• miércoles, 18 de mayo de 2022
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SOCIEDAD

"Fortuna", el torero navarro que lidió un toro bravo en plena Gran Vía de Madrid

No importa que el nombre de Diego Mazquiarán tenga mayor o menor reconocimiento puesto que siempre será recordada por hacer historia la mañana del 24 de enero de 1928.

El torero "Fortuna" en plena faena en la Gran Vía de Madrid. ALFONSO SÁNCHEZ GARCÍA
El torero "Fortuna" en plena faena en la Gran Vía de Madrid. ALFONSO SÁNCHEZ GARCÍA

Los verdaderos genios son aquellos de los que se recuerdan sus hazañas pero no necesariamente sus nombres. Y "Fortuna" es uno de ellos. Hijo de un matrimonio natural de la localidad navarra de Olaguztía, no importa que el nombre de Diego Mazquiarán tenga mayor o menor reconocimiento en la actualidad puesto que su figura siempre será recordada por hacer historia en la mañana del 24 de enero de 1928.

Aquel frío día, un toro bravo logró escaparse camino del matadero de Madrid, causando el pánico en las calles de la capital. Descrito como "negro, grande y desarrollado en pitones", tras recorrer la cuesta de San Vicente y la plaza de España, el animal enfilaba la Gran Vía madrileña descontrolado y dispuesto a matar.

A su paso, había dejado tres heridos: una mujer de 66 años, volteada y víctima de una "conmoción visceral"; Anastasio Martín, ordenanza de la comisaría del Hospicio con un puntazo en el trasero; y Andrés Domínguez, hospitalizado y en "pronóstico reservado" según recogió el diario ABC de la época.

Valientes jóvenes trataron de reconducir sin éxito al res, que ya recorría los primeros metros de la famosa vía madrileña cuando el diestro "Fortuna", que caminaba con su mujer camino a casa de sus suegros, se cruzó en su camino.

"Traedme un escote", exclamó a los presentes al tiempo que se desabrochaba el abrigo y se colocaba frente al enorme toro.

En tan solo un instante, lo que era una fría mañana de invierno madrileña se tornaba en una improvisada faena callejera. Cientos de personas se agolparon expectantes alrededor de "Fortuna", el único que había logrado dominar a aquella 'bestia'.

Tras rechazar un sable por impropio, consigue que un mozo le traiga su propia espada de su casa tras quince minutos toreando al animal con el abrigo cual capote y envuelto en aplausos y olés.

"Cruzando los brazos, sin desviarse", el diestro de origen navarro necesitará tan solo dos pases hasta entrar a matar. Malherido, el animal se aproximará a la acera donde se agolpaba la multitud cayendo muerto entre una sonada ovación.

Entregados a "Fortuna", sin casi tregua varios presentes le llevan en volandas hasta un café de la calle Alcalá no sin antes inmortalizar la escena, con el toro muerto sobre el asfalto, y cortar las dos orejas.

Sin duda, la mejor faena en la carrera de "Fortuna" que, como los más grandes genios, pasó sus últimos años de vida avasallado por tormento y delirios, que le llevarían a la muerte con tan solo 45 años en un manicomio de Perú.


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