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Una vida entre hilos y puntadas: la singular tienda que lucha por mantener viva la costura en Pamplona

La tienda 'Máquinas de coser Conchi', situada en el número 18 de la calle San Saturnino, es una de las últimas que queda en Navarra dedicada exclusivamente a la venta y reparación de máquinas.

Conchi Berta Simón, propietaria de la tienda 'Maquinas de coser Conchi' situada en la calle San Saturnino número 18. MIGUEL OSÉS
Conchi Berta Simón, propietaria de la tienda 'Maquinas de coser Conchi' situada en la calle San Saturnino número 18. MIGUEL OSÉS  

Hay oficios y comercios a los que las tecnologías o los diferentes avances han acabado llevándose a su paso, sin embargo, hay otros que a pesar de ser igual de antiguos y tradicionales siguen luchando por sobrevivir aferrándose a lo más valioso, aquello que distingue al pequeño comercio, su "trato personal".

Esta es la historia de Conchi Borja Simón, de 52 años, la dueña de una de las últimas tiendas de máquinas de coser que queda en nuestra Comunidad.  Su tienda, 'Máquinas de coser Conchi', está situada en el número 18 de la calle San Saturnino, en el corazón de Pamplona. Ella es consciente de que es una tienda "un poco especial".

Esta apasionada de la costura comenzó en el sector como empleada de una tienda situada en la calle Estafeta a la que cogió el relevo. “Yo estuve trabajando con el que era mi jefe, teníamos la tienda en Estafeta, estuve allí diez años. Después él se jubiló y yo decidí quedarme con el negocio y trasladarlo a San Saturnino porque así los clientes podían venir con el coche hasta la puerta a traerme las maquinas ya que algunas de ellas son bastante pesadas", explica Borja.

LOCAL PERO INTERNACIONAL

"Creo que soy la única en toda Navarra que tenga una tienda de máquinas de coser, que no sea una franquicia, por lo que vendemos, reparamos, y enseñamos de todas las marcas. Tengo clientes de todas las partes de la Comunidad pero también de fuera de Navarra, por ello es importante la ubicación en el centro de la capital navarra por el turismo”.

La tienda ‘Máquinas de coser Conchi’, situada en el número 18 de la calle San Saturnino. MIGUEL OSÉS

"Cuando la gente ve las marcas que llevo, algunas de ellas extranjeras, se sorprenden. Me ha pasado que unos alemanes vinieron y me dijeron que tenía muchas cosas difíciles de encontrar allí o una mujer que emigró de Suiza y me trajo las máquinas para arreglar".

"Encuentran un sitio en el que aunque traigan máquinas de Estados Unidos, las puedo arreglar o aconsejarles, tenemos un comercio más amplio de lo que la gente se imagina", cuenta.

"El trato de persona a persona, que le puedas aconsejar según la necesidad de la persona y darles varias  opciones para que pueda elegir según sus necesidades. Les pregunto qué uso van a hacer de la máquina, si es para ellos o lo van a usar mas gente porque según esas cosas, deben comprar un producto u otro".

HISTORIA DE CONCHI

La vida de Conchi no se entiende sin los hilos y las máquinas de coser. “Cuando iba a casa de mi abuela, ella tenía una máquina antigua e iba a hurtadillas a darle a los pedales de la máquina con las manos, porque no llegaba con los pies si me sentaba. Mi abuela me reñía porque si se iba el volante para atrás había que llamar al mecánico ya que se podía atascar y bloquear pero yo lo seguía haciendo", explica la costurera.

La tienda ‘Máquinas de coser Conchi’, situada en el número 18 de la calle San Saturnino. MIGUEL OSÉS

"Un poco más tarde empecé pidiendo trozos de tela para hacer ropa a las muñecas, iba cosiendo y recortando sobre la misma muñeca, por entonces no sabía ni lo que eran los patrones, para después para hacer patrones, les cosía pespuntes y tubos para ponerle mangas. les cosía a mano los pespuntes y hacia tubos para encajar las mangas".

"Empecé a manejar la máquina de mi abuela con mi tía y más adelante mi madre me compró una  máquina semiindustrial con la que pude realizar mis estudios de patronaje industrial después de terminar los estudios del instituto". 

Cuando ella tuvo que decidir qué estudiaba, tuvo claro que quería hacer Patronaje industrial. “Es un mundo que lo vivimos y lo llevamos muy dentro", explica Borja.

