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El duro testimonio de una de las agredidas de Alsasua: aislada de la sociedad y perseguida desde aquella noche

Maria José, pareja de uno de los agentes agredidos, cuenta como incluso su familia se ha quedado sin trabajo y necesita escoltas para vivir su día a día.

 

Concentración y manifestación en Pamplona por el caso de Alsasua. MIGUEL OSÉS
Concentración y manifestación en Pamplona por el caso de Alsasua. MIGUEL OSÉS  

María José, la pareja del teniente de la Guardia Civil agredido hace 21 meses en Alsasua, tuvo que abandonar la localidad ante un entorno completamente hostil y también por imperativo médico. Ahora mismo, reside en Valencia, tal y como relata en una entrevista que ha concedido a El Correo, en la que explica que, hasta este momento, por la noche le asaltaban las pesadillas acerca de lo ocurrido durante esa madrugada de octubre del 2016, pero que ahora, con la ciudad en la que reside llena de "solidaridad" con sus atacantes, nota que esa noche la persigue.

La mujer ha decidido contar su versión de los hechos al citado diario junto a la presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), Consuelo Ordóñez. "Cuando estás en un sitio como Valencia, te das cuenta de que la manera de vivir de allí no es normal, no era sano. Había aprendido y asumido a no hablar de unos temas, no entrar en determinados sitios, y ahora dices, no, no es normal", expone María José.

Ya desde que inició su relación con un teniente del Instituto Armado comenzó a recibir mensajes extraños. Ella había arribado al municipio de la Barranca a los tres años desde Ecuador. El ambiente se fue enrareciendo desde que comenzó a salir con el guardia civil y en esa noche, cuando tenía 19 años, todo explotó.

"Cuando empecé a salir con él, comenzaron a advertirme los vecinos del pueblo. Que si sabes lo que haces y eso, pero me dio igual, porque yo creía vivir en una sociedad donde era libre para elegir. Decidí eso y algunas cuadrillas me retiraron el saludo. Pensé que se pasaría con el tiempo, e incluso en una ocasión negué la relación por miedo. Me preguntaron en una fiesta del pueblo si era novia 'de un madero', y lo negué", admite la joven al periódico El Correo.

Aunque le duele recordar lo que sucedió aquella noche, esos sucesos la siguen persiguiendo incluso estando tan lejos de Navarra. En Valencia descubrió, por ejemplo, que el portavoz de Compromís en la Diputación valenciana rechazó la iniciativa del PP para condenar los hechos, al considerar que la agresión tuvo lugar "de madrugada y con alcohol de por medio".

"A mí, que gente de allí, pero también de aquí, piense que aquello fue una pelea de bar me sienta muy mal. Ojalá fuera solo eso. Si había alcohol por medio, sería por parte de ellos. Obviamente, no por la nuestra", aclara María José, para acto seguido apuntar: "Aunque una quiera hacer una vida normal en Alsasua, si tienes una relación con un guardia civil, hay que ir con precaución, prudencia, eso lo sabía yo y lo sabíamos todos. Un guardia civil no puede hacer allí una vida tan tranquila como aquí o en Madrid".

SU INTENCIÓN AQUELLA NOCHE ERA "PASARLO BIEN ENTRE AMIGOS"

Después, describe al rotativo vasco cómo fue lo sucedido en esa fatídica noche. "Cenamos tranquilamente en mi bar, igual tomando una cerveza, y nos fuimos al Koxka y pedimos dos consumiciones para los cuatro. Nuestra intención era pasárnoslo bien, bailar un poco y estar juntos, entre amigos".

Como se recuerda y como quedó refrendado en la sentencia del caso, las dos parejas entraron a ese local hacia las 2.30 horas de la madrugada. Cuando uno de los guardias civiles se fue al baño, ya recibió un "toque", e incluso se les lanzó un vaso de plástico. Pero no fue hasta las 4 horas cuando una veintena de personas los rodearon y comenzó el ataque.

"Lo he contando detalladamente en la Audiencia Nacional y ya no sé si voy a poder volver a hacerlo, porque es muy difícil para mí... De manera resumida... Nos rodearon. Todo lo empezó uno de los que están en prisión, Jokin Unamuno, él lo inició todo... Nos agredían a ellos y a nosotras... Yo, pues, más que defenderme, mi preocupación era mi pareja. Intentaba protegerle la cabeza, porque le pegaban con tanta saña que pensaba que lo mataban. Cuando conseguimos salir fuera, cuando le siguieron agrediendo, cuando le siguieron pegando patadas y ya le rompieron el tobillo y el labio y se cayó al suelo, cuando la gente seguía pegándole patadas por todas partes... y pues, mi instinto fue defenderlo como fuese", expone la víctima de la brutal agresión.

A su pareja le rompieron la tibia y el peroné. En la sentencia se afirma que, una vez en la calle, a los atacantes del bar se sumó otro grupo de personas, "que se iban congregando y que no han llegado a ser identificadas totalmente", en palabras del tribunal.

"Es muy duro, no me gusta hablar de eso..., pero lo que quiero dejar claro es que la persecución posterior no empezó tras el encausamiento por terrorismo. Eso es mentira. Dos horas después de la agresión, ya comenzaron a montar lío. Fueron a por nosotros. No se agrede con esa saña porque sí. Allí todos nos conocemos. La camarera del Koxka ya dijo que estas personas no eran habituales del bar. Nosotros sí íbamos, yo sí iba. Era normal que yo estuviera en la taberna, y aparecieron de repente. No fue una pelea de bar", insiste María José en sus declaraciones al El Correo.

