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Una Javierada, una historia: la amistad, la tradición y la familia unen a miles de peregrinos en su viaje a Javier

Navarros de todos los lugares caminan este sábado a rendir devoción al patrón de la Comunidad foral.

Primera Javierada del 2018. PABLO LASAOSA
Primera Javierada del 2018. PABLO LASAOSA  

De Pamplona, de la montaña, de la Ribera... da igual de qué rincón de Navarra sean. Sea andando, en bicicleta o en autobús, este sábado hay un objetivo que miles de navarros de cualquier lugar tienen claro: llegar a Javier a tiempo y venerar a San Francisco Javier, patrón de Navarra, frente a su castillo.

Desde bien temprano de esta jornada de sábado, las interminables filas de peregrinos se han convertido en la norma en las carreteras que conducen hasta el castillo. Según la Policía Foral, al final del día el balance indicaba que ha habido un total de 7.700 peregrinos, 1.500 vehículos y 34 autobuses.

Así, sin lugar a dudas, los grupos de veteranos con más de 40 Javieradas a sus espaldas o de chavales debutando en esta popular tradición son los protagonistas de este fin de semana tan especial.

Por el camino hasta la localidad de Javier, varios peregrinos se han animado a explicar qué les lleva a caminar más de 50 kilómetros en un día, con tal de venerar al patrón de Navarra.

LA IMPORTANCIA DEL NOMBRE

En el caso de Javi y José, ambos tienen claro que es la amistad lo que les da fuerzas para emprender este viaje juntos. "La hacemos por tradición... Somos amigos y la llevamos haciendo por lo menos 15 años seguidos", comenta Javi. "Además, yo me llamo Javier, por lo que es casi obligado hacerla", bromea.

En una línea parecida se echan a andar Ricardo, Juan y Carlos. Son amigos y poseen más de 30 Javieradas en el currículum. "Hacemos este camino porque es una tradición muy bonita y siempre está bien venir a pedir al patrón de Navarra. Por otro lado, nos gusta pasar el día juntos, entre amigos", comentan.

Otros como Daniel, Asunción y Lourdes, tres hermanos de Aóiz, Beruete y Burlada que llevan mas de 10 años yendo hasta el castillo de Javier (aunque para Daniel es su primer año con ellas), tienen un emotivo trasfondo detrás de sus largas caminatas. "Yo es la primera vez que voy con mis hermanas, pero de pequeño fui muchas veces a hacer este camino", comenta Daniel. "Nos gusta la costumbre y la tradición", añade.

"Yo he hecho Javieradas duras por accidentes de los hijos", apunta Lourdes. "Los he hecho en homenaje a ellos o porque salieron vivos. Un hermano que tenemos sufrió un accidente gravísimo y me sumé a una Javierada en la que tuvimos que soportar la lluvia y la nieve... pero fuimos motivadas por apoyar a mi hermano", continúa.

EN SOLITARIO PARA REFLEXIONAR

Pero, ¿quién dijo que esta tradición debía hacerse siempre acompañado? Martín Uyanar, natural de Zubiri pero residente en Pamplona, comienza explicando que, aunque no lo sabe "a ciencia cierta, llevará completadas más de 40 Javieradas a lo largo de su vida.

Martín no quiere desvelar su edad. "Tengo muchos años", afirma. "Empecé a hacerla con 20 años y, aunque antes la hacía con más gente, ahora por diversas circunstancias voy solo", continúa.

"El ir solo en este camino hacia el castillo de Javier te hace pensar. El trayecto se convierte en un sitio para reflexionar y pensar en ti mismo", detalla Uyanar.

E incluso expone el plan con el que se preparó para conseguir llegar en buenas condiciones. "Para aguantar, he estado los días previos saliendo a caminar solo", culmina.

HUARTE POR JAVIER, SIEMPRE AHÍ CON SUS CALDICOS

Unos kilómetros más adelante de Monreal, en el Alto de Lerga, los peregrinos encuentran su primer punto para reponer fuerzas. Se trata nada más y nada menos que del puesto de Huarte por Javier. Una aglomeración de jóvenes se postra frente a su mesita, situada al lado de la carretera, para pedir agua y su famoso caldico, ideal para aguantar hasta la Venta de Judas.

