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Sara Brun, escritora navarra: "El mundo es tremendamente injusto con las mujeres por normas que han dictado hombres"

La autora, natural de Carcastillo, ha presentado su primera novela "De Sofía al Cielo", ambientada en la India y el Valle de Aézcoa, en el Corte Inglés de Pamplona.

Presentación del libro De Sofia al cielo, de la escritora navarra Sara Brun. MIGUEL OSÉS
Presentación del libro De Sofia al cielo, de la escritora navarra Sara Brun. MIGUEL OSÉS  

Sara Brun (Carcastillo, 1972) ha trabajado 18 años de plató en plató, en series como La casa de los líos y Cuéntame, y programas como España Directo. Después de esta etapa, decidió desconectar y viajó a Guatemala para colaborar en un orfanato. De allí se marchó a la India, durante dos meses, una estancia que, aún sin saberlo, sería una de las claves de su primera novela. Después regresó a Carcastillo, donde escribió artículos históricos sobre su pueblo y las localidades vecinas de Figarol y Rada, además de realizar un documental sobre los pueblos de colonización españoles de los 60.

Ahora acaba de publicar con el sello Versátil De Sofía al cielo, una historia de amor protagonizada por una guionista de televisión que deja su trabajo por las presiones de su jefe y decide tomarse un año sabático para viajar a la India.

Allí, la joven llega la Ciudad de las Viudas y emprende una decidida lucha para ayudarlas. Además, en este escenario también se encuentra con un joven y exitoso actor, que busca su propio camino. Este viernes, Brun ha presentado el libro en El Corte Inglés de Pamplona de la mano de Yolanda Rodríguez, la presidenta de Médicos del Mundo Navarra.

Ha trabajado durante años en programas y series de televisión. ¿Qué la ha animado a escribir su primera novela?

Trabajé como productora, pero no se me daba mal escribir, sobre todo, artículos de historia. Me pasan muchas cosas en la vida y soy muy expresiva contándolas. Por eso, mi amiga Cristina Rodríguez, del programa Cámbiame, llevaba años insistiéndome: “Tienes que escribir una novela, tienes que escribir una novela” y por no oírla, el verano pasado, que contaba con tiempo, me senté a escribir y aquí está De Sofía al Cielo. Cristina tenía razón, podía hacerlo.

Su novela es, sobre todo, una historia de amor. ¿Hay algunos ingredientes que no pueden faltar en ellas?

La novela romántica creo que tiene una ecuación fija: La Cenicienta Pretty Woman, por ejemplo. Chico conoce a chica, chica se enamora, chico no y al final se invierten las tornas y él cae rendido a sus pies. A mí la ecuación en  De Sofía al Cielo se me ha ido de las manos. Por supuesto que es una novela de amor, pero la trama en la India y el compromiso que adquiere Sofía con dos adolescentes indias es muy importante. También forman parte de la novela la soledad, el miedo al abandono y la fuerza que nos es intrínseca a todas las mujeres.  

¿Cuáles son sus referentes en el género?

Silvia C. Carpallo, Olivia Ardey y Lisa Kleypas.

¿Cuánto hay de usted en el personaje de Sofía?

Creo que en todos los personajes hay cosas de mí, pero también de personas que conozco o situaciones que he vivido. Sofía y yo nos hemos prestado cualidades y defectos mutuamente. No tengo trastorno de personalidad, solo que cuando estás describiendo a un personaje, las cosas que le pasan y cómo reacciona, muchas veces lo hace mejor de lo que lo harías tú y entonces te preguntas: ¿Por qué no me lo aplico? Por ejemplo, de Sofía he aprendido a contar hasta diez y respirar. Y ella supongo que es un poco como yo, tremendamente empática, segura de sí misma, caprichosa y con mala leche. Su generosidad es mayor que la mía.

Los escenarios en los que transcurre la trama son muy especiales. Uno de ellos es la India, donde pasó tres meses. ¿Qué es lo que más le impactó?

Lo que más me impactó es que a los dos días me sentía como en mi casa. Yo fui a la India de paso, solo 10 días y luego quería ir a Ubud, Bali. Pero aterricé en Kerala y poco me moví ya de allí. Conocí a una pareja india en el avión que vivía en Londres y volvía a la India para celebrar la boda de su hija y me invitaron al evento, así de bien empezó mi estancia. Y luego me establecí en el ashram de Amma y fue toda una experiencia de conocimiento propio. Allí conocí a algunos de los personajes que aparecen en el libro. 

¿Qué ha querido trasladar de esta cultura y formas de vida en su historia?

La India es dura según por donde te muevas y el tiempo que permanezcas. Lo que aprendí, sobre todo, es que se puede vivir con dos euros al día y vivir bien. Que la amabilidad y sonreír son dos de las mejores armas que poseemos y que las normas, ya sean políticas o religiosas, favorecen siempre a unos pocos y castigan a la inmensa mayoría.

¿A veces es necesario viajar a otro lugar, salir de nuestra zona de confort, para conocernos mejor?

Bueno hay gente que se conoce muy bien sin salir de su zona de confort. Yo soy una adicta a los viajes y sé quién soy muchas veces gracias a ellos. Pero claro que recomendaría a todo el mundo que viajara, cuanto más mejor. Que viajara con la mente abierta y dejándose sorprender.

¿Qué aprendió usted de la "La ciudad de las viudas"?

Siento defraudar a los lectores, pero jamás he estado en “La ciudad de las Viudas”. Supe de la triste vida que llevan en la India y cuando me dispuse a escribir la novela estuve documentándole sobre la ciudad y me pareció que Sofía podía perfectamente involucrarse en esta causa. Hay una ONG, Guild of Service, que trabaja para mejorar sus vidas y tiene un hogar para acogerlas en Vrindavan, llamado Amar Bari, que es en el que me he basado. Lo que he aprendido al escribir sobre las viudas es que el mundo es tremendamente injusto, sobre todo con las mujeres, por culpa de normas que han dictado hombres.

¿Y de qué es consciente Sofía a través de su viaje?

Del miedo que tiene a la soledad, de que una vida de estrés laboral no es vida, de que tiene que ser fiel a sus principios y sobre todo aprende que ayudar a los demás revierte directamente en su propia felicidad. 

En la trama también juega un papel importante Garralda y el valle de Aézcoa. ¿Qué le permitía este escenario?

Aislamiento, sentir la naturaleza, gente auténtica y una historia curiosa que justificara por qué Álex poseía un caserío al norte de Navarra.

Antes de la India, usted también viajó a Guatemala. ¿Cree que escribirá una próxima novela ambientada allí?

No, no. Guatemala fue una experiencia muy complicada y aunque sí que creo que en mis futuras novelas las causas sociales siempre estarán presentes prefiero situarlas en otros escenarios. 


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