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Premiada la rehabilitación realizada en la iglesia San Salvador de Gallipienzo

La restauración de la iglesia y de la cripta dirigida por José Luis Franchez recibe la primera mención del Premio de Arquitectura Cerámica.

Interior de la Iglesia hacie el coro alto, tras las obras.
Interior de la Iglesia hacie el coro alto, tras las obras.  

El arquitecto José Luis Franchez Apezetxea, de la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana, ha obtenido la primera mención por las obras de restauración de la iglesia y cripta de San Salvador de Gallipienzo, que ha promovido y financiado el Gobierno de Navarra, en el II Premio de Arquitectura Cerámica (categoría tejas) organizado por Hispalyt (Asociación española de fabricantes de ladrillo y tejas de arcilla cocida).

El jurado, que falla un primer premio y tres menciones, ha valorado la obra arquitectónica realizada a la que ha descrito como un "cuidadoso ejercicio de rehabilitación que constituye un ejemplo de cómo un material antiguo y reutilizado (las propias tejas desmontadas de la cubierta de la iglesia) pueden incorporarse a una cubierta con ventilación sobre rastreles, manteniendo los requerimientos de la geometría previa del tejado".

Según añade el jurado, se logra como resultado la máxima eficiencia constructiva e higrotérmica (condiciones de humedad y temperatura) y se mantiene un absoluto respeto a la pátina del tiempo sobre el material cerámico que queda a la vista.

El acto de entrega de premios tendrá lugar el 15 de abril en Madrid, y en él se ofrecerá un libro conmemorativo que presenta y analiza las obras ganadoras.

BREVE DESCRIPCIÓN DE LOS TRABAJOS PREMIADOS

Las obras de restauración de la iglesia y cripta de San Salvador de Gallipienzo se han acometido en dos fases independientes, ambas realizadas por la empresa Construcciones Aranguren, S.L.

La primera fase, que se abordó en 2008 con un coste de 322.388,90 euros, acometió la renovación de las cubiertas de teja curva cerámica de la nave y de la torre, y la reposición de una cubierta de laja de piedra en la cabecera del templo.

Los muros exteriores no presentaban daños estructurales. No obstante, se limpiaron; se picaron las juntas de mortero de cemento de la sillería, y se volvieron a rejuntar con mortero de cal. También se realizaron trabajos de cajeado y reposición de algunos sillares que estaban en mal estado.

La segunda fase de las obras, realizada en 2014, con un importe de 351.501,92 euros, permitió la restauración del interior del templo y de la cripta. En esta fase se limpiaron y consolidaron los muros y las bóvedas estrelladas de la nave del templo y de la sacristía, las pinturas murales góticas de la cabecera y las pinturas renacentistas de la cripta.

También se repuso y reparó el solado de piedra que conservaba el templo, la balaustrada gótica del coro alto - en el que se construyó una nueva escalera de acceso de madera- y se colocó también una nueva vidriera en el ventanal gótico de la nave.

Uno de los objetivos principales de la intervención fue la limpieza y consolidación de los restos de pintura mural gótica de la cabecera, que han llegado hasta nuestros días, y de la grisalla renacentista de la cripta, cuya pinceladura se conservaba prácticamente integra, ha informado el Gobierno foral en una nota.

La actuación ha pretendido mejorar su comprensión histórica, recuperar su valor arquitectónico en los aspectos formales y constructivos, y adecuarla para su uso, todo ello sin renunciar a la contemporaneidad arquitectónica allí donde lo demandaba el edificio.

LA IGLESIA DE SAN SALVADOR

Ubicada en el pueblo viejo de Gallipienzo, situado en un recodo del río Aragón, la iglesia de San Salvador fue construida entre los siglos XII y XVI.

Es un templo de época gótica, con una nave cubierta por bóvedas estrelladas y una cabecera pentagonal, más baja y estrecha que la nave, que se asienta sobre una cripta de final del románico. La cripta, a su vez, apoya directamente sobre la roca.

En el interior, el ábside poligonal de la iglesia tuvo pinturas murales góticas que, en su mayor parte, fueron arrancadas y trasladadas al Museo de Navarra en torno a 1950. Quedaron algunos restos en las partes altas de la cabecera y la huella de las pinturas arrancadas dispersas por el resto de los paños. La cripta en cambio conserva pintura mural de grisalla renacentista de mitad del siglo XVI.


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