COMERCIO LOCAL

Víctor, el pescatero pamplonés que se reinventa ante la adversidad: "Había miedo a trabajar, pero también necesidad"

Aunque ha podido continuar al frente de su negocio, ha tenido que buscar nuevas vías para afrontar las solicitudes de sus clientes en el confinamiento.

Víctor Manuel Fernández Gallego, dueño de la Pescadería Víctor, ubicada en la calle Iturrama. PABLO LASAOSA
Víctor Manuel Fernández Gallego, dueño de la Pescadería Víctor, ubicada en la calle Iturrama. PABLO LASAOSA

Aunque durante los primeros meses del estado de alarma, muchos comercios tuvieron que bajar sus persianas, los de alimentación continuaron ofreciendo sus productos como un servicio de primera necesidad. Sin embargo, eso no significa que, para ellos, todo siguiera igual. Esta crisis sanitaria, como todas las crisis, ha obligado a muchos de ellos a tener que reinventarse.

De eso sabe bastante Víctor Manuel Fernández Gallego, que regenta una pescadería en el número 13 de la calle Iturrama. Pamplonés de 49 años, aunque de padres gallegos, lleva 36 años en el oficio, 17 como pescatero propio. Hace dos años, dio un salto desde un pequeño local ubicado en la calle Pedro I, sin salir del barrio pero con una aspiración, la de reinventarse.

En su nueva pescadería, creó una sala de elaboración de productos, en la que inventó la txistomar, con ese anhelo de no habituarse a la zona de confort, el apego a la comodidad tan denostado y odiado por por los gurús de la motivación laboral para emprendedores.

Ahora, con la irrupción del coronavirus y las consecuencias que ha generado en el comercio debido al confinamiento y al miedo a los contagios, también ha debido buscar un nuevo giro para su negocio, pese a que, como él dice, ha sido afortunado, puesto que las ventas se incrementaron enormemente en las primeras semanas.

¿Cómo ha sido el trabajo en la pescadería durante esos meses de estado de alarma?

"Los hemos vivido con sorpresa y, sobre todo, con expectación, porque no sabíamos qué iba a pasar. Desde el gremio de pescateros y desde Sanidad nos mandaban fórmulas para atender a los clientes y estar un poco dentro de la normativa del coronavirus: guardar las distancia y tener los jabones, las mascarillas y demás. Eran consejos, porque nunca te aclaraban muy bien qué es lo que tenías que hacer. Había miedo en trabajar, pero también necesidad, porque llevamos dos años en el local, después de una gran inversión, y tenemos a dos trabajadores, por lo que, si te planteas que tienes que bajar la persiana, a ver cómo haces para pagar los gastos, la letra, las nóminas... Te dicen que hay ayudas, pero después hablas con la gente y te comentan que esas ayudas no llegan o no se sabe cómo. Ha habido también mucha incertidumbre".

Las colas en los comercios de alimentación han sido muy impactantes.

"Al principio, trabajamos más de lo acostumbrado, porque la gente tenía mucho miedo y venía en tropel. Como, por las dimensiones del local, solo podían estar dos personas dentro, sí que se formaban colas muy largas fuera, de hasta diez personas esperando. Eso es algo que nos preocupaba. Así que, al final, nos tuvimos que reconvertir, como todo el mundo. Empezamos a trabajar con pedido online, llevándolos a los domicilios de los clientes. No estábamos preparados ni contábamos con la infraestructura para hacerlo, pero no quedaba otra. Hay que reinventarse, aunque seas un local pequeño. Y ha funcionado. Ahora, parece que todo está volviendo a su ser y ya no se dan esos pedidos de tanto dinero, como al inicio de la crisis, en que todo el mundo quería hacer acopio. La gente sigue teniendo miedo, sobre todo las personas mayores. Y te agradecían muchísimo que les llevaras el pedido a casa, porque les parecía como si les estuvieras salvando la vida".

Una clienta pide pescado en el local de Víctor Fernández en la calle Iturrama. PABLO LASAOSA

¿Cómo ha sido el proceso para poder vender pescado a través de internet?

"Yo tenía una aplicación, la app de Víctor Pescados, en la cual podías entrar y hacer un pedido. De ahí, hemos pasado a tener ya la posibilidad de compra online dentro de la página web, como en las grandes superficies. Te metes, ves el producto, clicas encima, tienes las porciones para comprar, el precio… Es otra manera de potenciar el negocio. Siempre lo veía para grandes tiendas o para la venta al por mayor, pero, aunque empezamos con esto debido a la crisis del coronavirus, lo vamos a dejar, para que se quede ya con nosotros".

¿Se adaptará a este tipo de compra las personas mayores?

"No te puedes imaginar la manera de amoldarse de la gente mayor. Con el miedo de la persona de 60-70-80 años que quiere que le dejes el pescado en la puerta y no abre la puerta hasta que te has marchado, siempre me preguntaba cómo les iba a cobrar. Y de repente hay muchos que me dicen que me pagan por Bizum. Tú vas pensando que los mayores no tienen ni idea de estas cosas, y resulta que te lo dicen con toda la naturalidad del mundo. A mí me cuesta trabajar por internet, porque no he nacido en esta época tecnológica, y ves a personas de 70 años que se han amoldado con una rapidez increíble. Sobre todo, te das cuenta de que quieren aprender para valerse por ellos mismos".

¿Se ha desarrollado mucho esa parte nueva del negocio?

"Logísticamente, aceptamos los pedidos que podíamos soportar, entre 25-30 al día. Era a lo que podíamos aspirar. Lo hacíamos todos nosotros y nunca valoramos el contratar a nadie más. Tampoco queríamos crecer demasiado en este sentido, porque nosotros siempre nos hemos preocupado por dar un buen servicio y, aunque la gente compraba mucho por esas ansias de hacer acopio de alimentos, no queríamos perder la calidad".

