fijaban tanto los puntos de salida como los de reunión, el lugar donde debían hacer una parada previa antes de llegar al destino, quienes debían ir haciendo funciones de coche lanzadera y de reconocimiento para examen de la zona y comprobación de presencia policial.

Esa misma planificación se llevaba a cabo cuando los grupos ultras considerados rivales visitaban Pamplona, reuniéndose previamente para planificar las acciones violentas, desplegando estrategias de vigilancia en puntos de acceso a la capital y en torno a los locales donde se reunían, sobre la forma en la que iban a distraer al grupo rival, creación de grupos de acción, provocación y en última instancia de agresión a esos grupos de personas considerados rivales.

En la sentencia se detallan viajes a Elche, Logroño, Soria o Barcelona para enfrentarse a aficionados locales, así como la organización de un acto violento con motivo de la llegada a Pamplona de aficiones de otros equipos. 


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