• martes, 11 de mayo de 2021
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REPORTAJE

El infierno en el paraíso de dos navarros 'atrapados' por dos huracanes en el Caribe: "Temimos por nuestras vidas"

Los huracanes Irma y Jose quisieron sumarse a la luna de miel de este joven matrimonio hasta uno de los lugares más remotos del planeta, Antigua y Barbuda.

Vista de una playa desde la habitación de un hotel en Antigua sin huracán y co la llegada de Irma. CEDIDAS
Vista de una playa desde la habitación de un hotel en Antigua sin huracán y co la llegada de Irma. CEDIDAS

Ya están en casa. Sanos y salvos. En los últimos días han terminado de poner todas las lavadoras para volver a su rutina y, afortunadamente, despertar de una pesadilla que ha durado casi una semana.

Los bikinis y bañadores que metieron en la maleta con emoción antes de casarse han vuelto prácticamente igual después de que un trocito pequeño del paraíso se rebelara contra ellos y se convirtiera, durante parte de su luna de miel, en todo un infierno.

Los culpables: dos fenómenos meteorológicos con nombres propios. Irma y Jose, los dos potentes huracanes que han azotado al Caribe, consiguieron ‘aguarles’ la fiesta y colarse en unos días que esta pareja de recién casados seguro que no olvidará.

S.G.R. y D.S.A. son dos vecinos de Pamplona que se casaron el pasado 26 de agosto. Entre sus planes estaban el descansar después de un año de preparativos y una fiesta por todo lo alto.

Primero, apostaron por cansarse una semana en Nueva York para después relajarse en un destino exclusivo del Caribe. El pequeño país insular de Antigua y Barbuda, al norte de las Antillas menores, fue ese lugar paradisíaco, típico de postal, por el que 'se la jugaron'.

“Los lugareños decían que hacía más de una década que no les afectaba un huracán y, mucho menos, de la magnitud de Irma y Jose”, puntualiza este joven matrimonio de 28 y 30 años aún con el susto en el cuerpo.

Se equivocaron. Ni los cócteles de bienvenida ni la expresión ‘Welcome to the paradise’ (Bienvenidos al paraíso), que colgaba del recibidor del hotel, consiguieron arrancarles una sonrisa ese lunes, 4 de septiembre, después de que el responsable del establecimiento les comunicara que, al día siguiente, serían evacuados a un lugar más seguro junto a otras 60 personas que se alojaban allí ante la llegada del potente y peligroso huracán Irma.

“Intentas aprovechar un poco, pero no puedes. Anduvimos por el hotel y nos retiramos pronto a la habitación para informarnos por Internet sobre lo que estaba por venir”, cuenta D.S.A.

Al llegar a su habitación se encontraron con un folleto en inglés que alertaba de las recomendaciones que tenían que seguir antes de coger las maletas y salir de ese hotel rumbo a un lugar más seguro.

(Una playa de Antigua y el anuncio de la evacuación ante el huracán Irma. CEDIDAS)

Al día siguiente, ambos vieron como el hotel se preparaba para recibir el azote del mal tiempo. “Quitaron todo el mobiliario e incluso vimos a los trabajadores del recinto despidiéndose entre ellos con abrazos”, relatan. También, alguien del personal se fijó en ellos y les dijo: “Poneos a salvo y espero veros a la vuelta”.

"PASAMOS MUCHO MIEDO Y TEMIMOS POR NUESTRAS VIDAS"

Los nervios y la incertidumbre se apoderaron de esta pareja que, al igual que los locales de la isla, desconocían cuáles iban a ser las consecuencias de uno de los mayores huracanes que ha sacudido al Caribe y que, poco a poco, fue elevando su categoría hasta convertirse en un fenómeno destructor que ha arrasado el 95 % de la cercana isla de Barbuda.

“Como no deshicimos las maletas nos presentamos al mediodía en el recibidor del hotel y allí nos dijeron que lo que se avecinaba era algo muy serio”, añaden. En ese momento supieron que se dirigían en autobús a otro hotel con edificios de cemento y no de madera como en el que estaban. Su nuevo hogar se encontraba a unos 50 minutos del anterior y situado al este de la isla, en una bahía que podía mitigar los devastadores efectos de Irma.

“El primer gasto y casi el único que hicimos fue comprar siete botellas de litro para no quedarnos sin agua”, matizan. También, desde la organización del hotel les pidieron sentido común, no salir de la habitación y no abusar del alcohol.

(De izquierda a derecha, el autobús de la evacuación, las botellas de agua para subsistir y captura del momento en el que Irma pasaba por Antigua en un radar meteorológico. CEDIDAS)

“Nos avisaron que nos quedaríamos sin electricidad, pero el hotel tenía generadores con los que poder ir tirando y cargar los móviles para mantener el contacto con España”, apuntan.

