SOCIEDAD

Elzbieta Podolak, la flautista polaca que encandila a los vecinos de Mañeru con sus miniconciertos

Cada día a las 21,10 horas se ha estado asomando a la ventana de su habitación para interpretar conciertos de veinte minutos.

Imagen de la localidad navarra de Mañeru en la zona media de Navarra. Albergues del Camino de Santiago.
Imagen de la localidad navarra de Mañeru en la zona media de Navarra. Albergues del Camino de Santiago.  

La música lo es "todo" para la polaca Elzbieta Podolak (Lodz, 1954), una flautista que desde pequeña emulaba con dos palos que tocaba el violín y que ahora ha conseguido encandilar a sus vecinos del pueblo navarro de Mañeru con sus más de cincuenta "miniconciertos" durante el confinamiento.

Todo comenzó con una propuesta de su vecino, Julio Iriarte, que, según cuenta a Efe, le animó por WhatsApp a que les regalase su música, un ofrecimiento que Podolak aceptó sin dudarlo ni un segundo por toda la ayuda que había recibido de ellos en los cuatro años que lleva viviendo en Mañeru.

Podolak asegura que el confinamiento le brindó un "buen momento para devolverles los favores" que le habían hecho, especialmente desde el fallecimiento de su marido al poco tiempo de instalarse en este pequeño pueblo de 400 habitantes y de vivir en la que iba a ser "la casa de sus sueños".

"Les ofrecí a mis vecinos lo que sé hacer a través de la flauta y de la voz", admite Podolak, que cada día a las 21:10 horas se ha estado asomando a la ventana de su habitación para interpretar conciertos de veinte minutos, divididos en cuatro partes de cinco minutos cada una.

Con más de cincuenta conciertos, el repertorio supera ya las doscientas obras, entre las que se han recordado a Bach, Brahms, Scott Joplin, The Beatles, Mikel Laboa o su paisano polaco, Chopin. "Cambiaba un poquito los compositores, para no aburrir", admite.

Todo lo contrario. Según cuenta Iriarte, los miniconciertos han sido "estupendos" y Podolak les enviaba por adelantado cada tarde las canciones que iba a tocar ese día, con información sobre los autores. "Los que vivimos más cerca somos los que tenemos la suerte de oírle mejor", asevera.

Iriarte recuerda con especial cariño uno de los conciertos de Podolak: aquel que estuvo dedicado a su padre, fallecido durante la pandemia de la COVID-19, un detalle que según cuenta este vecino también se ha repetido para celebrar cumpleaños, nacimientos o aniversarios de boda.

Podolak hace hincapié en lo agradecida que se siente por la gran acogida de estos recitales por parte de sus vecinos, quienes han aguantado "estóicamente" y no le han "tirado ningún tomate, ni huevos ni nada, según admite entre sonrisas: "Yo creo que les gusta".

Tan solo ha fallado en contadas ocasiones y siempre a causa de la meteorología, pues explica que, en los días de lluvia y humedad, las membranas que hay en las teclas de la flauta travesera se pueden "hinchar" al ser un instrumento "muy delicado", el cual, de hecho, llegó a su vida casi por sorpresa.

Podolak nunca imaginó que acabaría tocando la flauta travesera cuando durante su infancia en Polonia emulaba con dos palos que tocaba el violín para sorpresa de sus padres, que decidieron apuntarla a un preescolar musical.

Así fue como "cuando tenía la edad correspondiente" comenzó a dar clases con un profesor de violín, pero al poco tiempo falleció y los directores de la escuela "engañaron" a sus padres para que la trasladasen a flauta, "un instrumento chiquitín" y apto para una niña.

Desde entonces, ambas son inseparables y juntas han atravesado dieciocho años de "unos estudios muy duros" y han viajado a México, Francia, San Sebastián o Vitoria, han formado parte del Coro Ametsa, la banda de la Ertzaintza o el Orfeón Donostiarra; y han impartido clase en el conservatorio de Bilbao, entre otros.

Es por eso que piensa que la vida del músico es "súper sacrificada porque siempre tienes que estar al cien por cien" y siente que ya ha llegado el momento de poner el foco en otros asuntos como su familia, que está a punto de recibir a un bebé que le convertirá en abuela por primera vez.

Hablar sobre el bebé le hace llegar a la conclusión de que la música le ha acompañado siempre. "Nacemos y ya en la cuna te empiezan a cantar, en la barriga la madre canta a su futuro bebé y, cuando ya no estás, también te acompaña la música: o te cantan, o te tocan las campanas".

No sabe cuando realizará su último concierto, pero siente que ocurrirá pronto. Será ese el momento en el que Podolak deje de encandilar a diario a sus vecinos con la melodía de su música, pero sus conciertos quedarán siempre en el recuerdo de Mañeru, por haber dotado de banda sonora a esta pandemia. EFE


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