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El mundo mágico de Avatar llena Pamplona de luz, acrobacias y color con el impresionante Circo del Sol

Este miércoles se ha llevado a cabo la primera presentación de las cinco sesiones que se celebrarán todas las noches hasta el domingo.

Espectáculo 'Toruk, el primer vuelo' de Cirque du Soleil en el Pabellón Navarra Arena de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Espectáculo 'Toruk, el primer vuelo' de Cirque du Soleil en el Pabellón Navarra Arena de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY  

Toda persona necesita y merece desconectar durante unos minutos de su mundo, algo que mantenga al espectador alejado del día a día, y que consiguen el cine o el teatro, pero hay cosas que consiguen llevar más allá, a un nuevo mundo durante más de dos horas.

Este miércoles ha tenido lugar en el Navarra Arena la primera representación del espectáculo ‘Toruk, el primer vuelo’ realizado por el Circo del Sol.

Un espectáculo que es pura magia, tanto es así que consigue trasladar al espectador durante poco más de dos horas al mundo de Avatar, película en la que está inspirado.

La compañía circense procedente de Canadá ofrece a un público de todas las edades otra dimensión de ese mundo habitado por seres mágicos de color azul inspirados en una naturaleza ficticia.

Han llevado la experiencia a tal extremo que más de alguno ha tenido que echar mano al asiento para comprobar que seguía en el Navarra Arena.

El espectáculo ha comenzado contando la historia de dos amigos “inseparables” con los que el público ha empatizado, Ralu y Entu, este último debía completar una misión para convertirse en cazador superando las pruebas de controlar el viento, las sobras, las tinieblas y el fuego.

Además de eso, deberá hacer frente a Toluk, el monstruo de las tinieblas que acabó con la vida de sus padres.

El espectáculo incorpora en todo momento elementos acrobáticos como cometas 'indoor' o barras.

Los acróbatas y actores se encargan de dar vida a las fantásticas criaturas del mundo de Pandora y que hablan "Na'vi", un idioma inventado específicamente para la película, pero que los fans más apasionados llegan a entender.

Por el techo del Navarra Arena colgaban numerosos trapecistas que ascendían y descendían a sus anchas por las cuerdas como si de un acto tan involuntario como parpadear se tratase, eso sí, los que no parpadeaban para no perderse nada eran los que estaban sentados en sus butacas.

Colgados desde un tronco simulado, los actores tocaban tambores a la vez que realizaban acrobacias y saltos de altura. Entre las numerosas pruebas que debía pasar el joven Entu para pasar a ser cazador estaban conseguir buscar al monstruo de las pesadillas, Turuk, para vengarse de él por la muerte de sus padres, y obtener cinco objetos sagrados, cinco talismanes de cinco tribus diferentes.

El consuelo de los espectadores durante todas las dificultades a las que se enfrenta el protagonista, es el ‘árbol de las almas’, un árbol mágico que le regala sabios consejos de sus antepasados de la tribu en forma de voces. El árbol desprende unas plantas voladoras en forma de medusa, que brillan que aportan magia al espectáculo.

La jungla, el océano o un volcán son algunas de las paradas de este viaje en el que se adentran los espectadores.

Un viaje que se puede hacer no sólo desde las butacas, sino también a través de los móviles, con una aplicación que notifica cuándo se puede usar para crear una tormenta de luces que sucede en uno de los actos o interactuar con las proyecciones que se hacen sobre el público.

Las previsiones de lo que pasará vienen en todo momento de las visiones del chamán de la tribu.

Uno de los momento apoteósicos llega al final de la primera parte cuando Entu va en busca de la planta sagrada, uno de los talismanes, y, cuando está a punto de cogerlo, decenas de flores mágicas despegan sus mantos dorados y rosas y bailan al son de una cuidada música.

El escenario recoge preciosos y diferentes efectos especiales que hacen que se convierta en lava, en río o en montaña, hasta el punto que una canoa va remando por la cascada y parece tan real que dan ganas de bañarse.

La escenificación da un cambio rotundo cuando el protagonista llega a la tribu de los Agoray, el clan del firmamento nocturno que lo sabe todo sobre las estrellas y la luna.

En ese momento comienza lo mejor del espectáculo en cuanto a música y efectos visuales aunque el cuidado de la música y la iluminación son constantes durante toda la obra.

Los efectos especiales están tan logrados que parecía que el público formase parte de la tribu y luchase con el protagonista por convertiste en cazador.

Como en todas las películas, el malo, en este caso ‘Toruk’, ha hecho gala de su crueldad y ha enviado un volcán en erupción para socorrer el árbol de las almas.

Cuando el espectador del Navarra Arena creía que ya no le podían sorprender más, el árbol de las almas llena de luz el pabellón, todo un lujo para los ojos de los asistentes.

Al son de la música bailan las flores voladoras y una riada de ramas mágicas descienden del cielo, en ese momento es cuando a más de uno se le ha escapado una ‘lagrimilla’.

De repente, las mismas plantas voladoras han comenzado a cobrar luz para anunciar el apoteósico final, una luz que devolvía al espectador a la cruda realidad, una noche de miércoles de invierno en Pamplona.

Pero tranquilos, pasajeros del ‘Toruk, el primer vuelo’, este viaje ha sido de verdad y se volverá a repetir durante los próximos cuatro días en el mismo lugar y a la misma hora, aunque de momento este miércoles daban las 12.00 y el hechizo, como el de Cenicienta, se desvanecía, y tocaba volver del planeta Pandora al de Pamplona, ni mejor ni peor, solo diferente.


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