• domingo, 05 de diciembre de 2021
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SOCIEDAD

Patxi Atozki, el artesano de la música que restaura instrumentos en Pamplona

En Navarra, Patxi Atozki Zubeldía es la única persona que da vida a la disciplina del lutier, una de las profesiones con más historia del mundo actual.

Patxi Atozki, el único lutier de Pamplona, en su taller de la calle Nueva. MIGUEL OSÉS
Patxi Atozki, el único lutier de Pamplona, en su taller de la calle Nueva. MIGUEL OSÉS

El paso inexorable del tiempo trae consigo oficios legendarios por los que parece que no corren los años como el del lutier, el artesano de la madera y las cuerdas cuya historia se remonta al siglo XVIII.

En la Edad Media, la fabricación de instrumentos de cuerda frotada y pinzada había sido un oficio ligado al del maestro de danza, conocido como ‘hacedor de instrumentos’. Más tarde, en el siglo XVI, en España ni siquiera se consideraba una profesión oficial.

Y no fue hasta el siglo XVIII cuando el lutier tuvo el monopolio de la construcción de instrumentos de cuerda frotada y pinzada. Desde ese momento, la lutería se asocia con las ciudades de Cremona (Italia), Mirecourt (Francia) y París y a las familias Amati (el padre y sus tres hijos), Antonio Stradivarius (y sus dos hijos) y los Vuillaume.

El mundo de la música tiene matices ocultos que a pie de calle pocas personas se plantean y los lutieres son herederos de una de las profesiones con más historia del mundo en el que vivimos. 

En Navarra, Patxi Atozki Zubeldía es la única persona que da vida a esta disciplina, desconocida por muchos pero también muy admirada.

En su taller y tienda, situado en la calle Nueva, 127, este pamplonés de 58 años fabrica, restaura, repara y vende instrumentos musicales de cuerda desde hace 10 años. Sin embargo, ya hace más de 30 que decidió dejar de ser maestro para dedicarse a lo que más ama. “Siempre me ha gustado mucho la música, era músico aficionado, el tema de tratar la madera de forma artesanal lo conocí cuando empecé a asistir a un taller en la calle Navarrería, 21, que era propiedad de Javier Fernández, uno de los últimos tallistas y torneros”, cuenta Atozki.

En 1986 Jesús Alonso Moral, “una eminencia mundial en la rama de la física acústica de los instrumentos de arco”, fundó la Escuela de Lutería del Conservatorio de Bilbao. “Me animé a ir a estudiar durante tres años y allí conocí a un lutier de Cremona, Pierangelo Balzarini, que me invitó a que fuera a su taller durante una temporada para aprender a barnizar los instrumentos”.

En 1991, el pamplonés regresó a su ciudad natal por la necesidad palpable de que hubiera una persona que se dedicara a este oficio. Un año después, en 1992, Patxi Atozki inició su actividad en un pequeño piso de la calle Jarauta, dos años más tarde se trasladó a la plaza del Castillo para, en diciembre de 2010, inaugurar el local en el que se encuentra actualmente en la calle Nueva.

“Construyo nuevos, restauro antiguos y tuneo o mejoro instrumentos de fábrica”, explica este artesano de la madera. Entre sus numerosos trabajos destaca la restauración del violín Vuillaume que Sarasate donó al Ayuntamiento de Pamplona: “Cuando lo sacaron por primera vez, lo trajeron al taller para que lo pusiera a punto y pudiera tocarlo el violinista Ruggiero Ricci. También ha venido Ara Malikian para que le ajustara su violín”, recuerda. 

“Muchas veces tienes la oportunidad de ver instrumentos antiguos de grandes maestros”, destaca Atozki.

Cuando empezó a trabajar en ello había muy pocos lutieres en España, pero con los años “la gente joven ha ido formándose y también han venido muchas personas de Francia”. Actualmente, en España hay dos asociaciones: el Gremio de Luteros de España, al que pertenece el pamplonés, y la Asociación de Luteros y Arqueros.

Atozki considera que tocar un instrumento es esencial para realizar un buen trabajo: “Toco el violín desde siempre y he estado estudiando viola en el Conservatorio hasta hace un par de años. Pienso que es muy interesante haber estudiado y para mí es algo esencial, sobre todo a la hora de ajustar el sonido. Hay muchos matices porque no es lo mismo oírlo desde fuera que tocarlo. Son instrumentos que, al tenerlos tan cerca, el sonido se transmite por los huesos. Es un instrumento muy cercano y suena muy diferente si lo tocas tú que si simplemente lo oyes”, afirma el artesano.

PROCESO DE CREACIÓN DE UN VIOLÍN

Normalmente, el proceso de creación de un violín dura unos tres meses. La madera se compra en países de Centroeuropa por ser el material que utilizaban los grandes maestros del arte de la lutería. 

Estos instrumentos están construidos con madera de arce de los Balcanes o los Cárpatos, y madera de abeto de una zona cercana a Dolomitas. Ambos materiales se dejan secar durante años para posteriormente elaborar los violines, que también cuentan con alguna pieza de ébano.

Además de la madera, hay que elegir el modelo de instrumento que se va a elaborar, ya que “todos los detalles intervienen en el sonido”. Para ello, se utiliza, en primer lugar, un molde en el que se colocan los laterales de lo que será el violín para darle la forma correspondiente.

La tapa de los violines que fabrica Patxi Atozki es de abeto, mientras que el fondo es de arce. “El mango hay que tallarlo y hay que ir afinando los espesores de las tapas porque cada madera tiene unas características físicas diferentes. Todo esto se hace con un altavoz, en el que se coloca la tapa del violín, y un amplificador. Se echa café molido por encima y se hace un barrido de frecuencias con el que se consigue que, cuando pase de una resonancia, las partículas hagan un dibujo que sirve de guía. Los grandes instrumentos como el de Stradivarius o Vuillaume cumplen una serie de características que se intentan imitar”.

Posteriormente, se monta el instrumento y se encola. Y, para finalizar, se barniza.


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