SOCIEDAD

El duelo que 200 familias navarras ya han vivido: "El confinamiento intensifica la soledad y el dolor"

Las dificultades y el aislamiento se intensifican al tener que despedirse de un allegado fallecido bajo las circunstancias del Estado de Alarma.

Imagen del cementerio de Pamplona que debido al COVID-19 se encuentra cerrado al público.  EFE/ Jesús Diges
Imagen del cementerio de Pamplona que debido al COVID-19 se encuentra cerrado al público. EFE/ Jesús Diges  

Los servicios funerarios de Navarra aseguran que las familias están asumiendo entre la resignación y el estoicismo la manera en la que se tienen que despedir de sus seres queridos fallecidos durante la pandemia por coronavirus, que ha limitado de forma importante los velatorios, entierros e incineraciones.

Son ya alrededor de 200 las familias que en la Comunidad Foral se han encontrado desde la declaración del estado de alarma con unas circunstancias que no imaginaban para el momento en que tuvieran que despedir a un allegado sea cual sea la causa de su muerte.

En las salas de los principales tanatorios de la comunidad solo se permite la presencia de entre tres y seis personas, sin poder estar en pasillos y sin servicio de cafetería, y un máximo de 20 en el cementerio, según las restricciones generales establecidas por el estado de alarma, salvo que se trate de un enfermo de coronavirus en cuyo caso el velatorio ha quedado suprimido.

La razón de estas medidas es intentar evitar que los familiares y allegados de las personas muertas puedan propagar el COVID-19, unas limitaciones que "les están afectando mucho" porque "la pérdida ya es de por sí un momento muy delicado y estas circunstancias no ayudan", comentan en declaraciones a EFE desde los tanatorios Irache y San Alberto.

Sin embargo Lorena Sánchez, directora del Grupo Irache, dice que no solo no se ha registrado "ningún tipo de conflicto" por las restricciones sino que la situación conlleva comportamientos "estoicos", y es que según David Fácila, responsable de San Alberto, "la gente está concienciada y acepta lo que hay con resignación".

Eso no evita que se esté produciendo en las familias "un daño emocional importante" por la "deshumanización" que el coronavirus está provocando en estos procesos de despedida.

De ahí que la Fundación Irache haya reforzado de manera gratuita el apoyo psicológico que ofrece a sus clientes con profesionales de la Clínica San Juan de Dios, habituados a tratar con enfermos paliativos y sus familias.

Una ayuda emocional que también brinda la Asociación Goizargi (teléfonos 660 034 101 y 948 363 883) a todo aquel que esté pasando un duelo, sea o no socio, ya que el contacto, en cualquiera de sus formas, comenta, "es esencial para todas las personas y más en un duelo, pero con el confinamiento en casa todo esto se ve limitado y se multiplica e intensifica la soledad y el dolor".

Y es que todas las despedidas por fallecimientos debidos a cualquier causa se viven estos días de una forma peor y si se trata de víctimas del coronavirus aún más porque "les han llevado a urgencias, han empeorado en pocas horas y ya no se les han vuelto a ver", relata Sánchez.

"Es una situación que parece irreal" y "las familias necesitan tener una esperanza" de que en algún momento podrán decir adiós a los suyos en un "acto de homenaje", dice, y añade que en esta idea están ya trabajando en su empresa.

De forma paralela tanto Irache como San Alberto centran esfuerzos en garantizar la seguridad de sus trabajadores que necesitan de material de protección, tanto mascarillas como guantes, geles hidroalcohólicos y, buzos o batas que eviten contagios y que ahora deben solicitar al Gobierno de Navarra porque la producción y venta de estos productos ha quedado bajo el control de la administración.

La razón es que un cadáver deja de suponer un riesgo de contagio por medio de toses y estornudos pero tiene fluidos y puede que sudor, y ademas el cuerpo quizá haya sido manipulado antes de que lleguen los trabajadores de los tanatorios, por lo que necesitan tomar medidas de prevención.

De hecho desde el estado de alarma se lleva el equipo, al que añaden cuando se les notifica que es una muerte por coronavirus una bolsa estanca, que ya no se vuelve a abrir, y los productos precisos para higienizarla por fuera.

Se trata, comenta Sánchez, de protección "en una profesión poco visibilizada" y que quiere ser reconocida como "el último eslabón de la cadena sanitaria para poder hacer el trabajo de forma segura", ya que el Gobierno les ha "considerado como grupo estratégico" aunque de momento no han notado los efectos prácticos de ello.

En todo caso, concluye Fácila, "nosotros somos profesionales y tenemos el reto de sacar adelante esta situación tan complicada y hacerlo ayudando a las familias lo máximo que podamos. También tenemos padres, hijos, hermanos, ....y no estamos al margen de lo que está sucediendo". 


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