• viernes, 17 de septiembre de 2021
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ENTREVISTA

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016, en Pamplona: "Cuando comencé no creía ni que me fueran a publicar"

El escritor catalán, autor de novelas como "La verdad sobre el caso Savolta", ha visitado la capital navarra para participar en los Diálogos de Medianoche de Civican.

El escritor Eduardo Mendoza, galardonado con el Premio Cervantes 2016. PABLO LASAOSA 03
El escritor Eduardo Mendoza, galardonado con el Premio Cervantes 2016. PABLO LASAOSA

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), que desde hace años vive a caballo entre su ciudad natal y Londres, ha viajado hasta Pamplona para tener su primer encuentro con el público tras recibir el Premio Cervantes. Entre risas, el autor de La verdad sobre el caso Savolta, bromea diciendo que el cambio ha sido mínimo, pues la capital británica y la navarra tienen la misma lluvia y la misma temperatura en este momento.

Mendoza, autor que usa con destreza magistral las armas del humor y la ironía, participó este viernes en los Diálogos de Medianoche de Civican y, horas antes, respondió a las preguntas de Navarra.com.

Tras recibir premios como el Planeta, el de la Crítica, galardones internacionales... ¿Cómo ha recibido el Cervantes?

Bien, es un premio muy importante y que haya recibido otros no significa que esté acostumbrado. Tampoco tengo tantos, teniendo en cuenta que llevo muchos años en el oficio. Este es un premio de mucho calado por lo que es y por las personas que lo han recibido anteriormente. Fue una sorpresa.

¿Había soñado alguna vez con él, cuando comenzó a escribir?

Cuando comencé a escribir no pensaba ni que me fueran a publicar. Nunca me hice muchas ilusiones, porque nunca termino un libro del que esté muy satisfecho. Y pienso: si yo fuera editor, a lo mejor esto no lo publicaría. O, si fuera lector, no lo leería.

Es usted positivo...

(Risas). Todos los escritores somos neuróticos y caemos en un lado u en otro. Hay algunos que se consideran unos genios y otros, un desastre. Yo soy de los segundos. Y nunca pensé que me fueran a dar premios de este tipo. Tanto este como el Franz Kafka, que me dieron el año pasado, me sorprendieron mucho. 

El jurado del Cervantes señaló que en su literatura sigue "la senda cervantina". ¿Cómo ha influido este escritor en su literatura?

Tuve la suerte de leer El Quijote en la adolescencia. En la escuela un año nos tocó leerlo. Empecé la lectura muy a regañadientes porque para un chico de 15 o 16 años era enfrentarse a una cosa que parecía un monumento, un tostón, un rollo. Pero, al cabo de tres capítulos, estaba ya totalmente seducido. Eso no solamente me cambió la manera de ver la literatura, sino que entendí que hay una literatura que pude ser muy buena y, al mismo tiempo, participar del humor, de la diversión, de esta pareja fundacional del gordo y el flaco, del payaso listo y el tonto, que continúa incluso hasta Esperando a Godot, de Beckett. Y que la literatura clásica no estaba reñida con el humor, con la literatura popular, fácil de leer... 

En los tiempos que corren, ¿reírse es lo más serio?

Creo que siempre hay que ir por la vida con humor. Aunque no creo que tenga una función terapéutica para las dificultades. Ayuda pero no las resuelve. Hay que ser serio. Y, al mismo tiempo, tener un poco de humor. No creo que las circunstancias actuales sean tan dramáticas que solo con un gran sentido del humor se puedan afrontar. Pero no recomendaría, por ejemplo, que los habitantes de Alepo se tomaran las cosas con humor. El humor está bien cuando todo lo demás funciona.

¿Qué le permite la sátira en la literatura?

Permite hacer la caricatura, retratos rápidos que fácilmente se pueden identificar sin ser estrictamente realistas. Es una forma de pintar la realidad que no exige mucha fidelidad al detalle. Para contar lo que pasa en estos momentos, igual que el chiste que sale en los periódicos o el que cuenta un humorista delante de un micrófono, a veces es más certero, sintético, que una exposición o un análisis. Para este tipo de novelas, que son un poco crónicas de actualidad, el humor me sirve más que la seriedad.

¿El hacer reír a veces se infravalora, se considera algo fácil?

Hasta hace poco sí. Se dejaba como algo de menos categoría, para ratos libres, y se olvidaba la gran tradición que hay. En el humor también puede haber excelencia y basura. Ahora, en cambio, se está recuperando la tradición de la literatura del humor.

De sus obras, usted ha dicho que elegiría como favorita La verdad sobre el caso Savolta, un libro que mucha gente ha leído en la Universidad o los institutos. ¿Qué cree que tiene para captar a tantos lectores?

No lo sé, soy la persona menos indicada para saberlo. Cuando lo escribí, lo hice, y no sabía qué iba a pasar ni qué es lo que estaba escribiendo. Es un libro que escribí sin saber lo que sé ahora: lo que han dicho los críticos, los lectores... Ahora ya sé quién soy y entonces, no. Por tanto, es un libro misterioso para mí. Y no sé qué interés puede despertar, cómo se lee. En su momento se leyó como una renovación, que no hice yo. Era parte de un cambio general que había en la forma de escribir. Se pasó de un tipo de literatura analítica, formalista, a narrativa. Fuimos varios los que lo hicimos en toda Europa. Ese interés tenía añadido al de la propia trama. Ahora no, es casi un libro arcaico.

Al principio fue concebido con otro título, cambiado por la censura del momento, que también lo criticó. ¿A veces la censura puede ser una buena publicidad?

