• martes, 27 de julio de 2021
  • Actualizado 21:06

 

 
 

SALUD

La segunda ola también golpea a las residencias navarras: un muerto al día en los últimos dos meses

Las restricciones no funcionan y los muertos por Covid-19 han regresado a los centros residenciales navarros

Operarios con trajes de protección se disponen a introducir un ataúd en el cementerio. EFE/ Raúl Sanchidrián/Archivo
Operarios con trajes de protección se disponen a introducir un ataúd en el cementerio. EFE/ Raúl Sanchidrián/Archivo

Actualización de datos diaria, noticias a granel y, siete meses después, mucha confusión. Mientras la incidencia acumulada baja y algún que otro político se da golpes en el pecho por implementar tarde medidas que los sanitarios llevan meses reclamando, los ancianos de las residencias navarras continúan engrosando la lista de defunciones.

Pero esta vez no suenan las alarmas, los muertos llegan por goteo –constante—y no con la devastadora fuerza de marzo. El Gobierno de Navarra ha actualizado este martes las estadísticas en los complejos residenciales de mayores y discapacitados de la Comunidad Foral.

Precisamente, el día en el que se cumplen dos meses desde que el ejecutivo volvió a retomar las alertas semanales con la situación epidemiológica de estos centros. Desde entonces, 60 muertos en 60 días. Uno, cada 24 horas.

Lejos quedan las cifras previas a julio, cuando cerca de medio millar residentes navarros perecieron en la primera ola de la pandemia. Un impacto que dejó el escalofriante dato del 83%.

Cuatro de cada cinco personas que perdieron la vida en la primera ola vivía en alguno de los 85 residencias de los que dispone la Comunidad Foral. De todos ellos, ocho se encontraban en centros de discapacidad y el resto en instituciones de mayores.

En la llamada segunda ola, las estadísticas se han invertido y de los 240 decesos (233 desde septiembre), tan solo’ uno de cada cinco provenía de una institución residencial: 57 en centros de mayores y tres en los de discapacidad.

La proporción puede parecer baja en comparación con el primer periodo, pero continúa siendo desmesurada si se tiene en cuenta que en el mes de febrero la población censada en las residencias era inferior a 5.400 personas y las restricciones con las que llevan conviviendo más de medio año. Entonces, ¿de dónde salen los contagios?

BLINDAR LAS RESIDENCIAS

A estas alturas de la pandemia, las cifras son frías y causan fatiga, pero dan argumentos a los familiares que no entienden por qué se mantiene la prohibición de visitas y contacto, cuando nadie garantiza la seguridad de sus seres queridos.

El Gobierno de Chivite lo dejó claro el 12 de agosto, al afirmar que el objetivo era “blindar el espacio sociosanitario para prevenir contagios en personas vulnerables”. Unos pocos días después, las residencias que habían flexibilizado algunas de las medidas volvieron a cerrar.

El principal argumento de la administración fue –y sigue siendo—la seguridad de los residentes. Sin embargo, con los centros cerrados y las visitas restringidas, los datos oficiales revelan, al menos, 60 fallecidos por la covid-19 en los últimos dos meses.

Un tiempo, hasta decretarse el toque de queda, en el que la sociedad -trabajadores sociosanitarios incluidos- pudo seguir disfrutando de planes, amistades, ocio y las no fiestas que tantos quebraderos de cabeza han causado a las autoridades, mientras que los residentes eran privados de derechos fundamentales.

Atendiendo a 15 comunicados del Departamento de Salud, desde el 10 septiembre, en una estadística acumulada, el 38%* de positivos notificados en residencias de mayores corresponden al personal trabajador.

En el caso de los 14 centros para personas con discapacidad, a pesar de que Salud dejó de notificar los positivos acumulados detectados en plantilla entre 10 de septiembre y el 13 de octubre suponen una cifra superior al 49%.

¿EXISTE UN PLAN?

El cribado masivo anunciado quedó, en el mejor de los casos, en una foto fija y las medidas prometidas han resultado un nuevo confinamiento residencial indiscriminado con una gran grieta que el Gobierno de Navarra decide no reducir con la prevención y el rastreo semanal.

Lo denunció recientemente Sergio Gómez, uno de los responsables de Zainduz-Cuidando, al darse a conocer la asociación de familiares de personas fallecidas por la Covid-19 en Navarra: “La situación actual es insostenible y no podemos permitir que una pandemia haga estragos en las familias por el desamparo de las instituciones”.

Colectivos sociales y sindicatos también empiezan a cuestionarse las medidas de prevención que las instituciones están tomando para salvaguardar la vida de este sector poblacional. ¿Hay respuesta en las instituciones o habrá encierro hasta que llegue la vacuna?


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