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Adiós a la txapela navarra: Altuna III confirma el relevo generacional ante Olaizola

Olaizola 14
22 Altuna

El joven amezketarra confirmó su madurez, regaló menos, defendió todo, e hizo que Aimar Olaizola acusara una impotencia creciente.

Olaizola, Altuna y Ezkurdia. Asegarce.
Olaizola, Altuna y Ezkurdia. Asegarce.  

Incontestable triunfo de Jokin Altuna, que entra en el Manomanista por la puerta grande, tras desarbolar a una de sus leyendas, Olaizola II, con victoria inapelable (22-14). La txapela del guipuzcoano confirma el relevo generacional en la pelota.

La transmisión de poderes quedó anunciada en el Labrit en las semifinales dentro del Cuatro y Medio, la distancia mágica del navarro, con triunfo igualmente incontestable de Altuna (22-12), y encontró la confirmación en Bilbao en una final que dominó de principio a fin. Cimentó su triunfo sobre todo en una defensa espartana incansable con la que desarboló a Olaizola II, para apuntillarlo finalmente con su acierto rematador.

Al nuevo txapeldun le bastaron dos tacadas de seis tantos para poner tierra de por medio, ganar en confianza y pasar decididamente al ataque. En cambio, el navarro sufrió más. Logró apenas una tacada de cinco en medio de las dos de su rival, y cuando estaba a punto de igualar a 15 en un tanto en el que tuvo continuamente contra las cuerdas a Altuna, este le sorprendió con un dos paredes que le allanó el camino a la txapela. Solo un tanto más anotó Aimar, y fue por uno de los cinco regalos que le hizo el guipuzcoano, que dominó el electrónico casi siempre y de forma ininterrumpida tras el abrazo a ocho.

Aimar basó su estrategia en el golpe hacia atrás, pero se encontró a un Altuna respondón, que no dejó que le rebasara la pelota. Cortó todo, y lo cortó bien, de sotamano o volea, siempre de aire, con tanto que el navarro perdió la confianza también adelante, especialmente tras cuatro pelotas inapelables al ancho que le adivinó el guipuzcoano.

Atrás no podía, adelante no acertaba, y además regaló hasta nueve pelotas. Cuatro de ellas forzadas si se quiere, pero las demás en ataque. A la diferencia de edad se unió entonces el peso psicológico de la impotencia. Todo lo contrario que a Altuna, que fue a más.

Jokin Altuna ganó su primera txapela con una estrategia meditada. Comenzó aguantando, a la defensiva, madurando el tanto, desgastando a Aimar en el peloteo. El siguiente paso consistió en mover al goizuetarra, llevarle de un lado a otro, castigándole físicamente.

En esta fase le arrebató también el papel de director de cancha, aguantando más y mejor en el cuarto cuadro, sin apenas mover los pies. Solo la mano de la batuta, su izquierda, con la que dirigió la pelota allá donde quiso. Finalizó el amezketarra dando una lección de poderío, la que le llevó directamente del cartón 15 al 22, con apenas el fallo que le permitió cerrar su cuenta al navarro.

Aimar Olaizola, de 38 años, declaró que esta final para él resultaba un regalo. Es mucho más. Agranda el palmarés de uno de los mejores pelotaris de la historia. Con su presencia en la final, engrandeció la pelota y a un pelotari que con apenas 22 años, cuatro de profesional, está llamado a liderar un nuevo ciclo con su carácter ganador, su lucha sin brega, su visión de juego, instinto letal, estilismo, vistosidad y hasta virtuosismo. En fin, se cierra una puerta a la vez que se abre otra. Los tiempos siguen cambiando.

Frontón: Mirabilla de Bilbao. Lleno.
Duración: 65 minutos y 46 segundos.
Tanteador: 2-0, 2-3, 3-3, 4-4, 5-5, 5-7, 6-8, 8-8, 8-14, 13-14, 13-20, 14-20, 14-22.
Saques: 2 Altuna.
Tantos hechos: 9 Olaizola II, 11 Altuna III
Tantos fallados: 9 Olaizola II, 5 Altuna.
Botilleros: Pablo Berasaluze con el navarro, y Ekaitz Saralegi con el guipuzcoano.
Dinero: A la par.


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