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Los abertzales violentos de Rozalejo acceden al edificio ante la pasividad y desidia de la policía

Multitud de agentes antidisturbios custodiaron la manifestación y asistieron impertérritos a la reocupación del palacio en Navarrería.

Un okupa vuelve a acceder al palacio del Marqués de Rozalejo. MIGUEL OSÉS
Un okupa vuelve a acceder al palacio del Marqués de Rozalejo. MIGUEL OSÉS  

Era lo previsto, pero la pasividad policial ha permitido que los radicales volvieran a campar por sus anchas este sábado en Pamplona, exigiendo para su disfrute personal un edificio propiedad de todos los navarros.

El palacio del Marqués de Rozalejo, cerrado y tapiado hace diez días por orden de la presidenta del Ejecutivo foral, Uxue Barkos, ha vuelto a ser ocupado por los radicales, que durante esta semana ya habían demostrado con actos vandálicos que la capital navarra se iba a plegar a sus exigencias, tal y como lo avala que ninguno de sus actos delictivos acabó con detenidos.

Esta tarde de sábado, después de que miles de personas se manifestaran por las calles del centro de Pamplona, custodiados por una cantidad ingente de furgones policiales y agentes antidisturbios de la Policía Nacional, los más violentos se han reunido en la plaza de Navarrería para celebrar con música y fiesta lo que pocos minutos después sucedería.

En esos momentos, al menos dos personas habían accedido al interior del edificio a través de las viviendas colindantes. Tras salir a los balcones del segundo piso, han desplegado con bastante dificultad una pancarta con el lema "Si no hay gaztetxe, no hay paz. Maravillas para el pueblo", jaleados por la multitud de jóvenes que en la plaza, cerveza en mano, festejaban su órdago a las autoridades mientras los agentes de la Policía Nacional aguardaban sin moverse en las calles adyacentes, siendo testigos directos de las ilegalidades que volvían a ocurrir en el palacio cumpliendo su deber, que era el de evitar que se produjeran incidentes.

Ningún agente de la Policía Foral cuestodiaba la zona ni el acceso al inmueble, en una clara señal de que el Ejecutivo de Uxue Barkos no había dado órdenes de proteger la seguridad del palacio.

Los radicales que habían accedido al edificio lo habían hecho provistos de herramientas para destruir los sellados que el Gobierno de Navarra había ordenado hacía dos semanas colocar en las puertas. Primeramente, han tratado de derribar con un mazo el muro de la puerta principal. Cuando se han dado cuenta de que no iban a obtener resultados, se han fijado en una de las puertas laterales, precisamente en la que los okupas habían escrito una de sus amenazas: "Volveremos".

En ese emplazamiento, han comenzado a emplear una radial para efectuar un agujero en la plancha de metal que tapiaba la oquedad de la puerta. Mientras, en el exterior, se habían colocado dos grandes altavoces para animar con música la fiesta que ya se había desatado en la plaza de Navarrería. La música servía al mismo tiempo para ocultar los ruidos de los destrozos en el sellado del edificio, aunque las chispas de la radial se veían desde la calle.

ALREDEDOR DE UNA HORA EN LA PUERTA

Después de casi una hora tratando de derribar la puerta, finalmente uno de los radicales que estaba esperando en el exterior ha derribado una parte de la zona superior de la plancha de metal, por la que ha sacado la radial y ha terminado de derribarla por la parte delantera.

Entonces, toda la plaza ha estallado en vítores hacia lo que los okupas autodenominaron el gaztetxe Maravillas, mientras reclamaban a gritos más delincuencia e insultaban a las fuerzas de seguridad, a las que acababan de derrotar gracias a que la policía había mostrado una inacción clamorosa.

Como símbolo último de su insulto a la legalidad, el joven que había estado seleccionando la música durante la celebración en Navarrería ha hecho sonar a todo volumen por los altavoces la canción de Nino Bravo Esa será mi casa mientras los primeros okupas volvían a acceder al inmueble a través de la puerta de metal derribada.

A pesar de su ilegalidad, los radicales habían afirmado minutos antes en un comunicado que el edificio volvía a estar "en manos del pueblo, de donde nunca jamás debiera haber salido".

LOS RADICALES DICEN "BASTA"

En ese comunicado paralelo a los actos de kale borroka, los violentos añadían que "tras ver cómo cerraban con total impunidad ante nuestras narices el gaztetxe que con tanto esfuerzo y cariño habíamos construido, y después de tener que aguantar las calumnias y mentiras para desprestigiar y denostar nuestro trabajo, hemos dicho basta".

Por ello, han echado abajo el sellado del edificio y han vuelto a ocupar por la fuerza una propiedad que pertenece a todos los navarros, mientras ellos buscaban excusas para su violencia: "No vamos a tolerar ni un segundo más que el capital siga apropiándose y privatizando los bienes colectivos. No vamos a permitir que nos sigan arrebatando nuestros sueños a golpe de tapias de chapa y hormigón. Es por eso que, ante tanta injusticia y tanta mentira, hemos tomado la firme decisión de no retroceder".

De hecho, habían demostrado ya su actitud desafiante desde el mismo momento en el que el Ejecutivo foral decidió cerrar el edificio. Primero, lo hicieron llenando de pintadas el Casco Viejo de Pamplona, atacando las sedes de UPN y del PNV, ya que acusaron desde un principio a la presidenta de Navarra, Uxue Barkos, de ser la culpable de lo que ellos calificaron como un "desalojo encubierto, mezquino y rastrero".

Durante los días posteriores, se enfrentaron también en varias ocasiones con las fuerzas de seguridad que vigilaban el acceso al inmueble. Pero no pararon ahí, sino que esta misma semana cortaron el tráfico en el puente de El Vergel, colgándose dos mujeres radicales del puente, una a cada lado y unidas por una pancarta que impedía la circulación; tapiaron y pintaron la sede del PNV en Alsasua; pintaron un autobús urbano; y se encadenaron durante varias horas a un bloque de hormigón para cortar el paso de los vehículos en el cruce de las calles Cortes de Navarra, cuesta de Labrit y Amaya.

Todo para demostrar que iban a responder con violencia callejera a la acción por la que el Gobierno de Navarra había recuperado un edificio público y para volver a arrebatárselo a la ciudadanía gracias a la abulia de las fuerzas de seguridad bajo las directrices del Ejecutivo de Barkos.


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