Se ha potenciado mucho durante estos meses la compra online.

"No solo eso, sino que también demuestra la solidaridad entre los comerciantes. Porque nosotros, por ejemplo, tenemos una especial relación con un carnicero amigo mío, por si necesitamos algo el uno del otro para los clientes. Entonces, nos llamábamos y nos decíamos ¿te puede hacer la compra un cliente mío y después yo me paso a por ella y se la llevo? Pues sí. Y así hemos estado trabajando entre una carnicería, una verdulería y nosotros. El cliente hacía el pedido a uno y el otro era el que lo llevaba. Para complementar y que no le faltase de nada".

Dos trabajadoras en la pescadería de Víctor Fernández, ubicada en la calle Iturrama de Pamplona. PABLO LASAOSA

Y el trato con los proveedores, ¿ha variado a causa del estado de alarma?

"Problemas de abastecimiento, en un principio no había por carencia de productos. Ahora, si, de normal, un proveedor está acostumbrado a vender un tanto por ciento y, de repente, al día siguiente le estás pidiendo más pescado, y no solo tú, sino los 200 pescateros que hay en Navarra, al final te va a decir que se le ha acabado, que no tiene más, que quizá mañana o pasado mañana habrá más. Ese fue el problema durante las primeras semanas, porque todos queríamos un 30% o un 40% más de pescado que el que comprabas de normal, y no había tanto. Porque, al final, es sabido que ahora con estocaje ya no trabaja nadie, sino que ahora se trabaja sobre pedido".

¿Tanta diferencia había en los pedidos?

"Nuestro ticket medio de caja puede ser de 12-14-15 euros, o igual hasta 20, dependiendo del tipo de cliente. El fin de semana, esa media sube a 25-30 en un ticket normal, e incluso hasta 50 euros, pero es que durante las primeras semanas tuvimos tickets de 150 y 250 euros. Solo en ventas de Navidades, cuando se compran los pescados para las cenas o comidas importantes para 8-10-12 personas se llega a esas cantidades. Pero aquí entraba el deseo del acopio, del miedo que había realmente a quedarse sin nada".

¿Ha afectado negativamente al negocio la crisis del coronavirus?

"Pues sí, porque nosotros tenemos una sala de elaboración en frío, ya que hacemos hamburguesas de pescado, rellenos de merluza, fritos, hemos patentado la txistomar, que es una especie de salchicha fresca de pescado. Pero todo eso, no por obligación, sino por coherencia, lo hemos cortado. Todas las elaboraciones que hacíamos las hemos parado, porque ese pescado acaba estando mucho más expuesto, ya que hay que picarlo, adobarlo, embutirlo… Y si hay tanto peligro y no sabes si puedes estar contagiado o no, mejor dejarlo aparte. Deja de ser una fuente de ingreso, porque, al final, es algo que estabas haciendo, para lo que te habías preparado y en lo que habías invertido un dinero, pero lo cortas directamente por miedo, por coherencia y por seguridad sanitaria".

¿Volverán pronto esos productos?

"Espero que, para verano o finales de junio y principios de julio, podamos intentar hacerlos de nuevo. Es un poco frustrante que, después de tanto esfuerzo, de ideas, de darle vueltas a la cabeza y de ver un producto nuevo que no lo conoce nadie, que lo has inventado y patentado, y que tiene mucha aceptación, no puedas llevarlo a cabo. Hay mucha gente que nos pregunta por los productos elaborados, pero entienden que no los hagamos por el tema sanitario".

El estado de alarma no ha sido para la pescadería un golpe duro, como sí lo ha sido para los comercios que no se dedican a la alimentación.

"Nosotros, en especial, mi sector, somos unos afortunados. Habrá gente que lo haya pasado mejor o peor, o habrá gente, quizá pescateros a los que les queden cinco o seis años para jubilarse, que no se habrán podido reinventar, pero ha habido pescateros que ha sido una bestialidad lo que han podido trabajar. Está claro que nuestro sector, y, por lo que he hablado con verduleros, carniceros y fruteros, también, ha sido un privilegiado en esta crisis".

Víctor Fernández posa para una fotografía junto a la entrada de su pescadería. PABLO LASAOSA

Habrá venido bien este empuje.

"Sin duda, el comercio minoritario estaba muy, pero que muy castigado. Me acuerdo que, cuando quise hacer la inversión para cambiar de local hace dos años, iba al banco y me miraban raro; me decían 'pero dónde te vas a meter, si eres un granito en una playa de arena'. Pero acababas comprando tu propio puesto de trabajo, para el día de mañana poder retirarte y tener una jubilación decente. Había que hacerlo. Y menos mal que hemos podido ser afortunados de seguir trabajando y no tener que poner a los trabajadores en un ERTE. Porque cuando estás tú solo, eres tú y puede estar a verlas venir, pero, cuando tienes gente a tu cargo, son familias que tienen que comer, que tienen su hipoteca, que tienen sus propios problemas... Esto no es una fábrica con 5.000 personas, que tú eres un número y no pasa nada. En el comercio minoritario, son personas que trabajan contigo y acaban siendo casi como de la familia. Pasas muchas noches de incertidumbre pensando en qué pasaría".

Y el cliente, también agradecería vuestra labor durante el estado de alarma.

"Se habla mucho de que si hay gente que son héroes. Yo creo que todas esas personas no quieren ser héroes, sino dar un buen servicio, seguir para adelante y despertarse un día y decir que todo esto ha sido un sueño y que ya está, que no ha pasado nada. Pero nos va a costar".


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Víctor, el pescatero pamplonés que se reinventa ante la adversidad: "Había miedo a trabajar, pero también necesidad"