La sentencia en junio fue clara: condenó a los ocho acusados a penas de entre dos y trece años de prisión. La Fiscalía, eso sí, reclamaba 62 años de cárcel. A pesar de que los jueces consideran probados los delitos de atentado a los agentes de la autoridad, lesiones, desórdenes públicos y amenazas, al final se rechazó la finalidad terrorista del brutal ataque.

COMPLETAMENTE AISLADA

¿Qué había pasado para que esta joven sufriera esta terrible agresión? "Mucha gente me retiró el saludo al día siguiente de que pasara. Se posicionaron a favor de los agresores. Cuando la situación acabó encausada como presunto delito de terrorismo, ahí ya sí que lo perdí todo. Mis amigos y amigas, que desde los tres años me conocían, gente que había comido de mi plato, que eran como mis hermanos. Solo me quedaba mi familia, pero hasta eso me quitaron", cuenta María José, que tuvo que hacer frente ella sola a las secuelas de la agresión, ya que sus progenitores tenían que seguir trabajando y ella no tenía otros familiares cercanos que la pudieran acompañar hasta Pamplona para recibir atención psicológica.

"Tuve que irme a Vitoria, pero durante el juicio nos hicieron una foto a mí y a mis padres. Se difundió y también me ha tocado salir de allí, porque hubo gente que se encaraba conmigo por la calle", señala la joven al mencionado periódico, a la vez que se reafirma en que se encuentra en estos momentos "mejor de lo que estaba hasta hace unos pocos meses. Desde el día siguiente, comenzó un infierno: manifestaciones delante de mi casa, insultos por la calle, llamadas, pintadas, carteles reclamando que me fuera... Una pasada... Se me diagnosticó un cuadro ansioso depresivo grave, y luego un estrés postraumático crónico. No entendía por qué había pasado todo así, y no hubo otro modo de recuperarme que salir de allí. Socialmente, me aislaron. Hasta septiembre del 2017, no levanté cabeza. Me recuperé un poco, tampoco demasiado. En Navidad, mi cumpleaños, el 15 de octubre del año pasado... lo llevé mal. Me dio más fuerte, porque ocurrió en mi casa. No es lo mismo que te suceda algo así en Bilbao o en otro sitio, donde tú te vas y sigues teniendo un entorno sin hostilidad, pero no, recibí las amenazas de muerte, mensajes por redes sociales, timbraban por el telefonillo...".

Pero la enfermedad llegó a sus allegados. Maria José explica que ahora sus padres "sufren una situación crítica". "Viven con escoltas. Mi madre se quedó sin trabajo. Tuvo que dejar el bar por el boicot y ese establecimiento era nuestro pilar económico. Se quedó en la calle, una autónoma, sin paro. Mi padre se tuvo que ir de su empresa, que está cerca de Alsasua, por la presión. Antes de una rueda de reconocimiento a la que tenía que ir yo, le advirtieron: "'Si tu hija se calla, esto se para', le dijeron... Le ponían pegatinas en la taquilla...", detalla.

Maria José explica que "la gente no está informada de lo que pasó y pasa allí" y que la sensación de que el suceso la persigue está volviendo a hacer que se plantee mudarse. Para ello, cuenta a El Correo cómo el Ayuntamiento de Valencia dirigido por Joan Ribó (Compromís) cedió el pasado julio un espacio público al autor de una pintada contra la sentencia de Alsasua después de que una anterior hubiese sido borrada por un servicio de limpieza del Casco Antiguo de la ciudad.

"Escuchan a una parte, porque esto no son versiones, hay una verdad. Se deja de lado a las víctimas. En Valencia, aparte del incidente este del mural, puedo hacer vida normal, nadie me mira mal y puedo ser yo, y me gusta. Pero ha pasado lo del mural y terminas teniendo la sensación de que esto te persigue. Me voy a Vitoria, y me buscan. Me vengo a Valencia y vienen a hacer murales. Esto puede ser una casualidad, pero ya es agotador, muy cansino. No puedo más con esto", relata.

No obstante, la joven señala que, ante la indignación popular que desató el grafiti, Ribó anunció que el mural será eliminado, aunque se justificó diciendo que "es lo que se hace con todos los grafitis que son vandalizados".

Maria José explica que le da "vergüenza" y, sobre todo, "pena" que se quiera "intoxicar a la gente de Valencia con cosas que no son verdad". "Veo eso y siento que es un modo de hacernos saber que no se olvidan, que no se olvidan de mí, de que la culpa de que nos agrediesen con tanta saña es mía",  continúa en este sentido.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN SOLO PARA UNOS

"Que el Ayuntamiento, que el alcalde, haya cedido un espacio público para que se manifiesten en contra de una sentencia y nos dejen a un lado a las víctimas, eso deja mucho que desear. Me duele mucho que en Valencia, que no tiene nada que ver con Alsasua, se permita este tipo de cosas y a las víctimas se nos olvide", continúa.

Así, María José cuenta que "desde el Ayuntamiento de Alsasua no recibió ni una llamada ni ningún tipo de apoyo". "Quieren su libertad de expresión, pero que nadie les diga que lo que hacen es incorrecto. Que los valencianos protesten me parece normal, que se molesten por el mural es alentador, pero no me parece correcto que haya tanto extremismo. ¿Al final, quién se acuerda de nosotros?... Dicen 'los jóvenes de Alsasua'... Yo era la más joven de todos... Tenía 19 años", sentencia.


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