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Las hazañas musicales con las que Eusebius revolucionó Navarra: “Pamplona le debe, como poco, una calle”

El escritor y periodista Daniel Ramírez presenta su libro “Eusebius, capitán de la Nave de Baco” (Editorial Renacimiento) en Pamplona

Daniel Ramírez junto a Maialen García Mina, hija de Eusebius, en la presentación del libro en el Nuevo Casino de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Daniel Ramírez junto a Maialen García Mina, hija de Eusebius, en la presentación del libro en el Nuevo Casino de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY  

El periodista y escritor Daniel Ramírez García-Mina presentó este jueves en Pamplona su tercer libro, “Eusebius, capitán de la Nave de Baco”. La obra, editada por Renacimiento, es una biografía literaria sobre la figura de Eusebio García-Mina (1890-1944), antepasado del autor y crítico musical pamplonés.

García-Mina firmaba sus artículos y crónicas de conciertos bajo el pseudónimo de Eusebius, nombre tomado del compositor Robert Schumann. En la presentación del libro, celebrada en el Nuevo Casino Principal, Daniel Ramírez contó cómo su abuelo le contagió el interés por la figura de Eusebius. Juan Manuel Bonet, presente en el acto y prologuista del libro, incluyó a García-Mina en su Diccionario de Vanguardias en España (Alianza Editorial).

Abogado, crítico musical, conferenciante, Eusebio García-Mina llevó una vida atípica en la Pamplona de entreguerras. Cada noche se embarcaba en la llamada Nave de Baco, “un grupo de amigos que encontró consuelo para el alma en los libros, el alcohol y el mantel”, entre los que se encontraban Gustavo de Maeztu o Ignacio Zuloaga.

Según Ramírez, la vida musical de Pamplona no sería la misma si la figura de Eusebius no hubiera existido. “Normalmente, las giras llegaban a San Sebastián y se daban la vuelta”. El crítico trajo a la capital navarra a los mejores concertistas del momento, como Maurice Ravel, Arthur Rubinstein o la clavecinista Wanda Landowska. “Pamplona le debe, como poco, una calle”, aseguró el periodista. 

En una Pamplona encerrada en sí misma e inmersa en el franquismo, el crítico encontraba algunas rendijas por las que escapar de la censura. Fue el encargado de amenizar un banquete nazi en Pamplona con una de sus conferencias. Más tarde, anglófilo declarado en las tertulias a las que acudía, la Gestapo trató de detenerle en una ocasión. Eusebius alegó que tenía que acudir a un concierto del Teatro Gayarre, al que fue escoltado por los guardias alemanes.

En otra ocasión, García-Mina se manifestó a favor de la llegada del baile agarrado a Pamplona. Durante aquella concentración, en la que hubo cargas policiales y varios heridos, llegó a insultar a su tío carnal, Canuto Mina, que apostó por prohibirlo en las páginas del Diario de Navarra.

Eusebius escribió sobre la música de su tiempo durante más de veinte años. Según Daniel Ramírez, sus artículos no sólo alababan a compositores entonces jóvenes y desconocidos que después hicieron historia, sino que tienen un gran valor documental. Entre otros acontecimientos, García-Mina relató el derribo del Teatro Gayarre, el trabajo de Remigio Múgica al frente del Orfeón Pamplonés, el último concierto de Pablo Sarasate en Pamplona o una entrevista con el maestro Sabicas en su gran regreso a la ciudad navarra.

Estas razones llevaron a Daniel Ramírez a escribir la biografía de “uno de los críticos musicales mejor relacionados del siglo XX”.


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