PREMIUM  FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

Maquillar la muerte en Pamplona: "Me ha tocado saludar a alguien en la calle y al día siguiente verlo en la mesa"

El oficio de tanatopractor es uno de los trabajos más desconocidos debido al escepticismo que rodea a la muerte.

Imagen del tanatopractor de Irache, Jorge Celorrio, durante el reportaje. FOTOS: PABLO LASAOSA
Imagen del tanatopractor de Irache, Jorge Celorrio, durante el reportaje. FOTOS: PABLO LASAOSA  

La muerte provoca miedo, un desconocimiento consciente de todo lo que la rodea. Tratar sobre ella es un tabú, muchas veces debido a la tradición, y al que muy pocos quieren dedicarle unas palabras. Pero, ¿qué hay más natural que la muerte? Es de las pocas cosas de las que somos conscientes desde que llegamos a este mundo.

Alrededor de la muerte hay una serie de oficios desconocidos para la gran mayoría de personas, y hay quien vive de ella por muy paradójico que resulte. En el grupo de Tanatorios Irache son cuatro los tanatopractores que lo forman. Uno de ellos es el riojano Jorge Celorrio (Calahorra, 1988) que recibe a NAVARRA.COM para hablar sobre su oficio y el tabú que le rodea con motivo del día de Todos los Santos.

TANATOPRACTOR: UN OFICIO DESCONOCIDO

El riojano lleva ocho años de experiencia en el sector fúnebre, de los cuales seis han sido como tanatopractor. Pero, ¿en qué consiste la tanatopraxia? Se trata de un conjunto de técnicas que se realizan para dar el mejor estado posible al fallecido, para su posterior presentación a los familiares. Este oficio no es solo maquillar y vestir al difunto, es un trabajo más completo. "Nuestras funciones van más allá de la parte conservatoria y estética, eliminamos objetos contaminantes del cuerpo. Estos pueden ser marcapasos, por ejemplo, que es necesario extraerlos para las incineraciones", señala Celorrio.

Los tanatopractores también están capacitados para extraer muestras de ADN, sangre, huellas dactilares e incluso la extirpación de globos oculares. "Cuando te preguntan por el oficio, dices: soy maquillador de muertos. Personalmente, me suena fatal. Por desconocimiento, la gente cree que a un muerto tan solo se le maquilla y viste, la gente no ve todo el proceso que hay detrás", remarca.

La funeraria, en este caso Irache, solicita su presencia por dos motivos: el primero es que la familia del fallecido solicite su asistencia para realizar esa intervención y el segundo caso se trata cuando lo quiere por sanidad, por ejemplo, cuando un fallecido tiene que viajar y cruzar fronteras.

"Esto no es como trabajar en una fábrica de tres a ocho, las fábricas cierran y ya no hay nada más. Aquí dependemos de la necesidad del trabajo, de cómo vaya surgiendo el día. Siempre hay alguien de manera presencial y el resto, aunque no estemos trabajando, estamos localizados", apunta el riojano.

¿Qué hay que estudiar para ser tanatopractor? Sus conocimientos se adquieren en la Universidad de Medicina de Barcelona, en conjunto con el instituto francés de tanatopraxia. A nivel europeo, el instituto de Francia es el de máxima referencia. "La especialización dura alrededor de un año. Tiene su parte teórica y después la práctica se realiza en tanatorios asociados, aunque en España actualmente no se considera una carrera profesional", indica. De momento, existe la manera de recibir un título oficial a nivel español, aunque está en proceso de adaptación y se quiere avanzar en ello.

Cuando se trata de una muerte normal, la tanatopraxia dura entre una y dos horas, más o menos. Las muertes normales hacen referencia a todas aquellas que no son judiciales. En ese caso, al estar el cuerpo más deteriorado, la técnica es diferente, y el trabajo puede alcanzar las tres y cuatro horas.

HACER PROPIO EL DUELO AJENO

Este tipo de oficios son vocacionales, ya que cualquier persona no está capacitada para ejercerlos. "Tienes que ser cercano a las familias, ya que están viviendo un duelo que a veces es esperado y otras, repentino. Hay que tener delicadeza y atención con las familias. Por otro lado, hay que saber separar el trabajo de lo que es tu vida. Es un oficio en el que tienes unas cargas emocionales fuertes y no te puedes llevar el trabajo a casa", comenta Celorrio.

