ENTREVISTA

Juan Iribas, escritor y periodista tafallés: "La ambición es la prueba a la que someto a los personajes"

Acaba de publicar "El guardián de la intemperie", una novela ambientada entre Pamplona y Ujué y protagonizada por un mendigo con gran talento para la pintura.

El escritor y periodista tafallés Juan Iribas.
El escritor y periodista tafallés Juan Iribas.  

Un mendigo que vive arrellanado en los bancos de la plaza de la Cruz, tetrabrick de vino en mano, sorprende a un avaro vendedor de antigüedades y a su mejor amigo, un cirujano jubilado, por su impresionante talento para la pintura. Su reto: realizar una copia del autorretrato Yo, Picasso, una de las joyas de la tienda pamplonesa La Capilla Sixtina. Esta es la semilla de El guardián de la intemperie, la cuarta novela del escritor Juan Iribas (Tafalla, 1973), que acaba de llegar a las librerías de la mano de Ediciones Eunate.

Este miércoles, el autor la presenta este miércoles, a las 20:00 horas, en el salón de actos de la Casa de Cultura de Tafalla; y el viernes 27, a las 18:00 horas, en la sala de conferencias de Civican, en Pamplona. La obra, de 204 páginas y a un precio de 15 euros, puede comprarse en diversas librerías y también a través de la web de la editorial.

El prólogo de El guardián de la intemperie lo escribe el artista Miquel Fuster, que sobrevivió más de una década en la calle. ¿Su historia es la semilla de esta novela?

A Miquel Fuster, con 15 años de vida en la calle a sus espaldas, lo conocí una vez que ya había terminado el texto. Aun así, su vida como empleado en la editorial Bruguera, su época en la calle sobreviviendo trago a trago vino, alguna que otra paliza y su arte con los pinceles dan para una novela. Curiosamente he encontrado paralelismos entre el protagonista de El guardián de la intemperie y Miquel Fuster, pero como me dijo un día Fuster: “Ojo, no te equivoques, que tu personaje es ficción y lo mío pura realidad”.

¿Cómo lo conoció?

Dándole vueltas a la posible portada escribí en el cajetín de Google “mendigo + pintor” y di con él. La verdad es que me quedé absolutamente impresionado al conocer su historia y su capacidad de superación después de una vida un tanto adversa.

¿Ha cambiado la percepción que tenía de la vida de las personas que viven en la calle tras escribir esta novela?

Sin duda que uno, para escribir, ha de documentarse. He hablado con varios mendigos, con organizaciones, Cáritas y uno se da cuenta que detrás de esas personas hay biografías. Quién me iba a decir a mí que, por ejemplo, Miquel Fuster es un dibujante con talento como da muestras en la ilustración de la portada; o con su prólogo. También he conocido a un mendigo ingeniero o licenciado en Derecho. Pero, por desgracia, son un trozo invisible de este mundo.

¿Quería con el personaje de Miguel Ángel, un mendigo-pintor, romper los estereotipos?

Quiero que se ponga en valor la “trastienda” de las personas. Las ideas preconcebidas hacen mucho daño y, a veces, uno se equivoca pensando mal de las personas por el mero hecho de que la sociedad las etiquete.

¿Por qué eligió el cuadro Yo, Picasso como pieza clave de la novela?

Este autorretrato es un personaje más de la novela. Picasso, que me parece un gran artista, es un pintor que ya tenía talento cuando sus amigos jugaban a las canicas. Tuvo la osadía y la seguridad en sí mismo de preparar una representación como Yo, Picasso con menos de 20 años. Él sabía que eso le iba a fortalecer como artista, como así fue, para luego ser capaz de plasmar todo lo que nos ha dejado.

La ambición es uno de los motores que da el giro a la historia. ¿Cree que sucede muchas veces así?

La ambición es la prueba a la que someto a los personajes. Quiero ver de qué son capaces, hasta dónde quieren llegar a cambio de ciertas cosas. La vida nos pone pruebas y nos pone a prueba, y cada uno reaccionamos en función de nuestros intereses. De hecho, la novela ofrece una variedad importante en los comportamientos de sus personajes.

En la segunda parte de la historia hay una pequeña trama policial. ¿Ganas de una novela puramente policiaca?

El texto exigía que apareciera la policía, en este caso, la Policía Foral, pues los hechos se desarrollan en Pamplona y Ujué y deben actuar ante los sucesos que se producen. Me gusta bastante cómo escribe, por ejemplo, Lorenzo Silva, pero no termino de verme cómodo con este tipo de género literario como autor.

El escenario, en Pamplona y también en Ujué, está muy presente. ¿Quería hacer un homenaje a estos lugares? ¿Por qué?

De Pamplona hay algo que me llama mucho la atención y he querido destacar: la frontera entre lo que llamo en la novela el hemisferio norte y el hemisferio sur que separa a la Plaza de la Cruz. En esos metros cuadrados conviven familias, niños que juegan, viandantes con mendigos con sus litronas y sus cajas de vino. Y de Ujué, es un pueblo que conozco desde pequeño con mucha riqueza gracias a su santuario, a la Virgen de Ujué, y hago que el protagonista se ‘enamore’ de sus migas, algo bastante fácil…

¿Podría haberse ambientado en otro lugar?

Tengo tan interiorizados Pamplona y Ujué que me costaría bastante esfuerzo ‘trasladar’ los escenarios a otros lugares.

¿Qué papel juega el humor en esta novela?

Hay que procurar, con ciertas dosis, de dotar a algunos de los diálogos o escenas de ciertos guiños, algo que se lleva a cabo gracias al ingenio, sobre todo, de Miguel Ángel y Constantino.

Ha lanzado también un booktrailer para presentar el libro. ¿Qué aporta a la historia?

Pretendo que sea una tarjeta de presentación de aquello que el lector va a encontrarse en las poco más de 200 páginas. Es una especie de ‘aperitivo’, donde tengo que agradecer el buen trabajo de Marta Bañón con la edición, de los actores y del músico Patxi Garro a través de su banda sonora. 


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