SALUD

Testimonios de la primera línea: el lado más humano de los profesionales sanitarios de Navarra

Médico, enfermera, auxiliar y celador de diferentes instituciones navarras narran sus impresiones y sentimientos tras meses luchando contra el covid.

El Gobierno de Navarra concede el premio de la Medalla de Oro a los sanitarios por su labor durante la pandemia del coronavirus. PABLO LASAOSA
El Gobierno de Navarra concede el premio de la Medalla de Oro a los sanitarios por su labor durante la pandemia del coronavirus. PABLO LASAOSA

Desde hace unos meses, los temas que antes monopolizaban nuestras conversaciones, novedades deportivas, curiosidades internacionales o comentarios sobre posibles viajes, han sido sustituidos por la situación producida por el coronavirus.

Al inicio, los medios y la calle comenzaron a a repetir sin cesar datos técnicos, estadísticas sobre los contagios, fallecimientos, posibles maniobras para aplanar la curva. Sin embargo, no prestábamos atención a los sentimientos y emociones que experimentaba el personal sanitario desde la primera línea.

Los políticos introdujeron el lenguaje bélico. Se habló de guerra, de vencer y del enemigo. Y si algo tuvo de parecido a una guerra, fue que la salud y bienestar de los "soldados" no estuvieron entre las principales preocupaciones de las autoridades.

Así también lo cree María, enfermera en una residencia de ancianos, que en su jornada laboral ha "echado en falta" a una administración que decía lo que había que hacer, pero "que no ayudaba en nada".

"Lo viví mal, se juntaba lo que estábamos viviendo en el trabajo, con tener que llegar a casa con la mejor de las sonrisas, para que mis hijos no se preocuparan", explica.

El principal cambio que ha sufrido María ha sido el cambio en la importancia que ella misma le otorga al concepto de familia: "El no poder vernos siempre que queramos me entristece muchísimo. Ahora doy mucho más valor a tener mi familia cerca".

EL INFIERNO

Ángel, médico del Complejo Hospitalario de Navarra, califica de "infierno" el momento en el que empezaron a multiplicarse los ingresos. En el CHN no tardaron en darse cuenta que la situación "les sobrepasaba" y comenzó a generarse un contexto de "miedo, ansiedad y frustración".

"Veíamos muchos pacientes que sabíamos que iban a morir. Y nos afectó mucho pensar que morían solos, sin nadie de su familia alrededor. Intentábamos, dentro de nuestras posibilidades que no se sintieran solos" y añade: "Nos dimos cuenta de que acudir a urgencias les producía terror a los pacientes. Se quedaban en casa con infartos, ictus, patología quirúrgica urgente. Algunos fallecieron con enfermedades potencialmente solucionables".

Ángel también subraya que en estos momentos la situación no dista mucho de los primeros meses, pero con añadido del desgaste, físico y emocional, de los profesionales: " Hay demasiados profesionales con cuadros depresivos, ansiosos. No nos hemos recuperado".

Por eso mismo "le cabrea" cuando percibe personas en la calle que incumplen la normativa. "Creo que no son conscientes. El coronavirus está esperando la oportunidad para entrar en nuestra casa, en nuestra familia y no debemos dejarle entrar".

Acudir a urgencias les producía terror a los pacientes

LAS OREJAS AL LOBO

"Yo soy de los que no lo vio venir. Me sorprendió el salto que dio el virus desde China hasta Italia, pero no vi las orejas al lobo. Cuando se produjo el primer positivo en este país en la isla de la Gomera, sí me hizo empezar a preocuparme", confiesa Tacho, celador en el CHN.

Para él, "sin ninguna duda", lo más difícil ha sido la falta de sonrisas y abrazos. Gestos cotidianos hace unos meses, pero que ahora cuesta ver, al menos, por las calles.

"Personalmente, no he recuperado la sonrisa y las ganas de reír. Son tiempos muy duros para nosotros los sanitarios, entre la desesperanza y la incredulidad. Pero ahí seguiremos luchando, por supuesto", comenta.

MIEDO A CONTAGIAR

En la primera línea no faltaron los auxiliares de enfermería, unos profesionales que, como el resto de sanitarios, se vieron desbordados por la fuerza de la primera ola.

Una de ellas se llama Raquel y tenía un gran temor: "Tenía miedo de contagiar a mi familia y, por ello, me faltó cercanía con mis hijos. Tenía mucha preocupación por la situación de emergencia sanitaria y crisis económica. Mi familia estuvo totalmente confinada y la que salía era yo. La situación era muy extraña para todos. Parecía un sueño del que teníamos que despertar"

Al igual que sus compañeros, expresa el descubrimiento de la vulnerabilidad y de la importancia del sistema del que dispone la Comunidad Foral. También, cierta incredulidad ante algunos comportamientos que se perciben en la sociedad.

"Siento rabia por la poca responsabilidad que parte de la población ha tenido. Me parece que es una falta de respeto hacia las personas que nos tenemos que enfrentar a diario con la enfermedad".

Tenía miedo de contagiar a mi familia

Como ellos, miles de profesionales siguen enfrentándose en Navarra cada día a un virus que a finales de noviembre, continúa dejando centenares de muertos diarios.

Esta semana, el Gobierno de Navarra anunció la Medalla de Oro para el personal sanitario y sociosanitario. Un reconocimiento necesario y especial, pero que no hace olvidar un sentimiento generalizado en el colectivo, que expresa Ángel: "(la pandemia) Me ha hecho replantearme muchas cosas, tanto profesionales como personales. Creo que realmente necesitamos para vivir muchas menos cosas materiales. Nos ha hecho ver que todo es finito".


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