Además, esta experta de las costuras, tuvo uno de los trabajos "más emocionantes" que puede haber en este mundo, fue sastra en el teatro y estuvo confeccionando la ropa para los actores de diferentes obras

"Es un mundo muy bonito pero intenso, uno de los sitios dónde he vivido más emociones juntas, fue una experiencia muy bonita", cuenta.

REPARACIÓN Y TALLERES

Además de vender máquinas, Conchi lleva también en su negocio, servicio de taller de reparación porque su mayor recompensa es "ver la cara de la gente cuando les dices que se puede arreglar. A veces no puedes solucionarlo pero si lo haces la gente se lleva mucha alegría".

"Tengo tantos clientes por la satisfacción del servicio porque saben que es un sitio en el que la gente puede confiar. Cuando ven que te manejas con las máquinas y saben que puedo ayudarles con la confección porque también soy patronista, me vienen a hacer numerosas consultas. Además de reparar máquinas, la tienda de Conchi también es una pequeña escuela de consultas", cuenta.

"No enseño confección por tiempo y porque ya hay otras personas que se dedican en exclusiva a ello. Si que tengo un corcho de anuncios para indicar cualquier necesidad de nuestro cliente porque me gusta que los clientes se  sientan especiales".

"Enseñamos el manejo de las máquinas, de forma gratuita si me lo compran a mí y sino es así, se cobra la clase. Además, creas un vínculo de amistad con la gente porque las clases son individuales".

LAS NUEVAS GENERACIONES EN LA COSTURA 

A pesar de que estamos en una época en la que la gente se rige por el 'fast-fashion', Conchi reconoce que "es mentira que las nuevas generaciones pasen de coser, siempre desconfiamos de las generaciones venideras, yo entiendo que este mundo no es tan apasionante para todos como para mí pero yo lo vivo y lo transmito de esa manera, por lo que he conseguido enganchar a gente joven a la costura".

La tienda ‘Máquinas de coser Conchi’, situada en el número 18 de la calle San Saturnino. MIGUEL OSÉS

“Una cosa que me sorprende mucho es que las bordadoras se las llevan chicos jóvenes porque es como un juguete, se realizan bordados con programas de ordenador, tu seleccionas una foto y eso lo pasas a picadas, para meterlo con un pen-drive en la máquina, hay algunos programas sencillos y otros más profesionales, es bastante adictivo", relata.

El problema de la costura es que no es como 'Masterchef', la gente ve el programa y eso le anima a cocinar pero la costura es diferente, la gente no ve 'Maestros de la costura' y por eso cose más, el que quiere lo hace, el que no, no, pero no influye tanto porque es algo que requiere tiempo pero cuando ves el resultado y cuando te dicen que es bonito y que donde te lo has comprado, te enorgulleces de ser la creadora".

AGRADECIMIENTO DE LA GENTE

Gente a la que he enseñado a coser me ha traído después bordados para darte las gracias y eso es muy bonito. Un chico me dedicó el bordado del escudo de Pamplona en el que escribió 'con cariño y simpatía para mía amiga Conchi. Gracias por todo, te mereces todo lo que nos has dado”, recuerda.

"Este chico cuando vino estaba aprendiendo a coser  y encontró en mí una persona que le ha asesorado para realizar las diferentes labores, y poder llegar a sus objetivos".

"Es maravilloso encontrar emprendedores con tanta ilusión y sentir que les estás ayudando a conseguir sus objetivos es muy grato a una persona tiene una ilusión no hay que quitársela, sino animarle a que siga. Ahora hace capotes y muletas para el mundo del toro pero espero que llegue el día en el que se le reconozca por sus trajes de torero".

RECOGIDA DE FIRMAS

La tienda 'Máquinas de coser Conchi' no siempre ha pasado por buenos momentos, en el año 2016, esta comerciante tuvo que recoger firmas para que no cerrasen su tienda, en concreto contra el plan de amabilización llevado a cabo por el Ayuntamiento de Pamplona. Los problemas de accesibilidad eran uno de los principales motivos por los que Conchi había cambiado la ubicación de su negocio.

"Me llegaron a decir que los comercios teníamos que hacer una venta sostenible y es vender online para que no venga como dijeron ellos gente de fuera a su barrio, pero si hiciese eso no seguiría pagando el local ni los impuestos, lo haría desde mi casa", ha expresado.

"En ese caso, la gente no tendría la tienda abierta, llegará el día si siguen así en el que tengamos las persianas de todas las tiendas cerradas y habrá que comprar el pan online", denuncia la comerciante.

La tienda ‘Máquinas de coser Conchi’, situada en el número 18 de la calle San Saturnino. MIGUEL OSÉS


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