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Beatriz Sánchez, víctima de ETA: "Con las caras tapadas, nos apedrearon al llegar a Alsasua"

Sobre las campanas con las que los radicales intentaron boicotear su discurso, dice que "eran un chute para subir el tono".

Beatríz Sánchez, víctima de la banda terrorista ETA, en el acto de Ciudadanos de Alsasua el pasado 4 de Noviembre. MIGUEL OSÉS
Beatríz Sánchez, víctima de la banda terrorista ETA, en el acto de Ciudadanos de Alsasua el pasado 4 de Noviembre. MIGUEL OSÉS  

Beatriz Sánchez Seco, víctima del atentado que ETA perpetró contra la Casa Cuartel de Zaragoza cuando ella tenía tan solo cinco años, una edad con la que tuvo que ver cómo en primera persona cómo un coche bomba mataba a 11 personas y dejaba heridas a otras 88, participó el domingo de la semana pasada en el acto de España Ciudadana organizado en Alsasua, donde sufrió el boicot de los radicales, que hicieron repicar las campanas durante su discurso.

En una entrevista publicada este domingo por Heraldo de Aragón, esta víctima de la banda terrorista denuncia cómo los violentos que se habían reunido en Alsasua para tratar de impedir el acto de Ciudadanos apedrearon los vehículos en los que llegaron al municipio.

"Nos apedrearon el autobús donde íbamos, y menos mal que el cristal estaba blindado, porque me habrían partido la cara. Nos tiraron piedras, mecheros y monedas. Entramos corriendo y salimos corriendo", afirma.

Sobre por qué quiso participar en la concentración celebrada en la localidad donde hace dos años se registró una brutal paliza a dos guardias civiles y a sus parejas, Seco asegura que "si no vamos nosotros, las víctimas de ETA, quién va a ir. Si queremos algo, tenemos que ser los primeros interesados y luchar por ello. Puedo entender que otra gente no lo comparta o que no vaya por miedo", argumenta.

Al mismo tiempo, recuerda en la entrevista los años de su niñez, cuando vivía en Navarra: "Yo nací en Estella. Mis padres estuvieron en Lecumberri y Los Arcos, antes de venir a Zaragoza. Tuvieron que marcharse de esos pueblos porque los amenazaban y, si no se iban, acababan con ellos. No les vendían en las tiendas de Los Arcos y tenían que irse a comprar a Logroño. El fotógrafo del colegio de Los Arcos era Pakito (Francisco Múgica, condenado por el atentado de la casa cuartel), porque era primo de una profesora".

Ella no tuvo miedo en acudir a Alsasua, pese al clima violento que se respiró durante el acto, con decenas de radicales insultando tanto a las fuerzas de seguridad como a los participantes en el acto, a quienes lanzaron piedras, mecheros y monedas. "Me llamó la psicóloga para ver si estaba preparada para ir y si tenía miedo, pero le dije que no, porque no nos pueden hacer más daño del que nos han hecho", declara.

LLENA DE ESTIÉRCOL

También cuenta cómo viajo hasta Alsasua, lugar al que llegó desde Pamplona. "No iba con autobuses desde Zaragoza. Me llamaron desde Ciudadanos para pasar el sábado en Pamplona antes de ir a Alsasua, para estar más tranquila. Había reporteros de la CNN y la BBC. Los primeros que llegaron a Alsasua se encontraron con el estiércol esparcido donde iba a celebrarse el acto y lo recogieron", explica, según publica Heraldo de Aragón.

Una vez en el municipio, vio al carnicero de Mondragón (el etarra en cuyo bagaje se encuentran 17 personas muertas) "donde estaban montando un concierto en una plaza del pueblo, cerca de donde fue el acto de España Ciudadana".

Y por supuesto, se refiere al hecho de que sonaran las campanas mientras pronunciaba su discurso, unos hechos delictivos que el párroco de la localidad informó que habían sido obra de un grupo de jóvenes que se habían colado en la torre de la iglesia. "Me daba más fuerza. Las campanas eran un chute para subir el tono o gritar más. A mí fue a la que más presión metieron, y lo reconoció Albert Rivera cuando me saludó. Como si me hubieran tirado piedras entonces y las hubiera esquivado. No querían escucharme y pusieron nueve minutos de campanadas. Cuando la gente aplaudía, callaban, y si volvía a hablar, tocaban. Querían que no se me oyera, pero no iba a achicarme. La iglesia los dejó, porque no me creo que fueran okupas, como dijo el párroco", subraya.

Al día siguiente, Sánchez tuvo que responder ante los padres de los compañeros de su hijo por qué había acudido a Alsasua: "Mi hijo estaba en casa de su abuela dormido cuando llegamos. Al día siguiente, cuando fui a buscarlo al colegio, todos los padres me dijeron que no sabían lo qué me había pasado. Me preguntaban cómo me atreví a ir, y les dije que por qué no. Siempre voy con gafas de sol y en Alsasua ni me las puse. No tenía nada que ocultar ni esconder. Sin embargo, los del pueblo llevaban bragas para tapar sus caras. Yo no tengo miedo y eso quiero inculcarle a mi hijo. Si te agreden, te defiendes, pero nunca pegas", concluye.


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