Ahí reside uno de los retos de la profesión: tratar de evitar que los fallecimientos ajenos afecten al tanatopractor. "Lo que sí me afecta más es la relación con los familiares. Ahí ves quién le quería, quién le echa de menos o quién se siente culpable por su muerte. Es más difícil la relación con las personas que con el muerto, ya que con la persona fallecida coges el rol de tanatopractor", concluye.

Este problema se llama duelo desautorizado y quiere decir que sufres un duelo sin tener ninguna relación con la persona fallecida. Es decir, uno se hacer partícipe de fallecimientos que no son suyos.

Los momentos más complicados del trabajo son cuando el propio tanatopractor conoce a la persona que está tratando. "Es duro cuando conocemos al fallecido. Pero es lo que digo siempre: ¿quién lo va a hacer con más cariño que yo? Cuando falleció mi abuelo, el deseo expreso de mi abuela era que solo lo tocara yo, no quería que nadie más lo tocara", señala. Si uno de los profesionales tiene hijos, por ejemplo, le costará mucho más realizar el trabajo si el fallecido es un niño. Son situaciones que retan a estos profesionales.

Trabajar con la muerte hace que estas personas valoren mucho más la vida, por lo que viven de una manera diferente el día a día. "Hoy puedo estar hablando contigo y mañana puedo estar encima de la mesa. Me ha tocado saludar a alguien en la calle, entrar al día siguiente a trabajar y encontrármelo encima de la mesa. Esos choques emocionales son fuertes, pero la vida es eso", indica Celorrio.

El riojano lleva ocho años (comenzó a los 22) de experiencia en el sector. Antes, conducía el coche fúnebre y los últimos seis. ha sido tanatopractor. Llegó a este sector de manera vocacional, como no puede ser de otra manera. "Yo vengo de la rama sanitaria y ahí lo peor que te puede pasar es que alguien se te muera, una situación en la que ya no puedes hacer nada como sanitario. Sin embargo, aquí sí puedes hacer algo más por esa persona: puedes conseguir que los familiares y amigos puedan despedirse de ella", expresa.

El primer contacto con una persona fallecida impresiona a cualquiera, incluso a aquellos que se dedican a estos oficios por vocación. "No todo el mundo se siente cómodo con un fallecido; hay gente que le da mucho reparo y, al fin y al cabo, también tratamos con personas que atraviesan un momento delicado", afirma. Sus familiares y amigos al principio lo veían de manera supersticiosa, como todo aquello relacionad con la muerte. Con el paso de los años, lo ven como algo natural.

El reconocimiento no está a la orden del día en un empleo así y el agradecimiento como tal llega a través de los familiares. "En muchas ocasiones, los familiares tienen miedo de qué aspecto tendrá esa persona querida, porque quizá haya estado ingresada o en un accidente, y a saber cómo estará. Cuando vienen y te lo agradecen, ese es el mayor premio que podemos tener. No somos una cara muy visible, no se nos conoce demasiado, pero hay gente que sí valora ese trabajo", concluye.

El TABÚ QUE RODEA A LA MUERTE

Alrededor de la muerte hay creado un tabú, como si un conjuro nos impidiera hablar del tema con naturalidad. Se esconde y se evita la muerte. "En España se ha ocultado la muerte por desconocimiento, miedo o religión. Desde el sector funerario se intenta abrir la mente a la gente, hacer ver que un servicio funerario no es solo la caja, las flores y la lápida. Ahora hay un montón de servicios a la carta y que no tienen que ver con lo básico. Se pueden hacer hasta diamantes con el pelo, despedidas musicales, laicas, etc.", afirma.

En otros países, las costumbres son distintas. Desde velatorios que duran una semana o quienes tienen al familiar fallecido en casa y conviven con él, ya que consideran que hasta que no se los entierra, no están muertos, sino dormidos. "Poco a poco, se está perdiendo el miedo a la muerte y convirtiéndolo en un acto social no tan cerrado. Ya no se celebran esos rituales de duelo donde no se podían levantar las persianas, poner música y durante el primer año tenías que vestir de negro", confiesa Celorrio.

En las zonas rurales, sin embargo, sí se mantienen ciertas costumbres que son muy difíciles de alterar. "Cuando les hablas en los pueblos de tanatopraxia, les suena un poco a chino", expone el tanatopractor de Irache. Allí van a lo básico: caja, lápida y flores. El conocimiento de empleos como el de Jorge Celorrio hacen que veamos la muerte y lo que la rodea con otro prisma, y todo ello ayuda a normalizar el hecho más natural de nuestra existencia.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Maquillar la muerte en Pamplona: "Me ha tocado saludar a alguien en la calle y al día siguiente verlo en la mesa"