Primero, a mí me enternece leer esa crítica porque sé que es absolutamente sincera. Es evidente que el censor no sabía que aquello se haría público nunca. Era un mero informe interno y era una opinión. Debía decir si se podía publicar o no por razones políticas, religiosas... Como era un lector, y un lector con el que yo me identifico, no pudo evitar hacer crítica literaria. Era un crítico frustrado porque sabía que nadie iba a leerla. En cambio, luego hemos hecho camino juntos y ahora, quién le iba a decir que aparecería en la faja de los libros como agente publicitario. Es una historia muy enternecedora.

¿Usted se ha autocensurado alguna vez?

No, porque si una cosa no me parecía bien, tampoco quería escribirla. He tenido en cuenta sensibilidades ajenas. A pesar de lo cual, repasando mi historia, me he dado cuenta de que a veces he tocado sensibilidades simplemente por apuntarme al humor del momento que ha ido variando mucho. Cuando yo era niño reírse de las suegras, los viejos, las mujeres y los negros era una cosa perfectamente normal y luego, todo eso ha ido cambiando. Hay que estar muy pendiente de estas cosas.

Otro de sus libros más queridos es Sin noticias de Gurb. Quiero pedirle un pequeño ejercicio de imaginación: ¿Qué pasaría si el extraterrestre, en lugar de en Barcelona, aterrizara en plenos Sanfermines?

(Risas) No lo sé. Ese libro yo lo escribí en un momento y no se puede trasladar. Muchas veces me han preguntado qué pasaría ahora o en otro sitio, pero es imposible saberlo. Tendría que estar yo en unos Sanfermines. 

Vive ahora entre Barcelona y Londres. ¿Se escribe mejor sobre la casa de uno poniendo tierra de por medio?

Yo, sí. Necesito estar, no solamente tener tierra física por medio, incluso estar viviendo en otro idioma, reconstruir el idioma como algo que no estoy utilizando todo el día. Estoy leyendo el periódico, viendo la televisión y hablando con la gente en un idioma y me pongo a escribir en otro que no es el mío. Eso da una perspectiva útil. Recomiendo a todo el que escribe que lea en otros idiomas. A ser posible, que haga una inmersión. Entonces adquiere otra textura. 

¿La literatura tiene que entretener?

No. Chesterton dice que "divertido es lo que no es aburrido". Al que le gusta levantar pesas, eso le divierte mucho. A mí, no me divertiría nada. Y al que está mirando bacterias por un microscopio, no le divierte, pero le apasiona. Creo que la literatura debe absorber. Entretener en el sentido "qué divertido es esto" o "qué risa me da", pues no. Tiene haber un elemento de esfuerzo.

Un fondo detrás...

Sí, a mí no me entretiene una cosa que no me proponga algo mínimamente inteligente, en mi nivel de inteligencia. El pastel de nata en la cara no me hace reír nada. Me parece una porquería. Sin embargo, durante mucho tiempo ha sido el paradigma de lo divertido.

¿Está escribiendo ahora mismo?

Siempre estoy escribiendo, lo cual no quiere decir que de eso vaya a salir nada. Simplemente, yo escribo.

¿Siempre tiene a mano una libreta?

No, nunca. Solo escribo cuando me siento a escribir. Si, me acuerdo, es que valía. Si no, lo mismo da.

¿Qué le inspira el panorama político actual de España?

Poca cosa. Me parece aburrido, reiterativo... Pero es lo que hay. Y está bien. Hay una representación de muchas tendencias e ideas que ahí están.

He leído que ya no le apetece leer tantas novelas, que prefiere otros géneros. ¿Por qué sí escribirlas?

No tiene nada que ver. Me gustaría escribir otras cosas pero solo me encuentro a mí mismo escribiendo ficción y novela aunque piense que es un género que tiene que renovarse y que, de hecho, ya se ha renovado. Es muy distinta a lo que era cuando yo escribí El caso Savolta. Ahora es esta crónica entre ficción y realidad. Aunque sigue escribiéndose la novela clásica. Hay un momento en la vida en la que la novela deja de aportar lo que aportaba al principio, cuando uno se identifica con los personajes, vive sus emociones y peripecias. Ahora me interesa como trabajo literario. Puedo leer un capítulo y me da igual lo que les pasa a los protagonistas. Me interesa cómo está construida. 

¿Qué está leyendo ahora?

Ensayo, Historia... Me divierte y me estimula mucho por comparar cómo eran otros tiempos. Siempre lo mismo y siempre distinto. Últimamente estaba leyendo Historia del pensamiento. Hay un gran resurgimiento de un pensador insólito, San Pablo.

El libro que le ganó como lector...

Un libro que me fascinó y que cuando he vuelto a leer me ha parecido ilegible fue Las minas del rey Salomón. En su época fue un gran bestseller, el equivalente de Harry Potter. Es un libro de aventuras que leí muchas veces seguidas. 

El que no se molestaría en salvar de un incendio...

Prácticamente, todos. No soy un amante del libro físico y ahora que se pueden comprar y leer en ebook...

¿Prefiere el ebook o el papel?

Las dos cosas. No tengo por qué elegir. Siempre llevo un ebook en el bolsilllo que me ha salvado de muchísimas horas de espera en aeropuertos y salas de espera en el dentista. Y también en casa leo papel.

Su favorito de Cervantes...

El obvio, El Quijote.

Y regalaría por Navidad...

Depende de la persona. Pero, he leído cosas últimamente que me han gustado mucho. Regalaría el de Ruiz Zafón, (El laberinto de los espíritus).


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Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016, en Pamplona: "Cuando comencé no creía ni que me fueran a publicar"