"Venga, ¿quién quiere un caldico?, ¡tenéis que reponer hierro!", exclama uno de los colaboradores de esta asociación a los caminantes que se dirigen hacia Javier.

Junto a él está Ramón Moratinos, que lleva 19 años acudiendo al puesto ininterrumpidamente. Tiene muy claro que su misión en esta gran jornada es la de ayudar a los peregrinos.

"Llevamos aquí desde las 8.30 de la mañana y estaremos hasta las 14 horas. Preparamos todos estos caldicos en una huerta de Huarte y, desde muy temprano, los traemos hasta aquí. Solo buscamos ayudar a los peregrinos de forma altruista, es lo que nos motiva. Además, hoy hace un día muy bueno, ¡está un día cañón!", relata Moratinos.

"Mientras la salud nos respete, haga frío, calor o llueva, aquí estaremos", finaliza el colaborador, a quien muchos de los caminantes agradecen su avituallamiento.

DE DIFERENTES PAÍSES

Al lado del puesto descansa un grupo de casi 30 jóvenes de distintos países del mundo. Participan en la Javierada organizada por el Servicio Educativo Intercultural (SEI). Ahí, Helena Contreras, una de las trabajadoras, cuenta cómo está marchando su viaje.

"Trabajamos con adolescentes de 12 a 17 años recién llegados de otros países y que están pasando por un duelo migratorio complicado. Planeamos actividades con ellos en todos los niveles, desde lúdicas hasta socioeducativas, y los apoyamos tanto a nivel familiar como escolar", comenta.

"Llevamos haciendo este evento desde que se creo el SEI en el año 1999. De él, lo que más valoran estos jóvenes es el encuentro entre todos ellos, el encuentro con la tradición navarra y los vínculos que surgen entre ellos por la convivencia que genera el viaje" agrega.

Por otro lado, Contreras afirma que no les es necesario realizar un entrenamiento los días previos a la Javierada. "Dado que en sus países​ están acostumbrados a llevar ritmos fuertes de vida, no les supone ningún problema realizar este trayecto", culmina.

UN CAMINO MÁS SEGURO GRACIAS A CRUZ ROJA

Pero la Javierada no solo la construyen los peregrinos. Eso lo saben muy bien Sara Ardanaz, Sandra Cinca, Carlos Pérez y Amaya Pérez, varios de los jóvenes que forman parte del dispositivo desplegado por Cruz Roja.

"La mayoría de nosotros llevamos dos años (aunque Carlos Pérez lleva ya seis) y trabajamos en eventos como los Sanfermines o las fiestas de los pueblos. Concretamente, esta es nuestra segunda Javierada", relata Amaya Pérez.

"Trabajaremos desde las 10.30 horas hasta las 8 de la noche, aunque a partir de la hora de comer es cuando​ más ajetreo esperamos", agrega por su parte Ardanaz.

"Solemos curar ampollas sobre todo, y tenemos cursos en primeros auxilios y en socorrismo", señala Carlos Pérez, subrayando cuál suele ser su principal labor durante la Javierada.¡

A LOS PIES DEL CASTILLO

Bajo la enorme torre del Castillo, Juan Carlos Iaznazcoz, de 59 años, cuenta su peculiar versión 'en reverso' de la Javierada. "Somos de Liédena...por eso hemos ido primero hacia atrás, río arriba hasta Lumbier y hemos vuelto por la sierra y por el monte hasta aquí, haciendo un total de 20 kilómetros. Hemos ido cuatro amigos y hemos estado de maravilla", detalla.

Pero las tradiciones también hay que mantenerlas, y qué mejor manera que heredándolas de padres a hijos. En este sentido, Miriam Bueno, una pamplonesa de 47 años, no ha dudado en llevarse a su hija Andrea Noriega, de tan solo 11, a hacer su primera Javierada. "Yo ya he hecho por lo menos 20 Javieradas a lo largo de mi vida. En esta hemos partido desde Loiti", apunta Miriam Bueno.

En suma, un año más, las motivaciones personales, el trabajo altruista de muchos y las ganas de superarse a sí mismos de otros, vuelven a confluir en uno de los eventos más simbólicos de la Comunidad foral.


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