Ya en el autobús vieron como la gente de Antigua cerraba a ‘cal y canto’ sus hogares y al llegar al otro alojamiento les metieron en una habitación que compartieron durante unas 30 horas con otro matrimonio mayor que ellos de Ohio (Estados Unidos). Además, el hotel les suministró unos cuantos víveres para subsistir durante el tiempo que durara el paso de Irma.

“Estar acompañados nos daba más tranquilidad, aunque lo peor fueron las horas de espera hasta que llegó el huracán. Cada vez las noticias eran más negativas e incluso llegamos a temer por nuestras vidas”, expone emocionada S.G.R.

(Las casas de Antigua se preparan para la llegada del huracán Irma y la comida que les dejaron en el hotel para pasar encerrados 30 horas. CEDIDAS)

La llegada de Irma a la isla estaba prevista para medianoche y sus efectos iban a durar hasta bien entrada la mañana del día siguiente.

“No dormimos nada. Antes del huracán había una tensa calma. Se paró el viento, el cielo se fue poniendo gris y empezó a soplar mucho aire caliente después. Recuerdo que las cortinas se movían y por debajo de puertas y ventanas se colaban restos de cosas que estaban volando fuera”, cuentan.

Sin duda fue una noche larga. Además con la llegada del amanecer la situación no mejoró mucho más.

“No sabíamos si el huracán había arrasado la isla y escuchamos a un vehículo que se acercaba con varias personas subidas en él y que iban mirando por las ventanas de las diferentes casas que formaban el hotel. Al principio, ante la incertidumbre, pensamos que podían ser saqueos, algo bastante habitual ante catástrofes de este tipo, ya que todos los trabajadores del hotel se había ido a sus hogares para estar con sus familiares”, añaden.

Tras 30 largas horas encerrados y en absoluto desconocimiento, finalmente el personal del hotel fue a buscarlos para decirles que los daños en la isla no habían sido tan grandes como se esperaba, por lo que se decidió de nuevo trasladarlos al alojamiento originario al oeste de la isla caribeña.

“Nuestro hotel estaba algo dañado y no funcionaban muchas de las cosas. De hecho, la cocina tampoco estaba operativa completamente y los empleados bromeaban con los turistas llamando al menú del día, más reducido que otra veces, con el nombre del huracán”, explican.

(El menú dedicado al huracán Irma tras su paso y varias hojas de palmeras caídas por los fuertes vientos. CEDIDAS)

EL HURACÁN JOSE SIGUE EL PASO DE IRMA

Pero las bromas duraron poco. Jose, una tormenta tropical que iba ganando fuerza, amenazaba de nuevo a esta isla tropical. Así, la pesadilla volvió a comenzar de nuevo. Otra vez evacuación y traslado al anterior hotel ante una amenaza que alcanzaba ya categoría cuatro y que seguía el mismo recorrido que su precesor, Irma.

“Esta vez no tuvimos tiempo de hacer nada. Nos fuimos con lo puesto a las 21.30 horas de la noche del viernes”, dice S.G.R. Por su parte, su marido añade: “Nos hundimos otra vez con las malas noticias y lo único que queríamos era salir de ese lugar. Intentamos mirar vuelos, pero finalmente no pudimos hacer nada por escapar del segundo huracán en menos de una semana”.

Además, la llegada de Irma (el anterior) a Estados Unidos copaba gran parte de la información y se descuidó el paso de esta nueva amenaza por las Antillas. “Teníamos menos información que con Irma. Nos habíamos librado de uno, pero poco sabíamos de este otro”, comenta el matrimonio.

En esta ocasión, el susto fue menor y el ‘secuestro’ en la habitación con las ventanas tapadas por placas de aluminio y otra pareja inglesa duró poco más de 12 horas. Ahora el nuevo reto en su luna de miel fue localizar un vuelo en el que poder partir ya que habían cancelado gran parte de ellos como consecuencia del mal tiempo. “La agencia se preocupó mucho por nosotros, así como nuestros familiares y amigos”.

(Arriba, las placas de aluminio que resguardaban la estancia, abajo, de los fuertes vientos. CEDIDA)

Al final, la pareja aventurera decidió ir por su cuenta al aeropuerto de Antigua para poder hablar directamente con la aerolínea. Sin embargo, los mostradores estaban cerrados. Un chico de información fue el que les ayudó a reservar un vuelo nuevo para el domingo y regresar a España poniendo punto y final a esta pesadilla en medio de un oasis que parecía idílico.

Tras coger varios vuelos y llegar a Pamplona, sus familiares se presentaron en el aeropuerto de Noáin para recibirlos con estas camisetas que recuerdan el periplo de este joven matrimonio que “sobrevivió” a los dos huracanes más potentes que han azotado la zona en décadas.

(Estampado de las camisetas con las que les recibieron sus familiares en Pamplona. CEDIDA)

Ahora ella, entre bromas y desde la tranquilidad de su hogar, le reclama una “segunda luna de miel en condiciones”. Eso sí, por el momento, alejada del Caribe porque ya no le gustan tanto los paraísos de postal.


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