Un pamplonés de 24 años, fray Ignacio Esparza Lezáun, relata sus dos años como monje de clausura en Leyre

"Desde niño siempre quiso ser sacerdote, pero llegó un momento en el que el Señor me llamo aquí, y no pude decir que no", explica.

Ignacio Esparza Lezaún, fraile en el monasterio de Leyre.
Ignacio Esparza Lezaún, fraile en el monasterio de Leyre.  

Fray Ignacio Esparza Lezuán, pamplonés de 24 años, lleva dos como miembro de la Orden de San Benito, dentro del monasterio de Leyre, en el que se encuentra llevando a cabo una vida de clausura, algo que puede parecer extraño para un joven de su edad en los tiempos que corren.

Sin embargo, él ha encontrado en la vida monacal la respuesta que buscaba desde niño y que da plenitud a su existencia, tal y como lo asegura en una entrevista grabada dentro del monasterio.

Esparza relata que viene de una familia cristiana, que fue educado en una universidad católica y que, con el paso del tiempo, vio que el Señor le llamaba para entrar al monasterio como monje.

"Me acuerdo que de pequeño quería ser sacerdote, ya que tenía mucha inclinación a la vida religiosa. Y llegó un momento en el que el Señor me llamo, y no pude decir que no", confiesa.

Sobre su paso adelante, explica que sus padres y sus hermanos lo ayudaron mucho, sobre todo en la formación. "Aquí en la vida benedictina es muy importante la belleza, ya que nos pasamos mucho tiempo al día rezando y cantando. El énfasis que se ha puesto en mi familia en la educación en la belleza es una de las cosas que más me ha ayudado a orientarme", apunta.

Acerca de su vida en Leyre, indica que "uno aprende que tiene que dar el sí cada día". "Todos los días tienes miedo, pero también tienes la gracia del Señor para sobrellevarlo. No se trata tanto de qué va pasar en el futuro, sino que el Señor, para hoy y para ahora, te está dando la gracia, y tú lo que tienes que hacer es cogerla", alega.

EL RITMO DEL DÍA A DÍA

No todo es sencillo, según revela: "Lo que más me ha costado, medio en broma, es levantarme tan pronto todos los días. Y más en serio, el ritmo del día a día, porque todos son iguales. Cuando llegué, me di cuenta de que los sábados por la noche haces lo mismo que los otros días y no haces nada en especial. Pero esa es también la grandeza, porque todo lo exterior se apaga, y eso te ayuda a centrarte en lo esencial, en el Señor".

En la entrevista también cuenta cómo anunció su decisión a su familia: "A mis padres, los senté y les dije que me venía para aquí. Mi madre le echó la culpa a mi padre, y mi padre le echó la culpa a mi madre, pero los dos están muy contentos. Mis hermanos también me apoyaron mucho. Desde dentro de la clausura, uno está menos puesto de lo que pasa en el mundo y también menos con la familia, pero los lazos son más profundos, porque vives más intensamente los pocos instantes que estás con ellos".

Por último, expone cómo es su rutina diaria, basada en la oración y en el trabajo. "Nos levantamos pronto para rezar, después dedicamos tres horas y media al trabajo por la mañana, y por las tardes otras dos o tres horas. Entre oración en común en la iglesia y la que cada uno hace en privado, así es como pasamos el día", resalta.

Esparza no es el único monje benedictino joven, sino que hay otros, como fray Eduardo Oliver Piqué, que también han decidido contar a través de una entrevista cómo descubrió su vocación cuando estaba terminando sus estudios universitarios.


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