Colaboradores

Desde antes de que fuera elegido candidato por UPN al Ayuntamiento de Tudela, y de eso hace ya nueve meses, comencé como vecino a estudiar, analizar y trabajar las necesidades reales de Tudela y la Ribera. 

 No es que no esté bien que la gente se quiera –y mucho menos que se enamore- en esta época de año. Pero la Navidad, creo, va de algo diferente a ese sentimiento.

“Uno nunca puede estar seguro de lo que debe hacer y jamás tendrá la certeza de haber hecho lo correcto”.  Esto decía, entre otras muchas perlas, Zygmunt Bauman, sociólogo polaco que falleció el año pasado y al que, como a casi todo, he llegado tarde.

Recientemente, en el Museo Universidad de Navarra, se representó la obra teatral ‘Azaña, una pasión española’, en la que se muestra al que fuera ministro de la Guerra, presidente del Consejo de Ministros y presidente de la II República como un hombre probo, amante de la paz, de la libertad y de la independencia, y como un defensor de los derechos del pueblo.

La Constitución española de 1978 ha cumplido con creces los deseos de convivencia que, con su aprobación hace ahora 40 años, los españoles depositaron en ella con mayoría apabullante. Fue apoyada por el 91,81 % de los votos válidos emitidos. 

Por qué acudir el 15 de diciembre a las 12.00 a la plaza de la Insumisión a decirle al Gobierno de Navarra que no, que no puede imponer su doctrina.

A poco que pongas la oreja y los ojos te encuentras siempre, incluso aunque no quieras ni ver ni escuchar, con nacionalistas vascos, esa plaga bíblica de lemmings con slogan en bucle y martillo neumático, dando la matraca sin parar.